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"Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido"

E. G.

Oviedo

De Suárez dijo Torcuato: "Es como una esponja, lo absorbe todo, lo elabora, lo asimila y luego sabe mostrarlo como si fuera suyo". No se sabe muy bien si se trata del más amable de los elogios o la más fulminante de las críticas.

De Suárez el político asturiano valoraba su carisma y juventud y recelaba de su ambición y prisas. Torcuato le llamaba "la pieza engranaje". Cuando en una conversación privada ambos discuten sobre el sustituto de Arias Navarro como presidente, y Suárez le pide acción, Torcuato le lanza un freno con forma de frase lapidaria: "Al Rey ni se le obliga ni se le acorrala".

Julio de 1976. El Consejo del Reino está compuesto por 16 consejeros. Tienen la responsabilidad de presentar una terna al rey Juan Carlos para que éste decida el nuevo presidente. De la lista inicial de propuestas de cada miembro del Consejo salen 32 candidatos. José María de Areilza y Manuel Fraga quedan descartados a las primeras de cambio ¡por aperturistas!

Tras las siguientes cribas quedan nueve. Torcuato no suspende la sesión, pese al cansancio. Se trae un pequeño cargamento de whisky. Torcuato juega sus cartas de forma magistral y consigue incluir a Suárez en la terna final, junto al democristiano Federico Silva Muñoz y al tecnócrata Gregorio López Bravo. La sesión acaba a las dos de la tarde, y Torcuato sale de ella para pronunciar una de las grandes frases de la Historia de España, quizá la más importante de su biografía política: "Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido".

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