24 de octubre de 2010
24.10.2010
Premios «Príncipe de Asturias»

Don Felipe y doña Letizia miran a la mar de Lastres

Don Felipe destaca la «admirable» fortaleza de la villa ante los problemas de la vida en el mar y proclama que «el mejor futuro lo ganarán los que sepan adaptarse a este tiempo»

24.10.2010 | 02:00

Esta información ha sido elaborada por: Marcos PALICIO, María José IGLESIAS, María TORAÑO (Lastres, Colunga)
Lastres
Lastres es flexible. En el puerto lastrín, donde el decorado lo pone un anfiteatro de edificios milagrosamente acoplados a un abrupto acantilado, el Príncipe de Asturias reconoció ayer en el «Pueblo ejemplar» de 2010 las virtudes de la ductilidad contra las crisis, el poder que tienen los que por saber «adaptarse a este tiempo difícil» y ser «menos rígidos y más emprendedores» van a poder ganar «el mejor futuro». Don Felipe y doña Letizia le dieron su premio a esta villa marinera que no sólo físicamente ha mirado siempre hacia el Cantábrico, que por eso ha debido especializarse en la aclimatación y la «admirable» resistencia frente a las adversidades: a los «golpes de mar sobre vuestras lanchas y sobre vuestro puerto, los naufragios o la escasez de la pesca». Después de sumergirse en mareas de multitudes en el trayecto descendente de la iglesia al puerto y de asistir en el trayecto a completas reproducciones de las labores marineras del Lastres de siempre, el heredero de la Corona dijo haber encontrado allí el espejo de la unión para la fuerza, de la fusión de muchos sentimientos e intereses distintos en una misma «actitud acogedora y comprometida en la búsqueda del bien común». Se premiaba ayer una candidatura presentada a coro por 17 asociaciones, y en su dinamismo, observó don Felipe, se aprecia «la mejor prueba de vuestra vitalidad e inquietudes».

Hasta llegar al puerto y hacer expresa esa conclusión, los Príncipes habían derrochado saludos y sonrisas calle Real abajo. En más de una hora de abrazo colectivo bajo el sol agradable de la mañana otoñal, don Felipe y doña Letizia habían sido ordenadamente abordados por vecinos y visitantes, por artesanos de la madera y rederas, niños mayadores con traje regional, marineros jubilados, la Virgen del Buen Suceso engalanada como los días de fiesta y las recias voces varoniles de los 24 cantantes del coro «Manín» entonando la salve marinera. Entre otros. Ya en la orilla del mar, supieron de técnica pesquera a bordo del «Emperatriz»; de la crisis de la mar, en la moderna sala de subastas de la lonja, y de teoría y práctica de paleontología, en el Museo Jurásico de Asturias. Alrededor, los nervios, que no dejaron dormir a Neli Suárez, que aprovechó el madrugón para echar «tres botellas de aguafuerte en la calle y fregar bien todas las piedras de delante de la casa, que quedaron blanquísimas».

Los testimonios de gratitud entre sus Altezas y el pueblo acabaron siendo recíprocos. «La fortuna», celebró el Príncipe desde la tribuna del puerto, devolvió ayer a Lastres a aquella pareja de recién casados que visitó la villa «de manera privada» en el verano de 2004 y que al despedirse se prometió «volver lo antes posible». «Por aquí andaban como dos turistas más, paseando y caminando hasta el muelle», recuerda Aurora Rodríguez Martín, que se los encontró entonces y repitió ayer, al lado de su hija Victoria Barredo -vestida de sardinera- y su marido, Juan Ramón. Es por eso que el premio, confirmó don Felipe, «nos hace aun mayor ilusión» y el compromiso de futuro llama a sostener el rumbo: «Os animamos a que sigáis trabajando unidos», terminó don Felipe su discurso, «a que sigáis buscando sin desaliento solución a vuestros problemas; a que no permitáis que se degraden el paisaje ni la biodiversidad marina».

Faustino Martínez, director del coro «Manín», hizo de portavoz de la gratitud y las aspiraciones de este «Pueblo ejemplar» que, en efecto, desde hace siglos «ha mirado a la mar, que quiere seguir mirando a la mar y a su entorno incomparable. Pero no sólo para gozar de la fascinación de su paisaje, también para proyectarse al futuro contando con ella». Otra vez la adaptación, de nuevo la maleabilidad que va a necesitar el futuro de un pueblo obligado a revisar su secular dedicación exclusiva a una actividad de porvenir tan incierto y cambiante como la pesca. «Queremos estar abiertos a la mar», repitió Martínez, «apoyándonos en las fortalezas y oportunidades que nuestra costa y nuestra situación nos brindan. Las modernas infraestructuras han aproximado todo el Principado a la mar, y ahora Lastres está abierta a Asturias y al mundo como nunca había estado». En sintonía con el diagnóstico del Príncipe y mirando hacia los desniveles del «pueblo ejemplar», el representante de las asociaciones lastrinas definió a los suyos por su buen entrenamiento para subir «estas cuestas, pero también las que la vida nos depara». De «los golpes de mar en el cuerpo y el alma», aseguró, «los lastrinos han emergido siempre con coraje, innovación, unión y trabajo».

«Cuestudu», pero «arranchadín», empinado, pero ordenado y arreglado, el pueblo agradeció, así, la recompensa de «este premio y este día que serán memorables» y que, «no lo duden», también imponen para los restos «un desafío y referencia de ejemplaridad», concluyó.

Faustino Martínez puso la voz una vez que el premio, físicamente, hubo sido recogido por el hostelero Eutimio Busta, otro de los grandes aglutinadores de una candidatura que se lleva el premio por plural y por «encarar su futuro con la energía y la ilusión de una comunidad vecinal unida, organizada, comprometida desde siempre con el mar y abierta al futuro». Eso se lee desde ayer en la placa que el Príncipe descubrió delante del barco «Brisas de Lastres», que vive «anclado» en tierra firme, frente a la lonja, y de ello dejó constancia también el presidente del jurado, Francisco Rodríguez, al leer el acta del fallo.

La placa ya salió ayer en multitud de fotografías flanqueada por muchos de los que no se quisieron perder la ceremonia. Confirmaban la doble celebridad de esta población reconvertida en «plató natural», según celebró en su alocución el alcalde de Colunga, Rogelio Pando, para no olvidar al «Doctor Mateo». La belleza de Lastres, aseguró, va a seguir obligando a mirar varias veces, y, detrás de lo que él ha oído últimamente, que este pueblo «está de moda», se esconde la certeza de que «las cosas no amanecen hechas. Es un trabajo de muchos años» edificando «la construcción más importante» de los que constituyeron la primera cofradía de pescadores: «La solidaridad». Solidariamente, todo el mundo terminó comiendo pulpo, empanada, marmitada de congrio, quesos asturianos, arroz con leche hecho en Cabranes, vino de Rioja y sidra Cortina.

Andrés Fernández llegó a tiempo. Ayer era su sexto día como párroco de Lastres y fue él el primero que abrió las puertas a los Príncipes de Asturias. Les franqueó el paso hacia la iglesia de Santa María de Sádaba, la parada inicial del recorrido lastrín. Fue «llegar y besar el santo», asume el sacerdote poleso después de comprobar el interés de los Príncipes por el Cristo barroco de la Agonía y las pinturas murales que flanquean el altar y enseñan el milagro de la pesca.

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Director del coro «Manín»

«De los golpes de mar en el cuerpo y en el alma hemos emergido siempre con coraje, unión y trabajo»

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Alcalde de Colunga

«Últimamente he oído decir que Lastres está de moda, pero las cosas no amanecen hechas; es un trabajo de muchos años»

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Presidente del jurado

«Es el premio a la energía y la ilusión de una comunidad vecinal unida, organizada y abierta al futuro»

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