Oviedo, E. F.-P.

Angelita Andrada era una niña cuando fue deportada con su familia a Francia, allí fue recluida en un campo de concentración y su padre fue enviado a Mauthausen y, finalmente, exterminado. Andrada recibió ayer el premio de la Asociación Trece Rosas de Asturias, a título personal y como representante en la región de la asociación «Amical Mauthausen», que a mediados del siglo XX y desde la clandestinidad empezó a prestar ayuda a los supervivientes del régimen nazi y a los familiares que trataban de localizar a las víctimas y que aún sigue haciéndolo.

Angelita Andrada dedicó el homenaje a su madre, «que tanto sufrió»; a Raquel, «mi compañera de clase judía», y a otras buenas mujeres que encontró en su camino.

Al acto, que se celebró al mediodía en la Casa del Pueblo de Oviedo, asistió el cantante Víctor Manuel, que expresó su reconocimiento a «quienes se dejaron la vida para regalarnos una sociedad mejor» y alertó sobre el peligro de «cualquier brote xenófobo», como germen del que brota «lo peor que el hombre lleva dentro». El artista mierense recordó a los siete mil españoles que murieron en los campos de concentración nazis, 160 asturianos. Andrada habló de los tiempos en que su asociación trabajaba en la clandestinidad y cuando se le preguntó sobre qué valor daba al honor que le hacían respondió: «El honor no es para mí, tiene que hacérseles a los que están en las cunetas».

Al homenaje asistieron, entre muchos otros dirigentes socialistas, los ex presidentes asturianos Vicente Álvarez Areces y Antonio Trevín.