16 de octubre de 2010
16.10.2010

«Los escritores de calidad siempre ponen dificultades al lector y la gente va a lo fácil»

«Los jóvenes de hoy estudian poca literatura, es el problema del sistema educativo actual; los primeros capítulos de "La Regenta" no los entienden»

16.10.2010 | 02:00
Carolyn Richmond.

Hispanista; viuda de Francisco Ayala y estudiosa de su obra

Oviedo, M. S. MARQUÉS


La hispanista Carolyn Richmond mantuvo una relación de casi 40 años con el escritor Francisco Ayala. Primero fueron colegas, lo que daría pie a una relación sentimental que concluyó en matrimonio en 1999. Excelente conocedora de la obra ayaliana, sobre la que lleva años trabajando, Richmond estuvo recientemente en Oviedo para asistir al acto que la cátedra Alarcos organizó en recuerdo del autor de «El jardín de las delicias». Bajo el título de «Conversación inacabada», el Paraninfo de la Universidad de Oviedo acogió una mesa redonda en la que Richmond habló de las muchas ocasiones en que visitó Oviedo con su marido, con especial recuerdo para la vez que lo acompañó a recoger el premio «Príncipe de Asturias» de las Letras. Tras la muerte de Ayala, la hispanista ha dejado otros estudios para centrarse únicamente en el estudio de la obra de su marido.


-En un escrito que publicó tras la muerte de Ayala se refería a su relación como «privilegiada y sumamente compleja».


-Uno dice esas cosas y siente que toda relación es de una complejidad enorme, porque cada persona desempeña en la vida diferentes papeles y él y yo teníamos muchos papeles y algunos tenían que ver con nuestra propia relación personal y sentimental, desde lo práctico de la convivencia y el matrimonio hasta lo literario, porque yo soy crítica de su obra pero independiente. Él leía siempre lo que yo escribía después, pero nunca antes. Nuestra relación habría que leerla desde muchísimas perspectivas.


-¿De qué manera marcó el exilio la literatura de Francisco Ayala?


-Fue una parte de su vida, claro, la vida de uno marca y, por tanto, está reflejada en su literatura. Son sus vivencias, pero no en el sentido sentimental, de nostalgia por estar fuera de España. Eso él lo descartaba porque aunque volviera a España sabía que ya no era el país que él había dejado.


-¿Qué rasgos destacaría de la personalidad literaria de su marido?


-Primero es escritor, y no hay muchos, es artista y es intelectual. Eso significa que su obra no es precisamente fácil, pero tampoco es difícil, requiere concentración y dedicación e interés y cultura. Para leer a Ayala hay que saber algo. Hay muchas facetas en su obra, la crítica, la ensayística, la de las memorias, la narrativa; en toda su obra el estilo es de primerísima calidad, es el estilo de una persona muy inteligente que ha leído mucho, que ha leído los clásicos, no es, por tanto, un estilo fácil.


-¿Eso lo aleja de los más jóvenes?


-Los jóvenes hoy en día estudian muy poca literatura. Es el problema del sistema educativo actual. Y si no estudian y no saben leer a Cervantes ni conocen los clásicos, cómo pueden leer a Ayala. Estoy hablando de dificultades porque creo que los autores de calidad siempre ponen dificultades al lector.


-¿Cree que pasa algo parecido con Clarín, un autor al que usted conoce bien?


-Yo he escrito bastante sobre Clarín y diría que los primeros capítulos de «La Regenta» son una especie de impedimento para los alumnos de hoy, y estoy hablando de la Universidad. No los entienden. Yo he dictado esa novela muchas veces a los estudiantes graduados y tienen muchos problemas. Es como la música clásica, la gente no tiene paciencia para educar el oído y prefiere todo lo fácil. También es cierto que hay cosas de Ayala que son más accesibles que otras.


-¿La dificultad de su obra le pudo haber restado más lectores que los años de ausencia?


-Son dos cosas diferentes. Una obra literaria cuando se comenta es también el producto de una época histórica, y el problema para Ayala y para otros escritores del exilio es que no tenían su público. Ese público estaba aquí. El ensayo «Para quién escribimos nosotros», que publicó en 1949, trata de eso. Ahora estamos publicando las obras completas y es muy interesante el tomo de crítica literaria, donde están reunidos todos esos ensayos, ayudan mucho a la comprensión.


-¿El público español no tenía acceso a sus libros?


-Su obra no podía leerse ni comprarse. Ni la de Clarín. Algunas librerías secretas tenían algunos libros, pero había muchas dificultades. Los españoles deberían saber lo que pasó en esos años. Yo viví aquí en 1965 y fue horrible, no podías salir a la calle vestida con pantalones, te paraba la Guardia Civil. Para leer «La Regenta» tuve que ir a una biblioteca, no se vendía. Fueron unos años tremendos.


-¿El exilio le creó algún resentimiento?


-Él lo pasó muy bien en el exilio, tuvo una vida intelectual extraordinaria en Argentina, donde vivió muchos años. Buenos Aires era el centro de la cultura hispánica. Después pasó veinticinco años en Puerto Rico y Estados Unidos, en una época maravillosa. Tenía un apartamento en Nueva York y supo disfrutarlo.


-Desde su vuelta a España tuvo numerosos reconocimientos, ¿le faltó algo por conseguir?


-Decía que los reconocimientos los agradecía, pero no los buscaba.


-En el discurso que leyó cuando recibió el «Príncipe de Asturias» habló de cierta desconfianza de la revolución tecnológica. ¿Rechazaba estos avances?


-No, él utilizaba todas las nuevas tecnologías, pero desconfiaba de lo que estaba pasando con el ser humano y esas tecnologías. Él fue el primer escritor en España que defendió y utilizó el ordenador.


-¿Después de tantos años de trabajo le quedan todavía partes de su obra por analizar?


-La obra es inagotable. He dejado otros autores y voy a dedicar el resto de mi vida a la obra de Ayala. Estoy terminando una edición, que nunca termino porque tengo una vida complicada, de «El jardín de las delicias». He escrito mucho estos años. Creo que tengo la responsabilidad de seguir estudiándola y de dejar algunos recuerdos personales.


-¿Cómo es vivir junto a un sabio?


-No sé si tener un sabio al lado es entretenido. Muchas veces es lo peor que te puede pasar, pero Ayala era extraordinariamente generoso.

«Yo viví aquí en el año 1965 y fue horrible, no podías salir a la calle vestida con pantalones, te paraba la Guardia Civil»

«Ayala lo pasó bien en el exilio, tuvo una vida intelectual fantástica en Buenos Aires y después en Nueva York»

«Leer la obra de Ayala requiere interés y cultura, dedicación y concentración, su estilo es de primerísima calidad»

«No sé si tener un sabio al lado es entretenido, a veces es lo peor que te puede pasar, pero Ayala era muy generoso»

«Yo era crítica de su obra pero independiente, Ayala leía siempre lo que yo escribía después, nunca antes»

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