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Una catedral construida sobre los restos del legado de dos grandes reyes

Finalmente, poco se sabe de la primitiva iglesia levantada por Alfonso II, que debió ser construida de forma apresurada y hecha de piedra y barro, según se dice en la versión de la "Crónica de Sampiro", un texto histórico de comienzos del siglo XI, copiado por el obispo Pelayo de Oviedo. De ella nada se conserva, pues fue derribada para construir en su lugar otra más bella, según las crónicas, hecha de piedra labrada y columnas de mármol, realizada por encargo del rey Alfonso III, y que fue consagrada el 6 de mayo de 899.

Las excavaciones llevadas a cabo en Compostela, bajo el subsuelo de la catedral, en el último cuarto del siglo XIX por el canónigo A. López Ferreiro y, posteriormente, a mediados del XX, por M. Chamoso Lamas, pusieron al descubierto que allí había existido una antigua ciudad romana, con una necrópolis en la que un mausoleo de cierto relieve destacaba sobre el resto, siendo considerado el que contenía los restos del apóstol Santiago. También se descubrió el edículo, dentro del cual estaba el sepulcro, que según los relatos tradicionales había puesto al descubierto el obispo Teodomiro. En las excavaciones de los años 1946-1959 se pudo descubrir la planta de la iglesia construida por Alfonso III, similar a las asturianas de la época, de traza rectangular y tres naves, separadas por pilares, siendo la central de ocho metros de ancho, y las dos laterales de tres. En la cabecera se encontraba el edículo sepulcral y formaba un ábside rectangular de ocho metros de lado. Esta iglesia fue medio destruida e incendiado por Almanzor en su ataque a Compostela del año 997 y reedificada poco después por el obispo Pedro Mezonzo y el rey Bermudo II, y fue definitivamente derribada para construir la actual catedral románica a partir de 1075.

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