21 de enero de 2010
21.01.2010
40 Años
40 Años
 
El debate sobre los espacios públicos sin humos
El frente sanitario

Fumar también puede perjudicar al negocio

Veinte organizaciones médicas rechazan que prohibir el tabaco resulte negativo para la hostelería - Un estudio revela que bares y restaurantes ganaron ingresos en los países más restrictivos - «Cuanto menos se fume en los espacios públicos, mejor», afirma el consejero de Salud

20.01.2010 | 01:00
José Abel del Soto vacía el cenicero que tiene colocado a la puerta de su bar.

Oviedo, Marta PÉREZ /
E. G. / M. S. M.
Oviedo,
M. PÉREZ
La Federación Española de Hostelería predijo en 2005 una pérdida de 23.000 empleos por la implantación de la actual ley del tabaco. El tiempo parece haber quitado la razón a los hosteleros y dársela al Ministerio de Sanidad. No sólo no se produjo tal hecatombe, sino que el sector registró un incremento de 100.000 trabajadores en los años 2006 y 2007. Éste es uno de los argumentos que maneja ahora el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), integrado por más de una veintena de asociaciones de profesionales sanitarios y de la medicina, en su estudio sobre el impacto económico de la regulación del consumo de tabaco en hostelería y que concluye que «los espacios sin humo ayudan a la economía y no perjudican a la hostelería».

El informe se basa en las experiencias de los once países de la Unión Europea que ya prohíben fumar en todos los espacios públicos. La ley británica entró en vigor en 2008 con la amenaza de cierre del diez por ciento de los bares. En octubre de ese año la apertura de locales de ocio se había incrementado entre un 6 y un 14 por ciento. Además, un 20 por ciento de los británicos no fumadores comenzó a frecuentar más asiduamente los clubes nocturnos. En Irlanda, los beneficios de los bares subieron un 2,3 por ciento durante los primeros meses de implantación de la ley. En Italia, una encuesta nacional observó que el 9,6 por ciento de la población acudía con más frecuencia a los bares. En Francia se prohibió fumar en los bares en enero de 2008, en plena crisis económica. Sólo un mes después, los ingresos de los bares habían aumentado un 0,2 por ciento y los de los restaurantes un 3 por ciento.

Así, suma y sigue el Comité Nacional para la Prevención Nacional del Tabaquismo en su estudio. El representante en Asturias del colectivo, José Manuel Iglesias San Martín, respondió ayer a las predicciones de Hostelería de Asturias que vaticina el cierre de casi 2.500 bares en la región. «No somos pioneros en nada. En otros países no ha habido problemas. Nosotros realizamos el año pasado una encuesta en la que el 60 por ciento de los asturianos se mostraba a favor de que no se permitiese fumar en lugares públicos». Iglesias asegura: «El porcentaje más alto de la población es no fumadora» y, por lo tanto, «los bares tienen en este colectivo más clientes potenciales que en el de los fumadores». Además, sostiene que Hostelería de Asturias «no dice la verdad» al referirse a los gastos sufragados por sus asociados para adaptarse a la actual ley del tabaco. «En Asturias sólo hicieron reformas para adaptarse a la ley del tabaco entre un 1 y un 2 por ciento de los bares», asegura. También replica al presidente de los hosteleros asturianos, José Luis Álvarez Almeida, que «si está tan preocupado por la salud de los profesionales del sector, que tenga en cuenta al menos 100 personas mueren al año en Asturias por exposición al tabaquismo».

El Gobierno del Principado también salió ayer al paso de las declaraciones de los representantes de los hosteleros. El consejero de Salud, Ramón Quirós, apostó ayer por proteger el derecho de los no fumadores y dijo: «Cuanto menos se fume en lugares públicos, mejor». Preguntado por el llamamiento de algunos hosteleros a la desobediencia de la futura prohibición, Quirós no entró en polémica. «Es responsabilidad de los hosteleros. En materia de salud es preciso el mayor consenso posible para hacer confluir intereses». Por su parte, la consejera de Turismo, Mercedes Álvarez, señaló: «No se trata de estar a favor o en contra, sino de cumplir la ley, porque las leyes están para cumplirlas».

La presidenta del Colegio de Médicos, Carmen Rodríguez, defendió la prohibición del consumo de tabaco en los bares por ser «lo mejor para la salud».

Ni todos los hosteleros están en contra del endurecimiento de la ley del tabaco, ni a todos les ha ido mal con la aplicación de la actual legislación. José Abel del Soto, propietario de un conocido establecimiento en la ovetense calle Suárez de la Riva, está a favor de la prohibición de fumar en todos los espacios públicos. Él predica con el ejemplo: en su establecimiento no se fuma.

«La gente agradece los locales donde no se fuma», asegura. «Cuando eliges un local para tomar un café, comer un pincho o cenar, lo haces porque te ponen buen café, un buen pincho, y una buena cena, no porque se pueda o no fumar», asegura el hostelero, que, además, se reconoce fumador.

«Muchos fumadores no fuman en su casa ni fuman en su coche. Esto es lo mismo», afirma del Soto. «A mí me ha ido bien. Aquí se respira un ambiente limpio, sano. Mucha clientela agradece que no se fume. Y aquí somos tajantes: no se fuma ni a última hora ni en una esquina. Si no se fuma, no se fuma», asegura el hostelero.

Con lo que no está de acuerdo José Abel del Soto es con la actual ley del tabaco, que entiende discriminatoria. «Se hizo mal al intentar contentar a todo el mundo», dice. «¿Qué diferencia hay entre un local de 100 metros cuadrados y otro de 101 metros cuadrados?», pregunta. «Lo que tienen que hacer es poner para todos las mismas normas, y que todos los hosteleros estemos en las mismas condiciones», propone el hostelero ovetense.

La entrada en vigor de la actual ley del tabaco acarreó al propietario de este negocio hostelero en Suárez de la Riva tres multas que, juntas, ascendieron a 9.000 euros. «Sancionaban a los locales donde había denuncias, sin mirar más allá», explica. El hombre pagó los 9.000 euros y colgó el cartel de «prohibido fumar».

José Abel del Soto cree que la sociedad asturiana está preparada para asumir la prohibición de fumar en todos los locales públicos. «La gente se acabará acostumbrando. Es como cuando se empezó a prohibir fumar en los autobuses o en los aviones; ahora a todos nos parece normal», asegura. «Yo viajo mucho a Italia, que se supone que son muy como nosotros, y allí lo llevan a rajatabla», relata. Para él la prueba está a la entrada de su local, donde hay un cenicero en el que los clientes apagan su cigarro: «Vaciamos del orden de un millar de colillas de clientes al día. Son fumadores y vienen igual».

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