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¿Qué pasó el 17 de octubre de 1934?

El «orfeón» de las Adoratrices

n Una cruel y dura represión cayó contra los revolucionarios encarcelados l Al anochecer de este día, una columna formada por fuerzas del Tercio y de los Regulares, a las órdenes del teniente coronel Yagüe, consigue recuperar la fábrica de Trubia.

l La columna que dirige el coronel Solchaga ocupa Noreña, cerrando el cerco sobre la cuenca minera. Además, las tropas sostienen, en la localidad de El Berrón, un intenso tiroteo con un grupo de revolucionarios.

El «orfeón» de las Adoratrices

El «orfeón» de las Adoratrices

Javier Rodríguez Muñoz Aproximación a la Revolución de Octubre de 1934

El día 28 de octubre de 1934, en el patio de la Comisaría de Vigilancia, en Oviedo, el periodista Luis Sirval cayó acribillado, al parecer, por los disparos que contra él hicieron el teniente del Tercio Dimitri Ivan Ivanof, de origen búlgaro, y los también tenientes Pando y Florit. Luis Sirval, firma periodística de Luis Higón Rosell, fue uno de los muchos enviados especiales que se trasladaron a Asturias a recoger sobre el terreno información de lo ocurrido. Había publicado hasta entonces dos reportajes «relativamente inocuos», según escribió Ricardo de la Cierva, «pero que no eran precisamente un elogio al Ejército». Cuando lo detuvieron en la noche del 26 de octubre, llevaba consigo un artículo titulado «Los tres legionarios», en el que se ocupaba del asesinato de la joven Aida Lafuente en San Pedro de los Arcos, de la que responsabilizaba a un teniente del Tercio.

El caso de Luis Sirval fue ampliamente denunciado, lo que no impidió que, mientras tanto, se estuviera llevando a cabo sobre los revolucionarios presos una cruel y dura represión policial, dirigida por el comandante de la Guardia Civil Lisardo Doval, nombrado comisario especial de Orden Público. No es ahora un asunto de muertes irregulares, sino de métodos, pues el citado comandante actuó durante semanas con total impunidad y con un sistemático desprecio a las personas y a los derechos de los mismos, por muy revolucionarios que hubieran sido. Las brutalidades cometidas fueron de tal calibre que el director general de Seguridad envió a Oviedo a un inspector a informarse de lo que ocurría y fue expulsado violentamente por el citado comandante. En aquellas semanas, el convento de las Adoratrices, convertido en uno de los centros en los que se realizaban las brutales prácticas indagatorias, fue llamado el «orfeón», porque allí todos «cantaban». El propio Gobierno, ante las evidencias y denuncias, tuvo que destituir al comandante Doval del cargo de Comisario Especial de Orden Público, el 7 de diciembre de 1934.

El «orfeón» de las Adoratrices

El «orfeón» de las Adoratrices

Pero no fue sólo la actuación represiva tras la Revolución. Buena parte de la operación planteada para solucionar el conflicto presenta ciertas actuaciones controvertidas. La actuación del Ejército en Asturias traspasó en múltiples ocasiones las barreras de lo que una intervención firme y decidida se debía de haber permitido. Ni en una guerra vale todo, ni mucho menos en el sofocamiento de una rebelión, por muy disparatada e injustificada que estuviera, protagonizada por un sector de la propia sociedad. Y en Asturias se bombardeó a la población civil, como si de un país enemigo se tratase. El general López Ochoa puso al frente de su columna a prisioneros que había tomado en su avance hacia Oviedo, unos revolucionarios y otros de vinculación muy dudosa con el movimiento. El dirigente socialista Bonifacio Martín resultó muerto en esas circunstancias. Y la actuación de las fuerzas del Tercio y de los Regulares, en especial, en las operaciones de dominación de los alrededores de Oviedo, son inaceptables desde todo punto de vista, pues a manos suyas cayeron muertos no sólo los revolucionarios combatientes, sino gente que no había empuñado las armas. El enterrador del cementerio de San Salvador de Oviedo y un hijo del conserje del mismo, que estaban dando tierra a los muertos producidos en los combates, fueron asesinados por los Regulares cuando llegaron hasta el cementerio en la operación de «limpieza» del sector sur de Oviedo. Y ello, por no mencionar actuaciones más escalofriantes como las que tuvieron por escenario el lugar de Villafría, en similar operación, o la posterior matanza de Carbayín, una vez sofocada la Revolución. En nombre de la ley y el orden no se pueden cometer algunas de las tropelías a que dio lugar la dominación de la Revolución en Asturias.

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