29 de enero de 2012
29.01.2012

El hábito vaquero hace a las monjas

Verónica Berzosa, hermana del ex obispo auxiliar de Oviedo Raúl Berzosa, encabeza una nueva congregación que ya supera las 190 religiosas, con una media de edad que no rebasa los 35 años

29.01.2012 | 01:00

La Aguilera, Burgos,


J. MORÁN


Lo creado por la religiosa Verónica Berzosa -hermana del que fuera obispo auxiliar de Oviedo, Raúl Berzosa- ofrece una imagen única: en una capilla cuadrangular de muros de piedra, antiguo claustro del convento de San Pedro Regalado, en La Aguilera (Burgos), 190 monjas, jovencísimas en su mayoría, vestidas con un hábito de tela vaquera, se reúnen a diario para celebrar la misa conventual.


Ni por número, ni por atuendo, existe una estampa similar en toda la Iglesia católica. Y mucho menos en el convento de Lerma, también burgalés, donde Verónica Berzosa ingresó como religiosa clarisa a los 18 años, en 1983. «Al principio éramos muy poquitas, 23 cuando yo entré; y hacía 25 años que no había vocaciones», explicó la propia Verónica Berzosa a LA NUEVA ESPAÑA en una entrevista realizada en mayo de 2005, el día que su hermano Raúl era consagrado obispo en la catedral de Oviedo. Aquélla fue la única entrevista que hasta el presente ha concedido la religiosa, pese a que las peticiones son numerosas por haber protagonizado un fenómeno único en el viejo catolicismo occidental: haber convertido Lerma, a 38 kilómetros de Burgos, en el convento con más ingresos a la vida contemplativa femenina de toda Europa. Es el «milagro de Lerma», según denominación frecuente en medios eclesiásticos, a la vista de que las vocaciones religiosas se cuentan habitualmente con los dedos de la mano.


María José Berzosa Martínez había nacido el 27 de agosto de 1965 en Aranda de Duero, Burgos, y era la quinta hermana de cuatro varones. Adoptó el nombre de Verónica María tras ingresar en Lerma, en la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, comúnmente llamadas clarisas. La abadesa del convento ve en ella posibilidades de trabajo con jóvenes y la nombra maestra de novicias en 1994. Once años después, cuando es entrevistada por este periódico, ya había en Lerma «105 religiosas y unas setenta u ochenta novicias en formación». En la primavera del 2009 sor Verónica es elegida madre abadesa del convento. Son entonces 181 religiosas cuya media de edad no supera los 30 años.


El fenómeno era tan sorprendente y duradero que el antiguo convento de Lerma se les quedaba pequeño a las «veroniquesas», como ya comenzaban a ser conocidas. Dormían casi amontonadas y la vida diaria se hacía difícil. Sin embargo, las incomodidades no supusieron la merma de vocaciones. En 2004 los franciscanos ceden a la comunidad de Lerma el convento de San Pedro Regalado, en La Aguilera, a cinco kilómetros de Aranda de Duero. La Aguilera, a orillas del escaso río Gromejón, es tierra de bodegas, en plena denominación vinícola del Duero. En medio del dilatado horizonte castellano se halla el que antaño fuera suntuoso convento franciscano, fundado el año 1404 por San Pedro Regalado, patrón de Valladolid y de los toreros. Muerto éste, su tumba y cuerpo incorrupto recibieron visitas ilustres, como la de la reina Isabel la Católica, en 1492, cuando regresaba de la reconquista de Granada.


Habitado con esplendor siglos atrás, los franciscanos lo habían abandonado hacía años y al pasar a depender de las clarisas de Lerma ha sido a la vez desahogo de espacio y sede de una singular creación religiosa: Iesu Communio, es decir, Comunión en Jesús, la congregación impulsada por Verónica Berzosa y con características diferentes a las clarisas, por ejemplo, la clausura atenuada, que permite a las religiosas un poco más de contacto con el exterior y, en particular, con las numerosas jóvenes que cada fin de semana se acercan al convento.


En efecto, el 4 de septiembre de 2010, el Papa Benedicto XVI daba su conformidad a la creación de Iesu Communio. En el decreto de fundación se establecía que el monasterio de Lerma pasaba a ser un nuevo instituto religioso contemplativo, con unas constituciones propias y «ad experimentum» durante cinco años. Todas las religiosas de Lerma seguían siendo mujeres consagradas, pero pasaban a pertenecer a esta nueva congregación. No obstante, las religiosas ancianas, enfermas o que tuvieran algún motivo particular seguirían siendo clarisas, aunque con derecho de voz y voto en el capítulo general de la nueva congregación.


La Santa Sede reconocía, asimismo, como fundadora de Iesu Communio «a sor Verónica María Berzosa Martínez, confirmándola como superiora general junto con su vicaria y consejo». En términos prácticos, la «clausura papal», más restrictiva y propia de las clarisas, se convertía en «clausura según las constituciones», que permite al convento desarrollar obras apostólicas y caritativas.

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