29 de mayo de 2010
29.05.2010

Tiempo de avales

El fascículo que mañana se entrega analiza el retorno al trabajo en las minas y las fábricas tras la Guerra Civil y la «limpieza» ideológica a la que fue sometido el profesorado

29.05.2010 | 02:00
Tiempo de avales

Oviedo, L. Á. V.

La victoria final de los sublevados en África y el retorno a la actividad tras la guerra inauguró en Asturias el tiempo de los avales, una declaración jurada en la que debía especificarse el grado de implicación en el régimen republicano del trabajador en cuestión, y que debía ir avalada por una autoridad o por la jefatura de Falange. La falta de mano de obra fue tal, que el régimen terminó levantando la mano y permitió que se reclutase a trabajadores en las cárceles, campos de concentración y de prisioneros y en los batallones de trabajo. Paralelamente, se inició una sistemática depuración del profesorado en todos los niveles, al que se culpaba en parte de crear «el ambiente revolucionario». De estos dos aspectos se encarga el nuevo fascículo del coleccionable «Asturias bajo el franquismo», que llega mañana, domingo, a los quioscos con el ejemplar de LA NUEVA ESPAÑA.


La vuelta al trabajo fue posible en Asturias, relata el fascículo, por el hecho de que no se destruyesen las minas y factorías, pese a la orden expresa del mando republicano de inutilizar todas las instalaciones que pudiesen servir al enemigo. Al final pesaron los argumentos humanitarios y la idea de que los asturianos tenían que sustentarse con alguna actividad aun bajo la administración del bando de Franco.


Por ese motivo, los nacionales encontraron intactas las minas y la Fábrica de Armas de Trubia (Oviedo), que inmediatamente comenzaron a contribuir al esfuerzo de guerra contra los republicanos. Como refleja el fascículo del que podrán disponer mañana, domingo, los lectores, sí se destruyeron armas y municiones, aunque una parte importante de ellas quedó en manos de los vencedores, que pudieron utilizarlas contra sus antiguos dueños.


El regreso al trabajo no fue tan fácil. Se hicieron llamamientos a la incorporación, pero ésta debía ir acompañada del preceptivo aval. Los trabajadores fueron encuadrados militarmente, como en el resto de la Europa continental en época de guerra, y quedaron sometidos al Código de Justicia Militar.


Sin embargo, la escasez era tal -la producción de carbón cayó en 1937 de cuatro millones de toneladas a 250.000- que se llegó a autorizar la desmovilización de los mineros con experiencia, con el fin de completar las plantillas. También se recurrió a las cárceles y demás instrumentos penitenciarios que se habían puesto en marcha. En cualquier caso, esta incorporación al trabajo no exoneraba de ulteriores responsabilidades a quienes se habían significado durante el régimen republicano.


El fascículo de mañana, domingo, también se centra en la depuración de los maestros y profesores. Reseña, por ejemplo, una de las primeras medidas del rector de la Universidad de Oviedo, Sabino Álvarez Gendín -que accedió al cargo un mes después del fusilamiento de su antecesor, Leopoldo Alas Argüelles-, quien ordenó a todos los alcaldes y directores de centros educativos el cierre y sellado de las bibliotecas y material escolar de las escuelas obreras y de los partidos del Frente Popular. La depuración alcanzó incluso a personas que no se habían señalado como favorables al Frente Popular, como la escritora Dolores Medio. La joven tuvo que abandonar la escuela de Piloñeta (Nava) por la presión del párroco del pueblo, que la tenía por izquierdista, recoge el fascículo.

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