El día que Arias traicionó a Díez-Alegría
En el verano de 1974, hace ahora 40 años, el presidente del Gobierno destituía al general asturiano después de que, con su permiso, se entrevistara con Ceaucescu

Sobre estas líneas, Manuel Díez-Alegía y su esposa, Conchita Frax, en la finca familiar de Buelna (Llanes), en una imagen de archivo. A la izquierda, Santiago Carrillo.
J. MORÁN
Un escueto despacho de la agencia "Cifra" desvelaba en el verano de 1974 -acaban de cumplirse 40 años- que "en breve se producirá el cese del teniente general Manuel Díez-Alegría en la jefatura del Alto Estado Mayor y su sustitución por el capitán general de La Coruña, Fernández Vallespín". El BOE confirmó la noticia a los pocos días y el periódico aperturista "Informaciones" entonó una discreta loa del militar cesado por "su prestigio en el Ejército, su serenidad político-militar (bien probada el pasado 20 de diciembre [asesinato de Carrero]), y por su responsabilidad como inspirador del proyecto de ley orgánica de la Defensa Nacional, ahora en las Cortes". Díez-Alegría era un "hombre de armas y letras", agregaba la noticia.
En efecto, la cabeza del militar asturiano acababa de ser sacrificada en el altar del búnker militar franquista, el sector mayoritario y más conservador del Ejército español, pero ni una sola palabra explicaba los motivos del cese, salvo una leve indicación en el citado diario: "Tras una visita privada a Rumanía, donde se entrevistó con el presidente Ceaucescu". La historia completa se conocería tiempo después. El presidente Arias Navarro "había autorizado aquel viaje a Bucarest, pero cuando los militares del búnker le pidieron cuentas, negó ante Franco haberlo permitido y Díez-Alegría quedó condenado", evoca Pedro de Silva, expresidente del Principado, articulista de LA NUEVA ESPAÑA y autor en 1996 del libro "Las fuerzas del cambio" (Editorial Prensa Ibérica), en el que dedica un amplio estudio al general asturiano y a otros dos gijoneses, Santiago Carrillo y Torcuato Fernández-Miranda, los tres representantes del espíritu de la transición.

El día que Arias traicionó a Díez-Alegría
Aunque criado y educado en Gijón, en el colegio de la Inmaculada (Jesuitas), Manuel Díez-Alegría Gutiérrez había nacido en Buelna (Llanes), en 1905, y falleció en Madrid en 1987. Había sido nombrado en 1970 jefe de Alto Estado Mayor de la Defensa y sus ideas eran las de un Ejército sometido al poder civil, tal y como argumentaba en el libro "Ejército y sociedad" (Alianza Editorial, 1973). Además, Díez-Alegría no temía contactos oficiosos con personajes como Santiago Carrillo, al que "envió un recado mediante un intermediario tras el asesinato de Carrero, indicándole que sabía que los comunistas no estaban detrás del atentado", comenta De Silva.
Hechos como aquél indujeron a Carrillo a aproximarse al general asturiano, y "lo hizo a través de Ceaucescu, quien cursó una invitación a Díez-Alegría", prosigue Pedro de Silva. El militar lo consulta con Carlos Arias, quien le dice que realice el viaje, "a ver qué pasa", pero añade que lo haga con discreción, ya que España no tenía relaciones diplomáticas con Rumanía.

El día que Arias traicionó a Díez-Alegría
Bajo aspecto de itinerario turístico, "Díez-Alegría y otro militar viajan con sus esposas a Bucarest". El militar asturiano estaba casado con Conchita Frax. Cuando Nicolae Ceaucescu le recibe, cree ver en él al "Spínola" español, es decir, al líder de los capitanes de la incruenta revolución de abril de 1974 en Portugal, la de los Claveles. También le insinúa que Carrillo y Pasionaria tendrán que volver algún día a España. "Díez-Alegría no responde a ninguno de esos dos planteamientos", acota Pedro de Silva, quien precisa un dato generalmente confundido sobre aquel encuentro: "Díez-Alegría no se entrevistó en ese momento con Carrillo y me lo confirmó el propio Carrillo".
No obstante, sí se corrió la especie de que "Carrillo había seguido la entrevista detrás de una cortina", admite De Silva, pero ello pertenece a los misterios biográficos del viejo comunista.

El día que Arias traicionó a Díez-Alegría
En España, los rumores sobre aquel encuentro corren como la pólvora y al mismo tiempo el general Cano Portal, bajo el seudónimo de "Jerjes", ataca en "El Alcázar" la reforma del Ejército impulsada por Díez-Alegría. Los tres ministros de Defensa (Aire, Ejército y Marina) piden la cabeza del asturiano al presidente del Gobierno, que les responde que se lo planteará a Franco. Pero ante el jefe del Estado, Carlos Arias "no se atreve a decir que había dado su consentimiento a aquel viaje", relata De Silva.
En síntesis, un par de palabras resumían aquel suceso: traición política contra un "militar de gran altura, un hombre ilustrado y una persona espléndida a la que pude tratar", concluye el expresidente del Principado.
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