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El abandono de la zona rural asturiana potencia la población de garrapatas

Investigadores del Serida localizan las mayores densidades de parásitos en áreas de matorral y fauna salvaje

Ana del Cerro y Alberto Espí en las instalaciones del Serida, en Deva.

Ana del Cerro y Alberto Espí en las instalaciones del Serida, en Deva. JUAN PLAZA

La garrapata avanza por la Asturias despoblada. Científicos del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) han localizado las mayores densidades de este parásito en zonas de matorral, donde la fauna salvaje gana cada vez más presencia. Los ácaros, transmisores de enfermedades que han activado la alerta sanitaria en España, necesitan para su supervivencia áreas húmedas, ya que son sensibles a la desecación, y animales (hospedadores) de los que alimentarse. Esas dos condiciones se dan, según los investigadores Alberto Espí y Ana del Cerro, en grandes extensiones de la región, debido al paulatino abandono de los pueblos. "La cantidad de garrapatas que hay en estas zonas es tremenda", aseguran los científicos, que han llegado a identificar "más de 80 y 90 ejemplares" en una sola vaca.

El ganado extensivo es precisamente el grupo más expuesto a las picaduras. Muchos animales bajan su rendimiento productivo a consecuencia de parasitaciones masivas, que pueden provocar anemias e incluso la muerte. "Una hembra de garrapata puede estar una o dos semanas enganchada a un hospedador e ingerir hasta 8 mililitros de sangre", sostiene Alberto Espí, que desde 2011 estudia a fondo estos vectores. "El potencial que tienen para transmitir enfermedades es enorme. Ni los mosquitos son capaces de traspasar tantos agentes de patologías diferentes como una garrapata", continúa el investigador.

Esta característica tiene que ver con el ciclo biológico del parásito: pasa por tres estadíos (larva, ninfa y adulto) y para los que cada muda necesita alimentarse de hospedadores diferentes. Las larvas, por ejemplo, se fijan a animales pequeños como ratones; las ninfas, a animales de tamaño medio; y los adultos, al ganado vacuno. Durante todo este proceso, las garrapatas (no todas) portan y transmiten enfermedades, como el Lyme, que afectan también a las personas. Esta afección es originada por la bacteria Borrelia burgdorferi, que infecta la especie Ixodes ricinus, la más frecuente en Asturias. Los investigadores del Serida han concluido, tras analizar una muestra representativa del Sueve, que el 6,1% de los ejemplares adultos y el 1,4% de las ninfas son portadores de esa bacteria. Las cifras no son bajas, según Espí: "Es un porcentaje importante si tenemos en cuenta la gran cantidad de garrapatas que hay en el medio".

A raíz de sus estudios, se sabe que en Asturias hay cuatro de los cinco géneros presentes en España: Ixodes, Haemaphysalis, Rhipicephalus y Dermacentor. No se detectó el Hyalomma, portador de la fiebre hemorrágica Crimea- Congo, que causó la muerte de un madrileño el pasado mes de agosto. Su caso y el de la enfermera que lo atendió son los primeros con carácter autóctono detectado en Europa Occidental. La hipótesis más plausible es que la garrapata pudo llegar a España por medio de un ave. Aunque este género no se ha encontrado hasta ahora en la región, el veterinario Alberto Espí no descarta que, a largo plazo, el parásito pueda cambiar su área de distribución a consecuencia del cambio climático o incluso adaptarse la enfermedad a otro género de garrapata.

"Ahora mismo existen unas tendencias generales, pero no podemos dar nada por seguro. Todo es muy variable y estaremos atentos a las zonas donde creemos que podrían aparecer con el tiempo estas especies", afirma. Espí cuenta que las previsiones científicas son que las garrapatas más habituales del norte de África avancen en los próximos años hacia latitudes más altas de Europa. Y con ellas, las enfermedades que transmiten.

El centro de Biotecnología Animal del Serida tiene congeladas en su sede de Deva (Gijón) a miles de garrapatas para futuros análisis y varios centenares más en alcohol para consultar su morfología. Esta colección, que seguirá creciendo, ha permitido a los científicos conocer la vida privada de un parásito hasta ahora poco estudiada en la región.

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