28 de marzo de 2010
28.03.2010
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La vida de película de Joaquín José Martínez

l A los nueve años de haber logrado salir del «corredor de la muerte», en EE UU, el ex preso rodará una serie televisiva
l «Este tiempo ha sido un regalo», afirma hoy este informático que pilota helicópteros, reside en Valencia y espera su tercera hija

28.03.2010 | 01:00

Oviedo,


María José IGLESIAS


«Cuanto más tiempo pasa más lo recuerdo y asimilo todo». Al ex preso Joaquín José Martínez, de origen asturiano y único español que ha logrado salir del «corredor de la muerte», en Estados Unidos, no le ha resultado fácil reengancharse a la vida «normal». Ocho años entre rejas, tres de ellos en la antesala de la silla eléctrica, con una condena a muerte sobre su cabeza pesan mucho en un hombre que con los 38 cumplidos no tiene dudas: «Este tiempo en libertad ha sido un regalo», afirma desde su retiro actual de Valencia, donde se afincó.


Por eso piensa que es el momento de contar su historia al mundo. Será en una miniserie para la tele de dos episodios. El proyecto, producido por Carlos Benítez, estará dirigido por José María Caro, con guión de Aitor Gabilondo y asesoramiento del propio Martínez. Dice que no lo hace por dinero. «Es que estoy cansado de que en mis conferencias aparezcan imágenes que cuentan las historias de otros».


El 7 de junio se cumplen nueve años de su salida de la prisión federal de Orient Road, en Tampa, Florida, un búnker de máxima seguridad donde Martínez, esposado de pies y manos, se pasó tres años mirando de refilón a la muerte y contando los segundos para volver a pisar el césped, algo que echaba especialmente de menos.


La reapertura de su caso, gracias a la cruzada emprendida por sus padres y al apoyo del Gobierno español, le trajó un nuevo veredicto. Fue declarado «no culpable». Volvió a ser libre. Desde ese momento trabaja con distintas ONG para lograr que desaparezca la pena de muerte.


Ha estado en un tris de morir y no suele hablar de su vida personal. Con LA NUEVA ESPAÑA hace una excepción. No olvida que el periódico siguió su caso muy de cerca. Hasta se plantea incluir en la miniserie escenas relacionadas con las entrevistas realizadas en la cárcel. «Es que todo aquello fue muy importante para mí», explica.


Entonces Joaquín José Martínez se quita la careta de ejecutivo triunfador y baja la voz: «Te voy a decir algo, muy pronto voy a ser papá de nuevo». Será otra niña. Las dos mayores viven en Miami. Ya tienen 16 y 15 años. «Si hubiera muerto en la silla eléctrica, no las habría visto crecer y todo esto no estaría pasando. Te cuento esto porque sabéis mejor que nadie lo que viví esos primeros momentos cuando salí del "corredor". Ahora, años después, lo siento con más emoción». La pequeña se llamará Mónica, como su actual compañera.


Las mujeres le marcan el paso. Fue a la cárcel porque su ex amante, Laura Babcock, le acusó de asesinar a Douglas Lawson -un traficante de drogas- y a su novia. Por ellas regresó al mundo. «Mi madre ha sido tan importante que estaré en deuda con ella para siempre». El padre, Joaquín Martínez, asturiano, murió en octubre de 2003 en Valencia, atropellado en un paso de peatones. «Se fue demasiado pronto, si no hubiese sido por mis padres ya estaría muerto». Como la mayoría de los compañeros de celda, «unos ejecutados y otros por causas naturales en la espera». Dice que el tiempo le ha ido asentando las ideas. «Pero no ha sido fácil, ahora es cuando veo que todo se ha normalizado».


Martínez ha logrado llevar una vida tranquila en Alberique (Valencia). Trabaja como asesor técnico en una compañía de informática y conserva el espíritu de aventura que enloquecía a las jovencitas de Miami Beach cuando con apenas 20 años llevaba una existencia de derroche y desenfreno y conducía coches caros por Ocean Drive.


«Me gusta hacer cosas arriegadas, aprendo a pilotar helicópteros, me encanta estar en el aire». Será tal vez porque pasó muchos años atrapado entre paredes de cemento. En febrero participó en el IV Congreso mundial contra la pena de muerte, en Ginebra. Allí le impresionó que la monja activista Helen Prejean se refiriese a él como «embajador» de la causa. Martínez, que en su alocada juventud defendía con vehemencia la silla eléctrica, piensa ahora que nadie tiene derecho a decidir sobre la vida de otro. «Incluso dejando aparte la inocencia o no inocencia». Ha pronunciado más de 200 conferencias, hasta en el Vaticano. Ahora la película de su vida pasará a la pequeña pantalla.

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