02 de enero de 2012
02.01.2012

«La mafia comunista de Historia hizo todo lo posible para que no lograra mi cátedra»

«El rector me destituyó de coordinador de asignatura para la PAU como represalia por quejarme a nivel interno de los ataques que sufrí»

02.01.2012 | 01:00
José Girón, durante un momento de la entrevista.

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo

Oviedo, Eloy MÉNDEZ


José Girón inicia el año satisfecho por haber conseguido su cátedra tras meses de lucha interna en el departamento de Historia de la Universidad de Oviedo, pero sin dar carpetazo al enfrentamiento que protagonizó contra algunos de los miembros del equipo docente. Pasada la pugna, ofrece por primera vez su versión y anuncia medidas legales contra quienes «vulneraron mis derechos».


-¿Por qué tardó tanto tiempo en hacerse con su cátedra?


-En junio de 2009, fui acreditado como catedrático por el Ministerio de Educación y Ciencia según la normativa vigente y, hasta marzo de 2011, no logré ser catedrático de la Universidad de Oviedo. Es decir, un retraso de casi dos años. Esto se debió, en primer lugar, a que nuestra Universidad no tenía recursos económicos. Pero después, cuando en marzo de 2010 se arbitraron los recursos, entonces se inició una batalla en el seno del departamento de Historia para impedir que yo fuese catedrático.


-¿A qué se debió la «batalla»?


-Todo partió del área de Historia Contemporánea, en donde la mafia comunista formada por seis profesores, entre ellos Francisco Erice, obedientes al capo Octavio Monserrat, intentaron por todos los medios impedir que pudiera conseguir la cátedra. Recurrieron a la tergiversación, la mentira, el chantaje. Algo que, por otra parte, no es nuevo, ya que pertenecen a un grupo de viejos estalinistas, que siguen los pasos de otros ya jubilados.


-¿Qué alegaban para negarle la cátedra?


-No había argumentos. En dos ocasiones, el departamento de Historia, incurriendo en flagrante violación de la ley, votó en mi contra para impedir mi acceso a la cátedra. Según la normativa vigente, la votación del departamento no es vinculante y el rector la rechazó en un primer momento. Pero la segunda vez la aceptó, bloqueando mi acceso a la cátedra. Es decir, actuó de forma arbitraria y contradictoria.


-Es una acusación muy dura. ¿Está seguro de que fue así?


-Sí. Es muy difícil de entender bajo parámetros racionales. El actual rector tiene una personalidad muy compleja, completamente diferente de la de Julio Rodríguez, el mejor rector de nuestra Universidad en los últimos veinte años. Según algunos, pertenece al grupo de la derecha vergonzante. Es decir, que para evitar que lo acusen de ser de derechas, acepta todos los deseos, presiones o chantajes que le llegan desde la izquierda. Según otros, sus decisiones obedecen a un simple cálculo matemático, pues quiere aumentar el caudal de votos para las próximas elecciones a rector, sumando, a los votos de sus amigos, los votos de sus adversarios. Por eso les hace favores constantemente a estos últimos. Pero, a pesar de ser un excelente científico, no entiende algo tan sencillo como que jamás logrará el voto de la izquierda porque es un voto ideológico.


-Pero usted le apoyó durante la campaña que acabó con su victoria electoral...


-Es cierto que apoyé públicamente al rector en 2004 y, después, en 2008, cuando ganó. De hecho, nada más llegar al Rectorado, Vicente Gotor sacó de la nevera un proyecto mío que su antecesor, Juan Vázquez, mantuvo paralizado durante ocho años por su sectarismo. El proyecto se convirtió en un libro titulado «1898. La pérdida de las colonias», que fue publicado por la Universidad. Le agradezco aquella decisión y, por eso, me sorprende más aún su postura con relación a mi cátedra.


-¿Por qué evitó pronunciarse sobre el asunto cuando la polémica se hizo pública hace un año?


-Me hubiera gustado participar. De hecho, recibí una oferta de LA NUEVA ESPAÑA para exponer mi postura, pero me vi obligado a rechazarla. La razón fue que el rector, a través de un miembro de su equipo, llamó a mi abogado para decirle que si yo publicaba una entrevista o un artículo en la prensa, me quedaría sin cátedra. Con la ley en la mano, tenía todo el derecho del mundo a ocupar la cátedra, pero, ante la amenaza, me sometí al vil chantaje que me hicieron y renuncié a publicar nada. No obstante, como protesté a nivel interno de los ataques que sufrí, el rector, como represalia, me destituyó como coordinador de la asignatura de Historia de la PAU.


-¿Cómo consiguió finalmente desbloquear la situación para conseguir su cátedra?


-Gracias a un extenso informe jurídico que presenté rebatiendo todas las falsedades y tergiversaciones de mis enemigos del departamento. Además, conté con el apoyo incondicional de un amplio sector de la comunidad universitaria, entre los que desearía destacar a Ramón Sobrino, Isabel Torrente, Javier Fernández Conde, Carmen Fernández Rubio, Ubaldo Gómez y, en especial, al vicerrector de Profesorado, Julio Antonio González, y al director de área Jorge Arias. Al final, el asunto llegó a la junta de gobierno de la Universidad, y en la votación celebrada en el máximo órgano de la Universidad, recibí 30 votos a favor, 1 en contra, y 5 abstenciones, lo que significó vía libre para la cátedra. Por cierto, la señora catedrática Paz Andrés lideró el grupo abstencionista para evitar lo que denominó «el amiguismo» dentro de la Universidad. ¡Y esa señora pretende ser rectora! Vade retro. Por fin, el pasado mes de marzo, después de los exámenes correspondientes, en los que obtuve 110 puntos sobre los 120 posibles, me convertí en catedrático de Historia Contemporánea, con el perfil de Historia de España y del Mundo Actual. El calvario había durado diez largos e infernales meses.


-Siempre defendió que su trayectoria lo avalaba para hacerse con el puesto.


-Así es. Tengo publicados 23 libros, 80 capítulos de libros, 27 tesinas dirigidas y 6 tesis doctorales, 109 conferencias en universidades españolas, 50 conferencias y cursos de doctorados -como profesor invitado- impartidos en universidades de Alemania, Gran Bretaña, Italia, Holanda, Hungría, República Checa, Serbia, Cuba, Perú y Argentina. Detrás de mi situación, está un mal endémico de nuestro país: la envidia. Mi presencia incomoda a profesores del área de Historia Contemporánea, que después de treinta años de vida universitaria han escrito un libro, o que jamás han visitado una Universidad extranjera. A ello, debemos añadir cuestiones de matiz político, pues los pobres aún no se han enterado de que el muro de Berlín dejó de existir hace veintidós años.


-¿Da por zanjado este enfrentamiento?


-En absoluto. Algunos de los que intentaron cerrarme el paso a la cátedra tendrán que responder de sus actuaciones por haber violado la ley. Es el caso, por ejemplo, del director del departamento de Historia, Avelino Gutiérrez. De momento, he presentado un recurso de alzada por acoso laboral contra el citado señor.

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