Perfil

Un pie en cada orilla

En 1966 Manolo creó con Alain Milhaud el grupo «Los Bravos», para los que escribió algunos de sus grandes éxitos. Con el grupo «Aguaviva» produjo tres álbumes con canciones de poemas de Rafael Alberti, Federico García Lorca, Blas de Otero y León Felipe. En 1977 fue nombrado director internacional de la discográfica CBS; un año después se va a París como director artístico europeo de CBS, desde donde planifica el marketing de artistas como Nina Hagen o Julio Iglesias. Su mujer, Rose McVeight, es americana descendiente de irlandeses. Sus tres hijos han seguido el ejemplo del padre y también viven repartidos por el mundo. Vanesa le ha hecho orgulloso abuelo de una niña llamada Emily que le tiene completamente loco.

Luanco,

María José IGLESIAS

Manolo Díaz (Oviedo, 1941) ha sido cantante, compositor, productor y uno de los personajes más importantes en el desarrollo de la música pop. Ha presidido CBS, Universal, Emi y los Grammy Latinos. Ahora prepara un proyecto de música digital, para promocionar a artistas que aún no han alcanzado el éxito. No ha sido su caso. Díaz, un «rey Midas» del pentagrama, se mantiene fiel al veraneo en Luanco.

-Describa un día perfecto en Luanco.

-Lo que más me gusta de Luanco es subir por La Vaca, y caminar kilómetros, campo a través. Luego me baño en el agua fría del Cantábrico. Me encanta la naturaleza asturiana, la comida... todo. Cuando llegó del calor espantoso de Miami me siento en la gloria.

-¿Su plato favorito?

-Les fabes... pero me sientan mejor con almejas que la fabada con morcilla y chorizo. Me vuelve loco el bonito en todas sus variedades. Tampoco me obsesiono con ir a los restaurantes de moda.

-Vamos, que no reservaría con un año de antelación para comer en un tres estrellas Michelín.

-Oh, no. Tampoco haría cientos de kilómetros. Me gusta comer las cosas de temporada. Frutas, verduras... Es lo que pide el cuerpo.

-La tecnología ya ha acabado con los discos compactos, que eran lo más...

-Es ley de vida. El siglo XX se ha ido. El hábito de comprar discos está en decadencia.

-Salvo fenómenos como la muerte de Jackson...

-Cosas así reactivan las ventas. A la gente le apetece tener el disco del artista con la portada, las letras. Los niños que tienen 10 y 11 años apenas han conocido los compactos. Estamos en una transición del formato físico como el CD al digital en el que la gente tiende a bajarse canciones. Es una cultura de canción. Cada uno hace sus propias recopilaciones. Eso tiene mucho atractivo, es más barato.

-Conoció a Jackson, ¿cómo era en el trato?

-Siempre fue raro, tímido. No hablaba mucho. Como artista y bailarín era extraordinario. Se le complicaron las cosas y se convirtió en un ser muy esquizofrénico. Sus canciones siguen vigentes, no han quedado antiguas y eso no es fácil.

-La industria no quiere ver la realidad...

-La industria sigue anclada en sus rutinas. A la vez busca desesperadamente su modo de acoplarse a lo nuevo. Lo hace con cierta torpeza. El ser humano es víctima de sus rutinas. No es fácil.

-¿La música siempre será negocio?

-La música está más de moda que nunca. Las compañías deben quitarse la obsesión por grabar canciones y ser empresas de servicios para los artistas. Ahora piden al artista un porcentaje de sus conciertos, cuando ellos no hacen nada por conseguirlos. Emi lo está probando. Me parece un campo interesante por explorar.

-¿Habría participado en «Operación triunfo»?

-No... ¡hubiese perdido!

-¿Tan seguro está?

-Claro que sí. Lo mismo les habría pasado a Serrat y Sabina. Son concursos para cantantes de orquesta con gran técnica vocal. Nosotros éramos algo más imperfectamente completos. La temática era innovadora. Nino Bravo nunca compuso una canción. Julio Iglesias más que compositor es «componedor», pone las cosas juntas de forma que al público le gusten.

-Una generación dorada.

-Fue un salto generacional. En España vivíamos en una dictadura, éramos una sociedad carca. Aquella España de negro, conservadora, disciplinada, bajo presión militar. Faltaba la inyeccion internacional, ser más transgresores. Lo nuestro, sin ser protesta, rozaba con esa libertad que no teníamos.

-Más Woodstock y menos Concha Piquer...

-Claro. Era emocionante, complicado, pero fue un privilegio contribuir a esa ruptura. La música creó opinión. Fue eficaz como elementos de concienciación.

-Salve una canción suya.

-Tengo varios «babys» que me gustan mucho. «Sierras y valles», dedicada a Asturias, apenas sonó. La escribí en 1969 en Madrid.

-¿Cómo viven los cubanos de Miami la apertura de los viajes a la isla?

-Algunas cosas están cambiando. Pero Obama tiene una tarea inmensa. Ha heredado un pastelón muy complicado. El error es abrir demasiados frentes al mismo tiempo, pero es tal el desastre que le dejó Bush que tiene que hacer muchas cosas y muy rápido.

-Tiene un hijo cineasta, ¿ha heredado su vena artística?

-Mi hijo Rodrigo es un poeta. Un creador. Estará en el Festival de Gijón. En el cine se siente la crisis. El capital para financiar aventuras ya no fluye como antes.

-¿Nota más la crisis en Miami que en Asturias?

-A la gente en Asturias la noto un poco más parca en el gasto. Luanco está animado pero la gente consume menos. En las cartas se miran más los números que las letras. En Estados Unidos la crisis es más dura porque hay más empresarios y menos empleados.

-Se ha empeñado en ayudar a los artistas que no logran triunfar, aun teniendo cualidades.

-Muchos no triunfan porque no se les da la oportunidad. Quiero divulgar ese proyecto a través de la red para colgarlo en las tiendas digitales, en todo el mundo.

-¿Apoyará a cantantes asturianos?

-En Asturias hay muchos y buenos artistas. Lo que no hay son compañías que les ayuden. Es un momento muy curioso, podríamos generar cierta riqueza.

«Como Serrat o Sabina, en "Operación triunfo" habría perdido. Son concursos para cantantes de orquesta»