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Los profesores asturianos dedican la cuarta parte de su horario al papeleo

Las secuelas del "caso Marea" multiplican los controles burocráticos l "Pasamos la vida rellenando actas", lamentan los docentes

Actividad docente en el colegio Reconquista, de Cangas de Onís.

Actividad docente en el colegio Reconquista, de Cangas de Onís. C. CORTE

Entre un 20% y un 25% del horario laboral de los profesores asturianos se lo come la burocracia. En los últimos diez años el papeleo en los colegios se ha multiplicado al menos por tres. Es la sensación, apoyada en datos y en relojes, que tiene un colectivo compuesto por más de diez mil docentes en la red pública, que lleva años clamando por una menor presión de oficina. Al contrario, el llamado síndrome del "caso Marea" (un proceso por presunta adjudicación irregular de contratos en la Consejería de Educación en la época de Areces) ha acentuado el control administrativo hasta niveles, en ocasiones, de caricatura, y conduce a la secretaría de los centros a una presión excesiva.

Esos puestos en la secretaría están ocupados en la mayoría de los casos por profesores que compaginan papeleo y docencia, pero de la burocracia no se libra nadie. Los horarios laborales docentes en la red pública están fijados en 40 horas a la semana, de las que 30 se realizan en los centros educativos y las 10 restantes son de libre disposición para tareas docentes, trabajo que se lleva para casa. En Primaria los trabajadores tienen 25 horas lectivas semanales, es decir, en clase con los alumnos; en Secundaria son 20 o 21. Queda poco tiempo libre porque ese horario laboral fuera del aula se gasta en reuniones de coordinación, de departamento, de evaluación o en claustros. Las guardias no son periodo lectivo, sino complementario. Y abundan porque lo normal es que Educación no cubra las bajas laborales por enfermedad hasta días después de que se hayan producido. Los recreos, sin embargo, sí computan como periodo lectivo, igual que las reuniones de los profesores con padres de alumnos.

El ritual burocrático

Hay colegios e institutos que cuentan con un auxiliar administrativo. Una ayuda inmensa. Otros se las tienen que arreglar sin él. El sistema educativo asturiano se ha vuelto tan garantista que ahoga. "Nos pasamos la vida rellenando actas", asegura un profesor. Una simple reunión con los padres de un alumno requiere todo un ritual burocrático que hace unos años hubiera resultado impensable. Y este tipo de reuniones se suceden a lo largo de todo el curso. "Un par de ellas a la semana son de lo más habitual".

Los tiempos de cambios legislativos no ayudan precisamente. En los colegios asturianos las reuniones para la concreción curricular de áreas y cursos para ajustarlos a la nueva ley educativa, la Lomce, afecta a todos los profesores y suponen al menos una cita a la semana.

Las ausencias de los alumnos son consignadas vía digital por todos los profesores, que asisten a reuniones generales de padres, de equipos docentes, sesiones de evaluación o de programaciones de aula por cada unidad didáctica entre otras muchas citas.

Informática enemiga

Quien siga pensando que los profesores son esos profesionales que dan clase a los chiquillos y que tienen muchas, muchas vacaciones, que se pase un día cualquiera por cualquier colegio asturiano y eche un vistazo.

"Nuestra vocación es dar clase, nuestro trabajo está en el aula con los niños, no en una especie de oficina echando números", se lamentan los profesores de uno de los colegios de San Martín del Rey Aurelio consultados por este periódico.

Los soportes informáticos lo ponen aún más difícil. La herramienta Sauce, utilizada por los profesores asturianos para, entre otras cosas, meter las notas de las evaluaciones, sufre frecuentes colapsos, sobre todo en los días finales de cada trimestre cuando se vuelcan esos boletines. "Hay profesores que acaban trabajando desde casa, y a las dos de la mañana", que es cuando la red está menos saturada y se puede entrar, asegura el presidente del sindicato Anpe, Gumersindo Rodríguez, quien critica abiertamente otra de las herramientas informáticas de la Consejería, el llamado Cuaderno de Orientación Tutorial (COT), por lo farragoso de su uso.

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