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Las dos caras de Abdellah Ouelji

Los vecinos del detenido se muestran sorprendidos por haber tenido "al enemigo en casa", de quien destacan un cambio de actitud e imagen en los últimos meses

Decenas de vecinos curiosos, en el momento de la detención.

Decenas de vecinos curiosos, en el momento de la detención. ÁNGEL GONZÁLEZ

Después de la tormenta siempre llega la calma. Tras el revuelo del pasado martes, con un despliegue policial sin precedentes, los barrios de Natahoyo y La Calzada despertaron ayer con una apariencia de relativa normalidad. Las calles, que un día antes fueron tomadas por el más de medio centenar de

En cualquier bar, comercio o corro de la zona sólo existía un tema de conversación: la detención de Abdellah Ouelji, implicado en una operación antiterrorista a nivel nacional que buscaba asestar un golpe de efecto a la organización terrorista Daesh, de la que Ouelji se presupone "pieza clave". Eso sí, las conversaciones animadas se vieron reemplazadas por los murmullos nerviosos cuando se aproxima el periodista.

Parece que una especie de omertá se ha instalado en las calles. El nerviosismo y el miedo de sentir "el enemigo en casa", como aseveraba ayer un vecino que prefiere mantener el anonimato, hace que muchos prefieran pasar por el tema de puntillas, sin posicionarse, e intentando hablar lo menos posible, bien por temor, bien por falta de información. Y es que esa es la pauta predominante: las dudas acerca de la personalidad de Ouelji, su vida y su pasado.

En el barrio saben que Ouelji no es oriundo de Gijón, que nació en Marruecos, pero que llevaba dos décadas residiendo en esta ciudad, primero en un inmueble del grupo residencial Santa Olaya, para después desplazarse a la vivienda sita en la calle Rosalía de Castro, en la que se efectuó la mañana del martes la detención, y de ahí a la calle Venezuela, domicilio familiar que el detenido ocupaba con su mujer y dos hijos. Según fuentes vecinales, los primeros en llegar al país fueron el padre y los tíos del supuesto yihadista, para trabajar como vendedores ambulantes y. con una posición más acomodada, poder traer a la ciudad a las mujeres de la familia y a sus hijos. Así llegó Ouelji a Gijón con sus tres hermanos, que trabajaban, respectivamente, como portero de discoteca, barrendero y dependiente de un quiosco en El Natahoyo. Pasados unos años, la familia se desplazó a la calle Rosalía de Castro, donde aún residen sus ascendientes, que se encuentran en Marruecos. Hace menos de un lustro, el detenido se mudó a la calle Venezuela con su mujer, donde vivió hasta hace unos meses con sus dos hijos, el mayor, un niño, y la pequeña, que rondan los 6 y 3 años respectivamente, y que están escolarizados en los centros próximos a la vivienda.

Y ahí comienzan las incógnitas. Según una vecina del inmueble, a Ouelji no se le conocía oficio, a lo que él siempre respondía que estaba "jubilado" o recibiendo una pensión. Si bien los vecinos de la zona aseguran que su mujer siempre iba "muy bien arreglada" y "se relacionaba mucho" con el vecindario, al detenido aciertan a definirlo como "poco hablador" e "introvertido", hasta el punto de que pocos son los que, en el transcurso de estos años, recuerdan haber tenido una conversación de cierta duración con él.

Sin embargo, sí que hay un punto en el que convergen varios de los testimonios: en los últimos meses, algo había cambiado en la actitud de Ouelji. Vecinos de la zona advirtieron cómo había cambiado su aspecto físico y vestimenta "dejándose crecer mucho la barba" o "llevando una gorra calada, como si se escondiera", algo que no tendría mayor importancia si este cambio no viniese aparejado a otro en su forma de actuar, no sabiendo identificar el qué exactamente, pero asegurando que en ocasiones "daba mal rollo", en palabras de una mujer que conoció a sus padres hace años, "unas buenísmas personas".

En el inmueble de la calle Venezuela se advirtió que hacía más de mes y medio que el supuesto yihadista ya no residía allí con su familia, sino que se le veía de forma ocasional y siempre solo, en ocasiones portando al interior de su vivienda "bártulos varios" que no sabrían identificar. Una vecina aseguraba ayer, desde la mesa de un bar donde tomaba un refrigerio, que la mujer del detenido le manifestó su intención de viajar, en el mes próximo, a su país de origen, dejando aquí a sus hijos para que pudieran seguir con el curso escolar, algo que, a la luz de los acontecimientos, no deja de parecerle llamativo. Muchos son los que piensan ahora que ese viaje era para enrolarse en el Daesh, después de haber sido, durante meses, uno de sus principales propagandistas en España.

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