Oles (Villaviciosa)

Ana Paz PAREDES

Begoña Gutiérrez es una de las pioneras en dejar la ciudad para irse a un pueblo y vivir en él de su trabajo. Durante parte de su vida trabajó y vivió en Gijón. «Tenía casa, tenía un trabajo, amigos... pero un día, de repente, me di dije que aquélla no era la vida que quería, que tenía que darle un giro, y me vine a vivir a Oles, al pueblo, a esta casa adonde, desde Gijón, veníamos en fin de semana y que convertí definitivamente en mi hogar y el de mi marido, que se mostró conforme con mi decisión. Desde entonces pasaron ya dieciocho años, y no cambio Oles por nada», afirma.

Se formó de manera autodidacta en el tratamiento y trabajo del azabache, campo en el que es hoy una reconocida artesana. «Antes de venir lo hacía como hobbie, pero pensé que podría ser una salida laboral viviendo en Oles. Hace 32 años, cuando levantamos esta casa, encontré mi primer trozo de azabache al ir a plantar un rosal. Aquello ya era presagio de lo que habría de ser mi vida», añadió. «Cuando llegué, supe que el oficio de azabachero no era fácil de aprender, pero tuve la suerte de conocer a Avelino Solares, uno de los grandes artesanos de la zona, que me enseñó a trabajar en el banco de azabachero clásico. Cuando salgo al extranjero, lo llevo. Me gusta hacer los collares a navaja y ballesta», destaca. Hasta que falleció, le compraba el azabache a Tomás Noval, el último minero azabachero de Asturias, natural de Oles.

Desde entonces hasta hoy vivir en el pueblo no le ha impedido viajar al extranjero para participar en mercados y exposiciones, además de tomar parte en numerosos mercados astures o realizar diversos cursos de perfeccionamiento «Con el tiempo fui comprando alguna máquina, instrumentos, un poco de coral, amatista, ámbar, etcétera», recuerda. El resultado son unas piezas que, a medio camino entre tradición y la modernidad, llevan su firma.

Su relación con sus vecinos no puede ser más positiva. «Yo tengo unos vecinos maravillosos, por eso quiero que mi pueblo tenga vida; cuanta más gente venga a vivir aquí, más vida tendrá. Les estoy muy agradecida porque hay gente buenísima», resalta. Entre uno y otro mercados Begoña Gutiérrez recibe en su casa en Oles a cuantos quieren saber acerca de la historia del azabache o cómo se trabaja. «Llevo a la gente a la escombrera, les muestro cómo se trabaja el azabache porque tengo el taller aquí y les hablo de su historia».

Recuerda que, al estar tan cerca del mar, era imposible tener un huerto debido a las inclemencias del tiempo. «Pero plantamos árboles que protegieran la zona del huerto de las galernas y después de varios años pudimos empezar con un pequeño huerto. Hoy tenemos un poco de todo: tomates, calabazas, lechugas, pimientos, patatas, algo que se agradece mucho como autoabastecimiento y que viene muy bien en los tiempos que corren. También tenemos árboles frutales e inclusive un buen número de gallinas que nos dan unos huevos maravillosos, además de patos, ocas y algún pavo».

Begoña Gutiérrez cree que, en estos tiempos de crisis, «y dado que todos los ayuntamientos tienen terrenos cerca de las ciudades, deberían ceder uno de esos praos que tienen abandonados para que la gente les saque partido con sus huertinas. Seguro que muchos trabajarían esa tierra encantados».