03 de noviembre de 2011
03.11.2011
 
Alberto Carlos Polledo Arias  

Retorno a las cavernas

La pesca del salmón y la nueva normativa

03.11.2011 | 01:00
Retorno a las cavernas

Años, muchos años son los que llevo diciendo que el salmón, en Asturias, es una especie en peligro de extinción. No hay más que recordar que hasta mediados de los cincuenta del pasado siglo había en el espacio geográfico que va desde Bayona (Francia) hasta Baiona (Pontevedra) más de 55 ríos salmoneros. Actualmente quedan tres moribundos: Narcea, Sella y Cares, el resto son solamente testimoniales. Las minas de carbón y el correspondiente lavado del mineral tornaron cauces como el del río Nalón en verdaderas cloacas. No se quedaron a la zaga las industrias químicas, lecheras, las centrales ni minicentrales hidroeléctricas, que acortaron la longitud vital de los ríos, arruinando los frezaderos naturales en las cabeceras de éstos -caso flagrante el del río Narcea- con oscilaciones continuas del nivel de sus aguas, en ocasiones de más de un metro, y la consiguiente elevación de temperatura en el líquido elemento. Embalses, escasez de depuradoras; cuando las hay, o no funcionan debido al elevado coste de mantenimiento, o no están conectadas a los desagües de las correspondientes poblaciones. Si a todo esto sumamos la pesca en alta mar y, lo que es más grave -porque se hace a la vista de todos- las redes en las rías de entrada a los diferentes ríos salmoneros; si a estas calamidades añadimos el furtivismo y la presión brutal de los pescadores, que desde que se abre la veda hasta el cierre de la misma, en los pozos que puede entrar algún salmón, desde el orto hasta el ocaso, con el sistema tradicional de la media hora, los lances no dan ni un solo minuto de descanso a los peces; si la guardería es escasa y tiene que realizar multitud de funciones además de vigilar los cauces; si las escolleras construidas sin sentido arruinaron las riberas y la calidad de las aguas cada día es peor ¿qué nos queda, además de miseria? Pues no se preocupen, porque a todos estos nefastos ingredientes debemos sumar otro, quizás el más importante de todos y el causante principal de que en los ríos sureños de Europa desaparezcan los hermosos torpedos plateados: el cambio climático está elevando la temperatura del mar, la corriente del Golfo está variando su recorrido y los salmones se alejan de nuestra costa, al igual que el bonito, que de pescarlo a cinco millas hace escasos años, ahora, para capturarlos, los barcos tienen que desplazarse hasta aguas irlandesas.

Los refranes casi nunca fallan y hay uno que dice: «Otro vendrá que bueno me hará». Por eso el subconsciente a veces me insinuaba? no te hagas muchas ilusiones, que esto todavía puede empeorar y, por desgracia, así está sucediendo. Cómo será de grave la cuestión que, a pesar de la mediocre gestión ambiental de la anterior viceconsejera, Belén Fernández, estoy a punto, no es broma, de reclamar urgentemente su retorno. Cuando la gran mayoría de pescadores había aprobado la reducción de temporada, la pesca sin muerte en diferentes zonas de río, días de descanso, límite de cebos y demás mejoras para tratar de recuperar el preciado pez, llega un iluminado, el nuevo viceconsejero don Luis Peláez, que, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, arruina de un plumazo los logros conseguidos con gran esfuerzo por asociaciones de pesca, colectivo de pescadores y Administración.

De lo que no cabe duda, señor Peláez, es de que usted maneja perfectamente el manual de buen político trilero, que primero ofrece o sustrae el cien por cien de un proyecto, para más tarde complacer al personal con una modificación mínima de tal normativa y todos tan contentos.

Una especie en peligro de extinción, el salmón es una de ellas, merece un tratamiento tan severo para lograr su recuperación, que los poderes políticos -como norma de obligado cumplimiento- debían ponerse bajo la tutela y a las órdenes de científicos y biólogos, seguir sus directrices y luchar sin descanso para que éstas se cumplan. Mala señal cuando los papeles se invierten, el carro pasa por delante de los bueyes, y deciden los ignorantes.

No voy a mencionar, ya que todos los interesados en el tema lo sabemos, la corrección demencial y brutal que sufrirá la anterior normativa, ni insistir en los males que deterioran su calidad porque ya está todo dicho; pero sí quiero proclamar en voz alta que la normativa de pesca para la campaña 2012 lo único que va a lograr es que desaparezcan de los ríos asturianos los salmones, peces maravillosos que, aunque a muchos no les entre en la cabeza, pertenecen a toda la sociedad asturiana y española. Bajo ningún concepto son exclusiva de los pescadores, sean ribereños o dejen de serlo, como algunos pretenden que creamos.

Señor Peláez, quizás usted sólo sea la cabeza visible de esta locura, no lo sé; pero vaya pensando que si el salmón se extingue en nuestra geografía, la Historia se lo demandará.

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