«El programa de radio "La Asturias popular" sumó 88.000 folios de guiones»
«Después de Jovellanos yo colocaría al presidente de la Diputación José López Muñiz; no dejó palo por tocar en el engrandecimiento de Asturias»

Modesto González Cobas, durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA. / miki lópez
Oviedo, J. MORÁN
Modesto González Cobas (Luarca, 1922) repasa en esta segunda entrega de «Memorias» para LA NUEVA ESPAÑA su etapa en la radio, con programas que alcanzaron gran popularidad y galardones.
l Estrellas en el chigre. «Recorrí Asturias con Cuchichi (José Menéndez Carreño) y Miranda (Vicente), que habían sido miembros del gran grupo "Los Cuatro Ases", de música asturiana. Cuchichi, sobre todo, fue un entrañable amigo al que quise mucho porque era una persona que se hacía querer y por lo mucho que además aprendí de él. Cuando llegué a tener coche y trabajaba en Radio Nacional, recorrí la región y casi siempre venía Cuchichi conmigo y a veces también Miranda. A cualquier lugar que llegábamos les conocían. "Vosotros me esperáis aquí, en el chigre, que yo tengo que ir a esa casa a entrevistar a un paisano para la radio", y cuando volvía estaba el chigre lleno de gente y ya se habían liado a cantar. Bueno, los paisanos, como locos: "¡Ta Cuchichi aquí; ta Miranda, venid, venid". Miranda tenía una voz extraordinaria y la de Cuchichi era de otro tipo, más lírica. Uno era tenor y el otro un barítono impresionante».
l López Muñiz. «Con los estudios sobre música tradicional y folclore encontré un ambiente muy propicio en mi propia casa, porque mi mujer era catedrática de Literatura en Oviedo, María Teresa Cristina García Álvarez, a la que conocí a causa del Hospital General de Oviedo. Cuando empezó a construirse el hospital, que era el más moderno de España y de los más modernos del mundo en aquel entonces, me llamaron para que hiciera de relaciones públicas. Cuando se terminó de hacer el hospital, muchas clínicas de Oviedo se resintieron al perder clientela, porque el hospital apareció en escena con unos medios ultramodernos. Y a estos medios materiales se unieron los medios humanos, porque llegaron médicos jóvenes españoles que se habían estado formando en Estados Unidos, por ejemplo. En aquella formidable obra que aparecía, que ya empezó a llamarse en España y fuera de España "hospital piloto", yo recibí a muchísima gente y a médicos eminentes que venían de otros lugares a conocer el Hospital General. Eran los años 1961 y 1962, y para entonces yo había estado en Radio Luarca y escribía en los periódicos sobre temas asturianos o sobre Eduardo Martínez Torner. El hospital lo promueve la Diputación, estando de presidente José López Muñiz, que fue un grandísimo presidente. Yo creo que, puestos a comparar, después de Jovellanos colocaría a López Muñiz, porque no dejó palo por tocar en el engrandecimiento de Asturias. La gente se echaba las manos a la cabeza fuera de Asturias por que la Diputación cargase con un hospital de esa envergadura. Pero se pudo con todo y sin recibir dinero del poder central. Entonces la sanidad dependía del Ministerio de la Gobernación y el ministro era Camilo Alonso Vega. Se pudo con todo y López Muñiz pudo con muchísimas cosas, como la autovía del Huerna, que se hizo años después como uno de los planes que él ya había trazado».
l Música y literatura. «Detrás del hospital estaba el Instituto Femenino y Cristina era la directora. Un día me sugirieron que invitara a las alumnas del instituto a conocer el hospital y ella, que tenía una hermana médico en el propio hospital, las acompañó. Iniciamos una relación que no parecía que iba a prosperar. Las cosas surgen así, pero a mí me pareció que era una mujer muy inteligente y que se podía conversar de todo con ella, fundamentalmente de la cultura que yo cultivaba. Después de casarnos, como a ella le gustaba más la enseñanza universitaria y había seguido dando clases en la Universidad, hizo oposiciones a profesora titular y sacó el número dos. Pidió la excedencia en la cátedra del instituto y ha sido profesora de la Universidad hasta hace poco que se jubiló. Como la música y la literatura son inseparables (el libro póstumo de Martínez Torner es "Lírica hispánica"), yo he podido hablar con ella continuamente de todos estos temas sin salir de casa. Tenemos dos hijos, Marcos y Pedro, casados, y una nieta».
l Diploma y sobre. «Estuve en el hospital dos años y al término de ese tiempo ya nos ponemos en 1964, cuando empecé como colaborador fijo en Radio Nacional. En 1967 pasé a plantilla y con tan buena suerte que tuve una buena entrada porque ese mismo año me concedieron el Premio Nacional de Radio. Yo hacía dos programas: "La Asturias popular", que estuvo 23 años en antena y tuvo un gran éxito, y "El mar", que también funcionaba bien. Un día por la mañana cojo LA NUEVA ESPAÑA y veo una notita al pie de la página que daba a conocer el premio por el programa "El mar". Llamé al periódico y me dijeron que no sabían nada más porque era una nota de agencia. Un día o dos después recibo una carta de la Presidencia del Gobierno, en la que está Carrero Blanco, y me decían que tal día estuviera en Castellana, número 3, para recibir el premio. Me alegré muchísimo porque de esto yo no había solicitado nada. Fui a Madrid y pasé por Radio Nacional; desde allí me acompañaron 18 coches a Castellana y allí me encontré con muchos uniformes de la Armada. Claro, el programa era "El mar", y entonces un capitán de navío me dice: "Nosotros los militares no tenemos la facilidad de palabra que tenéis vosotros y como entre los que ves de uniforme hay uno que también ha recibido un premio como el tuyo, ¿por qué no hablas tú en nombre de todos?". Hablé delante de 40 micrófonos y allí me entregaron un diploma firmado por Carrero Blanco y un sobre que para la época aquélla no estaba nada mal; creo recordar que eran 80.000 pesetas de 1967».
l Jefe de programas. «En Radio Nacional puse en marcha esos dos programas, pero en la emisora había más que yo tenía que atender como jefe de programas. Tenía sobrecarga de trabajo, pero buscada por mí, porque "La Asturias popular" y "El mar" los había sugerido yo y en Madrid me decían: "Oye, que esto tiene que ser cosa tuya exclusivamente, y no vayas luego a decir que estás solo, porque no te vamos a mandar a nadie más". La programación fue bien y la audiencia pegó un salto. Yo preparaba los guiones de los dos programas y los locutores los leían en antena, y los servicios técnicos ponían las ilustraciones musicales, que iban también incluidas en el guión. Hice entrevistas muy interesantes y nunca me pusieron reparo de ninguna clase en la época de Franco, aun cuando hablara de Martínez Torner, que había sido republicano y había muerto en el exilio en Londres, en 1955. Esas cosas dependían un poco del gobernador de turno; unos daban más lata que otros, pero a mí jamás me cortaron ninguna iniciativa».
l Conferencias y pregones. «Recibí muchos premios y cuando iba por Asturias con Cuchichi y Miranda identificaban el programa de la radio. Cuando yo iba a algún sitio a buscar material para el programa, siempre decía el día antes en antena: "Mañana voy a estar más o menos sobre tal hora en la Foz de Morcín", y cuando aquel día llegaba a Morcín estaba esperándome la maestra de la escuela con los niños y con banderines. "La Asturias popular" fue un programa que era un acontecimiento. Creo que no ha habido persona en Asturias que diese tantos pregones y conferencias como las que yo he dado. Computando desde la primera que di hasta ahora, ha habido años con un par de conferencias a la semana y a veces más. Y los pregones, porque cuando empieza el verano la retahíla de fiestas por toda Asturias es interminable. De las personas que más hablé en la radio fue de Torner y de Aurelio de Llano. De éste último todavía hace cosa de un mes di una conferencia en el Ateneo Jovellanos de Gijón. Acudió mucha gente de edad que me recordaba porque eran seguidores del programa de Radio Nacional. Todavía me encuentro por Oviedo con oyentes de entonces, aunque ya llevo 20 años jubilado. Cuando opté por la jubilación voluntaria, quise saber lo que representaba en folios la tarea de "La Asturias popular", y entre lo que me decían y lo que yo calculaba salían 88.000 folios de guiones; fueron miles de guiones, siete u ocho mil».
Mañana, última entrega: Modesto González Cobas
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