03 de enero de 2012
03.01.2012

La polémica taquilla del monte

La mayoría de los expertos ve factible cobrar una tasa por visitar determinados espacios naturales protegidos, pero varios alertan de que la medida puede espantar a los turistas

03.01.2012 | 01:00
Guillermo Palomero, en terrenos propiedad de la Fundación Oso Pardo, en el parque natural de Fuentes del Narcea.

La hipótesis, puesta sobre la mesa a debate por el ex consejero de Agricultura Jesús Arango, que dice que los espacios protegidos como los parques naturales deben cobrar por las visitas para facilitar su gestión económica ha levantado polvareda entre los más cercanos al día a día de la vida en un parque natural o nacional en Asturias.

Jesús Barreiro es economista en la división de economía del desarrollo agrícola de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU) en Roma y doctor en Economía Ambiental. Ha trabajado ampliamente en temas de análisis económico de la biodiversidad y, en particular, de la gestión de espacios naturales protegidos, asunto sobre el que llegó a realizar una tesis. En opinión de Barreiro, «los parques naturales son patrimonio de la sociedad y, como tales, tienen funciones que benefician a todos y que deben ser financiadas entre todos. Pero hay otras funciones de un carácter mucho más individual, tipo el ocio de los visitantes, en las que no me parece mal que se puedan proponer este tipo de soluciones». Barreiro sitúa su reflexión en el contexto económico actual, de enorme crisis, «cuando tenemos el problema de que no hay recursos económicos suficientes tiene cierta lógica que se aplique el cobro en los servicios de los espacios naturales en los grupos de uso específico. Tiene bastante fundamento esta premisa como análisis económico».

De todas maneras, Barreiro también quiere dejar claro que el límite entre el bien público y el uso privado tiene ciertos límites que habría que definir antes de cobrar por ellos. «El uso recreativo de un parque natural puede contener un componente educativo, en educación ambiental en concreto, que hace difusa la línea entre lo público y lo privado. Es decir, si cobras por el uso recreativo, ¿no puedes llegar a excluir a colectivos que podrían llegar a un bien público como es la educación ambiental? Habría que delimitar muy bien ambos conceptos de uso».

Barreiro señala, asimismo, que «la mayor parte del presupuesto de los parques naturales no se la lleva el mantenimiento medioambiental, o un grupo de guardería que salvaguarde la biodiversidad o evite el deterioro del parque; la mayor parte del presupuesto se va en carteles, sendas, edificios, personas que atienden a los visitantes..., por lo que si consigues derivar parte del peso financiero de estas actividades con financiación de los usuarios estarías mejorando la gestión en dos vertientes: reducción de la necesidad de aportación general y posibilidad de dedicar más medios a la protección del espacio natural».

Guillermo Palomero es el presidente de la Fundación Oso Pardo (FOP). Esta organización está involucrada en el parque de Fuentes del Narcea desde dos ángulos diferentes: por su propia esencia de grupo ecologistas protector de los osos, uno de los grandes activos del espacio natural, y por ser propietarios de varios terrenos dentro de Fuentes del Narcea. Palomero considera: «Sí que está bien que se cobre, pero siempre precios populares. Es sano que se cobre por visitar las casas de los parques y también por el uso de los servicios». Sin embargo, Palomero quiere subrayar que «hablamos de visitar exposiciones o visitas guiadas, no de cobrar por ofrecer información o folletos, porque es una obligación del parque ofrecer información a todo el mundo. Para ponerlo en un ejemplo claro, creemos que se debería cobrar si se hace un libro, pero no por unos folletos». En ese sentido, el presidente de la FOP cree que es viable generar algunos ingresos extra por publicaciones como libros, por líneas de «merchandising», por visitas guiadas o por líneas de productos específicos de los parques. Pero dejando claro que «siempre con precios muy populares que nunca van a compensar el mantenimiento del parque; como mucho, van a ayudar un poco a aliviar el presupuesto. Lo que no se puede es asustar a los visitantes con precios altos, porque no estamos para tirar cohetes tampoco en ese sentido. Debemos tener como objetivo que acuda más gente a estos espacios y se les puede explicar que están contribuyendo al mantenimiento del parque natural con estas pequeñas aportaciones, pero no se les puede gravar en exceso». Palomero concluye diciendo: «Mantener la biodiversidad exige una gestión que puede ser ayudada en esta pequeña parte, pero nada más. La gestión importante permanecerá inalterable».

Magdalena Álvarez es la presidenta de la Asociación de Turismo Rural de Fuentes del Narcea. Para Álvarez hay prioridades más importantes que poner sobre la mesa en este debate: «Antes de pensar en estas cosas habría que poner el parque a funcionar, porque el hecho es que esto está completamente parado». Para la presidenta de Turismo Rural del suroccidente de Asturias, «hasta ahora la repercusión del parque natural sobre el turismo es muy escasa, porque es una figura que está sin desarrollar. Sigue siendo un espacio muy poco conocido a nivel turístico, incluso comparándolo con todos los demás de Asturias, y primero habrá que hacer un planteamiento más a fondo sobre el lugar, y luego ya se podrán hablar de otras ideas».

Adolfo Lana es el presidente de los hosteleros de Somiedo. Lana reflexiona: «No estaría mal que se comenzasen a plantear estas ideas. Hace tiempo que los visitantes van a las brañas, que es un patrimonio increíble, sin que se le saque verdadero partido. Creo que si se organizaran visitas guiadas, por ejemplo, darían lugar a recursos generados dentro del propio parque, lo cual es positivo para todos». Lana cree que la situación actual no es la más ideal, «se dan mapas, rutas, hay gente trabajando..., y no creo que deba ser así. La información y la documentación, que cuestan dinero, deberían cobrarse, como se hace en tantos sitios. Enseñar el patrimonio, los caminos reales, las rutas guiadas o subir a la gente a los lagos en todoterreno deberían ser otros servicios que pudiese ofrecer el parque y por los que se tendría que cobrar». Lana acaba señalando: «No se puede estar sin hacer cosas. Aquí tenemos grandes apellidos, como parque natural, Reserva de la Biosfera, patrimonio cultural, esa clase de grandes definiciones, pero lo que funciona es porque algunos locos lo propusimos en su día a título individual, y eso debería cambiar».

Simón López, presidente de la Asociación de Ganaderos de Somiedo, no es muy partidario de andar retocando el cobro en los parque naturales porque en su opinión: «El parque de Somiedo está bastante bien gestionado. Hay rutas guiadas que se cobran por la Fundación Oso Pardo, se cobran las visitas a los tres museos, se guía a grupos reducidos e, incluso, puedes salirte de la ruta en zonas de protección especial, van a hacer ahora una ruta de minusválidos..., no creo que haya que tocar cómo funcionan las cosas en ese sentido». Porque López cree que cuando se tocan los precios la gente siempre lo nota, «y lo que no podemos permitirnos es que deje de venir la gente. Cuanta más gente haya, mejor para todos. Entiendo que dependería del canon que quisiesen aplicar, pero está bien gestionado ahora mismo y yo no lo tocaría de momento».

Como presidente de los ganaderos de Somiedo, Simón López asegura que «el parque, tal y como está, nos beneficia porque nos llegan subvenciones, se nos permitió seguir con nuestras costumbres, como es llevar el ganado a los puertos y tener las vacas por los prados, algo en lo que los turistas no se meten. Es más, sin los ganaderos, la etnografía, las cabanas de teitos, no existirían y no vendrían los turistas a verlo, así que es obvio que estamos intrínsecamente relacionados y tenemos un interés importante en que todo funcione bien, de ahí que nuestra opinión sea que no se puede gravar en exceso a la gente que viene a Somiedo». Además, como pasa en otros lugares, muchos de los ganaderos compatibilizan su actividad con el sector turístico, pues han construido casas de aldea para turismo rural.

Jaime García, presidente de la Asociación de Empresarios de los Picos de Europa, Incatur, asumiría el cobro de una entrada, pero con tres condiciones: «Que haya inversión de lo que se recaude», que se ideen «mecanismos, ofrecer algo a cambio, una visita guiada de calidad y difundida, adaptada a todos los públicos» y, en tercer lugar, que «la parte implicada esté representada». García explica que «desarrollar el turismo en un espacio protegido es el condicionante número uno de la comarca, el gran atractivo y lo que mueve muchos visitantes. Incatur tiene como primer objetivo el desarrollo sostenible». Recuerda que «ya estamos cobrando la entrada cuando obligamos, en cierta temporada, a utilizar un medio de transporte concreto para subir», y añade una cuarta condición para aceptar una hipotética tasa para entrar en los Picos de Europa: «La población que está asentada en el territorio tendrá que tener un trato distinto».

A juicio de García, «la política tiene que ser integral. Dentro del conjunto, el factor humano es imprescindible, como se ha demostrado, es el que ha acondicionado el paisaje. Si se habla de la protección de las especies, cualquiera que esté un poco a salto entre la ciudad y la zona rural ve que es necesario proteger y facilitar las cosas a los ciudadanos de la zona rural».

Felipe López, del hotel Sotres, en Sotres de Cabrales, ve la propuesta «fatal». «Cobrar la entrada al parque sería como decir al turismo que se quede en casa. La gente tiene que pagar hasta por respirar», sostiene. En su opinión, esta medida sería perjudicial para el sector: «A los hoteleros nos daría un palo pero, bueno, ya tenemos problemas con las restricciones que hace parques nacionales, si se aprueba esto ya podemos cerrar, coger una escopeta e ir a atracar un banco».

Para este empresario, las restricciones de tráfico que se aplican para subir a los Lagos «en agosto nos hunden. Es el peor mes del año en los Picos de Europa; si ponen una tasa, ya es el acabose».

Afirma que él «no lo apoyaría de ninguna manera» y en el supuesto de que se cobrase una entrada y no se hicieran excepciones con la población, «sería el no va más. Si tienes que bajar y cada vez que subes y bajas te van a cobrar, vamos, lo veo un absurdo completamente. Es como si se ponen en la autovía de Gijón a Oviedo con una escopeta a atracar a la gente. Lo veo fatal, ni siquiera lo veo».

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