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ERIC TOUSSAINT | Politólogo belga, especialista en deuda pública

"España necesita hacer una auditoría de su deuda pública: el 60% es ilegítima"

"Espero que otros países aprendan de la decepción de los griegos con Tsipras, al que votaron como un mal menor"

Eric Toussaint, ayer, en Oviedo. LUISMA MURIAS

El politólogo belga Eric Toussaint, especialista en deuda pública, participó en las auditorías realizadas por los gobiernos de Ecuador y de Grecia para determinar si las de ambos países eran ilegítimas o ilegales. Ayer estuvo en Oviedo para disertar sobre esas experiencias y su aplicación al caso español.

-La deuda pública española supera ya el 100% del producto interior bruto (PIB). ¿Hay parte ilegítima?

-Antes de 2007 la deuda era del 40% y ahora, efectivamente, supera el 100%. El aumento tremendo en este periodo es producto de la crisis inmobilaria, del rescate bancario y del rescate de los promotores inmobiliarios. Ese incremento es ilegítimo. Podríamos decir, cómo hipótesis, que casi el 60% de la deuda lo es.

-¿Considera necesaria una auditoría de esa deuda?

-Sí. Estamos hablando de que una parte muy importante de ella puede ser ilegítima. España está en campaña electoral otra vez y los partidos que van a conformar el nuevo gobierno podrían ordenar una auditoría y tomar medidas fuertes en caso de comprobarse que hay una deuda que se adquirió de manera ilegítima. Un ejemplo: imponer el pago a quienes se aprovecharon de ella. Estas auditorías suponen un ejercicio democrático fundamental de transparencia, para desembocar en decisiones de los mandatarios públicos, que son los que representan el interés general. Se puede llegar a una suspensión de pagos, como en Ecuador, argumentada en el derecho y basada en múltiples evidencias.

-¿No hay que pagar?

-Tenemos dos opciones, partiendo de la base de que los ciudadanos no son quienes detentan los bonos de la deuda de España, de que son los grandes bancos nacionales y extranjeros quienes los tienen. En este caso, un impago conllevaría como consecuencia un coste para los bancos. La otra fórmula sería crear un impuesto excepcional sobre los bancos que se aprovecharon de este proceso, para compensar así al Estado. Hay que estudiar las dos opciones. Respecto a los bancos extranjeros, el impago es más eficaz que el impuesto, ya que es difícil para el Estado imponérselo a entidades que no tienen la sede en España.

-¿Y no habría represalias?

-Si se logra como Estado, tal y como hizo Ecuador, una suspensión de pagos, se obliga a los tenedores de bonos, a los banqueros, a entablar un diálogo con el Gobierno soberano del país. Esto ha ocurrido muchas veces en la historia, desde la época de Felipe II. En esta ocasión, sería un impago por razones favorables a la ciudadanía, para permitir que el Estado ahorre y que tenga más dinero para invertir. Si el Gobierno destina parte del presupuesto que tiene del impago a dinamizar y a aumentar el gasto público, eso le permitirá relanzar la economía. Los que están en contra del impago siempre hablan de que habrá represalias, pero lo que habrá es la posibilidad de tener más recursos para aumentar el gasto en favor de quienes lo necesitan.

-¿Se siente defraudado por Alexis Tsipras?

-Sí, claro. Es muy triste para el pueblo griego lo que está ocurriendo. Tenían muchas esperanzas puestas en Tsipras y en Syriza y ahora están muy decepcionados. Le votaron en septiembre de 2015, porque para ellos seguía siendo el mal menor y culpaban a los partidos que estuvieron antes en el Gobierno de lo que sucedió de 2010 a 2014. Es decir, a Nueva Democracia, que vendría a ser el PP; al PASOC, como el PSOE, y a To Potami, que equivaldría a Ciudadanos. El pueblo no quiere que vuelvan y siguió apoyando a Tsipras pensando que, al menos, iba a limitar las nuevas medidas de austeridad. Sin embargo, para la gente que tiene años suficientes se han reducido las jubilaciones a 384 euros, lo que sitúa ese pago bajo el nivel de pobreza del país. Creo que el balance de Tsipras es negativo. Espero que en países como España o Portugal haya posibilidades de obtener lecciones de la experiencia griega para no repetir una decepción tan fuerte.

-¿Deberían plantearse los países del sur de Europa como España, Grecia o Portugal la salida del euro?

-Para estos países tiene más desventajas que ventajas estar en el euro. Es bueno para las economías más fuertes. Para Alemania, Francia, el Benelux, Austria y Finlandia, porque los productos que exportan hacia los demás mercados de la zona euro resultan más competitivos. Cuando se hizo el euro, se subvaluaron las monedas alemanas y francesas, al tiempo que se sobrevaluaron la peseta, el escudo portugués y la dracma griega. La gente pensaba que eso era una ventaja, pero lo cierto es que una moneda sobrevaluada hace que el producto que se exporta sea menos competitivo. Y para ganar competitividad en la zona euro, los países como España, Portugal y Grecia tienen casi como única opción lo que se denomina devaluación interna. Es decir, comprimir los salarios, con lo que la demanda interna baja y la economía sigue en recesión o con un crecimiento del 0,3%. Esta situación podría conducir a salir del euro para tener una política económica soberana.

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