09 de abril de 2010
09.04.2010
Ángel Herrero Blanco
Profesor de Filología Española y Lingüística General de la Universidad de Alicante 

«La lengua oral surge como un sistema de protección contra el enemigo»

«Medio millón de españoles, entre ellos sordos, hipoacúsicos, familiares e intérpretes, se comunican gracias al lenguaje de signos»

09.04.2010 | 02:00
El lingüista Ángel Herrero, durante su estancia en Oviedo.

Oviedo,

Pocos saben más de la lengua de signos, la que utiliza a diario medio millón de españoles, que el profesor Ángel Herrero, miembro del departamento de Filología Española y Lingüística de la Universidad de Alicante. Es el autor de la «Gramática didáctica de la lengua de signos» y ha creado un sistema de escritura que permite trasladar los signos al papel y ahora se propone dar un paso más: «En Alicante estamos intentando hacer de la lengua de signos una lengua de cultura y hemos traducido a signos cientos de poemas de la lírica española».

-¿La lengua de signos es equiparable a la hablada?

-Hace veinte años sólo se consideraba lengua la que utilizaba el canal oral-auditivo, la lengua de signos se trataba como un sistema alternativo, infralingüístico. Un profesor sostenía que era imposible explicar a Kant utilizando la lengua de signos. ¡Por supuesto que se puede! La lengua de signos cumple todos los requisitos de una lengua; en la lengua hablada utilizamos la voz y el oído, y en la de signos la articulación manual y la vista.

-¿Qué sucedió hace veinte años para que eso cambiara?

-Durante todo el siglo XX hubo movimientos importantes de personas sordas que reivindicaban sus derechos. En 1934 se crea la Confederación Española de Sordos y en 1960 se publica el «Estudio sintáctico de la lengua de signos americana», de William Stoke, un profesor de Literatura al que destinaron a la Universidad de Gallandet, donde observó a los sordos y comprobó que la lengua de signos tiene tres componentes: posición de la mano, lugar y movimiento, que son lo que los fonemas a las lenguas orales. Ese hecho permite trasladar la lengua de signos a la escritura, que no es más que la reproducción de los elementos de una lengua.

-¿A cuándo se remontan los estudios sobre la lengua de signos?

-Ha habido filósofos y pensadores que ya en el siglo XVII y XVIII se interesaban por el carácter lingüístico de la lengua de signos, como Descartes. Lorenzo Hervás, un jesuita del siglo XVIII, viajó a Roma para investigar en la Biblioteca Vaticana. La ventana de su cuarto daba al patio de la escuela de sordos y, mirándolos, acabó por interesarse por la lengua de signos y consiguió que le asignasen un alumno, Ignacio Cupi, un muchacho de 14 años que le enseñó la lengua de signos. En 1795 publicó un libro que aborda la educación del sordo titulado «Escuela española de sordomudos» y que yo reedité en 2008. Defiende de forma explícita que la lengua de signos es comparable al resto de lenguas, aunque él creía que no se podía escribir. Stoke demostró que no era así y yo añadí algún que otro elemento a la escritura, como la simetría.

-No hay una, hay muchas lenguas de signos.

-Hay 120 lenguas de signos en el mundo. En España están el español y el catalán, no son lenguas de signos muy distintas pero pesó mucho la presión social de los sordos catalanes.

-Y usted, ¿por qué se interesó por la signolingüística?

-Yo tengo un hermano mayor. Se quedó sordo a los 2 años. Yo signaba con él, y él conmigo -era una lengua de signos casera-. El 95 por ciento de los sordos son hijos de oyentes, así que para muy pocos la de signos es su lengua materna.

-¿Cuándo nace la lengua de signos?

-Desde que hay sordos hay comunicación por signos. El uno por mil de la población es sorda, un porcentaje que no ha variado mucho a pesar de los avances de la ciencia. En España medio millón de personas -sordos, hipoacúsicos, familiares e intérpretes- utiliza la lengua de signos. Hay bastantes pensadores, yo entre ellos, que creen que el lenguaje de signos es anterior al oral. Hay pruebas antropológicas y arqueológicas de que los primeros homo sapiens no hablaban, hacían gestos. La fonación empezó hace sesenta mil o cincuenta mil años. No somos conscientes, pero hablar como lo hacemos es un descubrimiento de la Humanidad. Yo sostengo que la lengua oral es posterior a la de signos y surgió como un sistema de protección contra el enemigo, de exclusión del otro. Los sonidos son difíciles de entender y reproducir, pero no es imposible hacerlo con la lengua visual.

-¿Los signos son símbolos?

-El símbolo no es el único tipo de signo, también están los índices y los iconos. En un diccionario de lengua de signos una persona ajena a ella podría entender un diez por ciento de las entradas.

-Academias y gramáticos velan por las lenguas orales. ¿Quién lo hace por las lenguas de signos?

-Debería hacerse. En 2007 se aprobó una ley orgánica de reconocimiento de la lengua de signos española y catalana. En esa ley, en la que yo participé, estaba previsto crear un centro nacional de normalización, uno para el español y otro para el catalán, pero existe un litigio entre las universidades y la Confederación Nacional de Sordos, la CNS. La ley reconoce el derecho a que todas las personas puedan expresarse en lengua de signos o que tengan intérpretes. Imaginemos lo que sucede cuando un sordo va a una ventanilla de la Administración o al médico... El intérprete es un elemento fundamental para la integración de los sordos.

-¿La lengua de signos evoluciona al mismo ritmo que las lenguas orales?

-Para saber si una lengua de signos ha cambiado hay que conocer cómo era antes. Podemos remontarnos hasta 1851, año en el que Francisco Fernández Vilabrille escribe su «Diccionario de Mímica y Dactilografía». Así comprobamos que la evolución es similar a la de las lenguas orales: avanza hacia el simbolismo y la simplificación.

Ángel Herrero Blanco

Aprendió la lengua de signos de niño para comunicarse con su hermano mayor, que perdió el oído a los 2 años.

Profesor de Filología Española y Lingüística General de la Universidad de Alicante y director de la sección de signos de la Biblioteca Virtual «Miguel de Cervantes».

Hoy es una de las máximas autoridades en lenguaje de signos y signolingüística.

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