Los verdugos del preso 3.438
La familia de Víctor Cueto, naveto de Ceceda, logra procesar a tres nazis que lo esclavizaron en Mauthausen
Oviedo, P. G.
«Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras». Así rezaba el texto de la gran pancarta, escrita en español, con la que los supervivientes de Mauthausen recibieron a los dos tanques «Sherman» de la 11.º División Acorazada del Ejército de los Estados Unidos que el 5 de mayo de 1945 liberó el campo de concentración donde fueron exterminadas unas 120.000 personas, entre ellas, varios miles de españoles. Entre los supervivientes de este campo austriaco se encontraba el preso 3.438, matrícula que designaba a Víctor Cueto, un asturiano natural de Ceceda (Nava), fallecido en los años noventa.
Otro de los asturianos que pasó por Mauthausen fue Manuel Fernández Canga. Este mierense fue uno de los pacientes de Albert Heim, el «doctor Muerte», médico de Mauthausen durante siete semanas a finales del 1941 en las que dejó su sello: ejecuciones de presos mediante inyecciones de gasolina y cloruro de magnesio en el corazón. La hija de Cueto y otros supervientes españoles de los campos de Mauthausen, Sachsenhausen y Flossenbürg, entre ellos el asturiano David Moyano, natural de Ujo, presentaron recientemente una demanda contra varios guardias de la SS de los campos.
Esta semana la Audiencia Nacional ha solicitado a los Estados Unidos la extradición de tres miembros del Batallón de la Calavera de la SS por, entre otros, crímenes contra la Humanidad. La petición del juez Ismael Moreno se dirige contra Johann Leprich, Anton Tittjung y Josias Kumpf por participar en el exterminio de unos 4.300 españoles. Ninguno de los había nacido en Alemania, pero pudieron entrar en la SS al ser considerados por el III Reich como «volksdeutscher» (alemán étnico). Leprich (Brik, Rumanía, 1925) comenzó su servicio como guardia armado en Mauthausen a finales de 1943. Al término de la guerra fue capturado por soldados norteamericanos y puesto en libertad un año después.
En 1952 consiguió un visado para viajar a los Estados Unidos asegurando que durante la contienda había pertenecido al Ejército húngaro. No fue hasta 1987 cuando las autoridades norteamericanas iniciaron las gestiones para retirarle la nacionalidad que le había sido concedida. Huyó a Canadá, pero fue detenido en su casa de Michigan (EE UU) cuando hacía una visita a su esposa. Fue encontrado en una habitación secreta de su residencia. La historia de Anton Tittjung (Erdud, actual Croacia, 1924) no es muy distinta. Entre sus funciones estaba la de vigilar a los presos que trabajan en la cantera de granito de Mauthausen y que debían subir y bajar los casi 190 escalones de la escalera que separaba el campo y la cantera hasta 27 veces al día con piedras entre 50 y 80 kilos.
El tercero de los verdugos nazis reclamado por la justicia española, Josias Kumpf, nació en Nova Pasova (Yugoslavia) en 1925. Su historial comienza en el campo de concentración de Sachsenhausen, de donde pasa al polaco de Majdanek. «Me contaron que metían a la gente dentro [de la cámara de gas] y que ahí terminaba todo. No salían de ahí. Eso es lo que me contaron», se justificaba uno de los verdugos de españoles.
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