capítulo I¿qUIÉN QUIERE QUE EL NIEMEYER VUELe? un caso de Tenderino Bajo
Bajo alta amenaza

Bajo alta amenaza
J. LUGRÁN
Resumen de lo publicado
Tenderino Bajo era un detective privado que, a partir de los años ochenta, trabajó para el sector público, como cualquier emprendedor de Asturias. En los noventa investigó una línea asturiana del «caso Roldán» -que nadie recuerda-, «el Petromocho» -no habías nacido-, la tensión del Gobierno de Sergio Marqués con el PP de Cascos? En 2000 abrió «Tende's», un disco-bar de moda en un parque industrial sobre terrenos liberados de Hunosa -con ayuda de los fondos mineros, como cualquier emprendedor de Asturias-, pero socialistas ya olvidados como Ciprià Císcar y Luis Martínez Noval le obligaron a intervenir en una de las cíclicas crisis de renovación del partido. Resuelto el caso, expropiado el terreno del «Tende's» para el metrotrén, volvió a abrir oficina de detective privado y malvive en la mediocridad económica, como cualquier emprendedor en Asturias. Después del «caso Marea» y de la marea social que reclamaba el regreso de Álvarez-Cascos, una mareona de San Agustín reclama ahora la vuelta de Tenderino Bajo para salvar Asturias, todos juntos y empujando en la misma dirección.

Bajo alta amenaza
Capítulo 1
Frío siberiano entre Versalles y El Quirinal. Ocho y media de la mañana despejada, parque de Ferrera, Avilés. La noche había sido larga, pero había parecido corta, y allí estaba, de doblete, con unos cuantos litros de líquido metidos en el cuerpo y pidiendo salir, y con una cita a punto de puntualidad. Miré a la derecha, miré a la izquierda, iba a hacer pis sobre el árbol caído...
-¿Su nombre es Bajo, Tenderino Bajo?
Me volví, alejando las manos de la bragueta y deteniendo el arranque de la micción, ese que se siente en el ascensor de regreso a casa.
Una mujer metida en un abrigo se acercaba con andar algo marinero, pelo corto, gafas fashion, zapato bajo y una de esas sonrisas luminosas que, al apagarse, vuelven sombría la cara entera. Estreché la mano que Pilar Varela me extendía.
-¿Le importa si hablamos paseando? Esto es muy bonito -disimulé para que no notara que la incontinencia me hacía dar saltos-. Por teléfono me comentó que se trataba de un asunto grave.
-Es el Niemeyer. Recibo amenazas de que va a volar por los aires. ¿Vale? Y no lo llevo. El Niemeyer es lo más blanco de la ciudad, lo más importante desde Ensidesa y lo que completa el proyecto histórico de convivencia de la villa, porque teníamos el fuero desde el siglo XI y hubo que esperar casi mil años para tener el huevo, ¿vale? El Niemeyer es Brad Pitt, Natalio Grueso, Tini Areces, Woody Allen, Carlos Saura, Serrat, Tini Areces, exposiciones, música, teatro, danza, cine, conferencias, gastronomía, glamour, Tini Areces, Luis Eduardo Aute, Jessica Lange, Wole Soyinka, «Los Linces», Tini Areces...
Ella estaba desatada y yo, a punto de soltarlo.
-Todo eso dentro de una arquitectura de volúmenes insólitos que proyecta una nueva mirada a la ría, con espacios? Jackson Browne, Julian Schnabel, Omar Shariff -qué machista ¿vale?-, Vitorín el nuestru, Kevin Spacey, Ricardo III, Tini Areces...
O ella iba al grano o yo iba al baño.
-¿Y dice que lo quieren volar?
-Bueno, ya ha visto cómo se ha puesto el Gobierno por unos gin-tonics, unos paquetes de tabaco y unos taxis de Nueva York, Tánger, Vicky, Cristina, Barcelona?
El frío contrae la vejiga.
-Eso es transparencia, no voladura. ¿Puede enseñarme esas amenazas?, dije con tono ya agudo.
Sacó del bolsillo el teléfono móvil. Estábamos pasando del parque inglés al jardín francés de la pequeña Atenas, donde cualquier árbol es bueno para arrimarse a él y orinar discretamente de no resultar impropio hacer eso ante la Alcaldesa. Me mostró un SMS: «El Niemeyer volará y habrá un nuevo futuro».
-No es gran cosa. Puede ser una broma pesada.
-He recibido diez como éstos. La patrulla Niemeyer de la Policía Local ha intentado localizar su origen.
-¿Tienen una patrulla para la seguridad de Niemeyer?
-Bueno, Óscar el guardia. Ha rastreado los números, todos distintos, todos ilocalizables. Sentémonos.
Se dejó caer con abatimiento en un banco de piedra junto a una fuente con un chorrito de agua, sutil, cantarín y continuo. Permanecí de pie, tapé uno de los oídos para amortiguar el ruido del chorrito y con la otra mano en el bolsillo del abrigo, el único meato. Con una voz que no reconocí mía le recomendé.
-Debería acudir a la Delegación del Gobierno, no a mí.
-Más adelante. No descarto que detrás de estos mensajes haya una falsa amenaza y no quisiera precipitarme y dar oportunidad para que se libre otra batalla a través del Niemeyer. Foro Asturias ha atacado al socialismo de Avilés y ya no tenemos una programación de presupuesto Grueso. Lo que menos quiero es que el Gobierno del PP de Rajoy, a través del delegado en Asturias, Gabino de Lorenzo, dirima sus viejas diferencias con Álvarez-Cascos y su Gobierno regional en la Isla de la Innovación. Quiero oír a Pablo Milanés cantar «Yolanda» el 25 de marzo. Meca, el 25 de marzo quiero oír a Javier Fernández cantar victoria. Tengo que escoger entre el socialismo revolucionario y el democrático.
Aquella mujer no callaba, aquel caño de la fuente tampoco y yo sin un dodotis de adulto.
-Bien, concretemos -apuré, con la rodilla izquierda cruzando la derecha y ligeramente doblado mientras le extendía mi tarjeta-, envíeme a este correo los mensajes de amenaza, los teléfonos de donde proceden, las indagaciones de Óscar. Dedicaré una semana a esto. Hay una amenaza de voladura y cuando se trata de dinamita no me fío de los quinquis de Avilés. Aunque tampoco la Delegación del Gobierno dé garantías totales, les corresponde a ellos si es que todo esto no es una payasada. Y quiero, por escrito, saber a cuánto está pagando su Ayuntamiento. No quiero demoras ni impagos.
Tras una sucesión de posturas más retorcidas que las de Laocoonte y sus hijos estreché su mano en señal de despedida.
Cuando se giró, corrí en dirección contraria dejando atrás a varios ciclistas, hasta llegar a un noble y centenario roble. Los jubilados hacían gimnasia en los aparatos, los parados hacían «footing» por los caminos, las abuelas paseaban los carritos de los bebés de sus hijas trabajadoras y una pareja de adolescentes se besaba. Todo fluía menos el crédito por los bancos.
(Continuará)
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