24 de diciembre de 2016
24.12.2016

La península Antártica se enfría, revela un estudio con participación asturiana

La investigación detecta más hielo en la región del continente y refuta la tesis de que el cambio climático implica un calentamiento continuo

24.12.2016 | 02:17

Después de años derritiéndose, ahora la península Antártica vuelve a fabricar hielo. Una investigación internacional, en la que participa el geógrafo asturiano Jesús Ruiz, revela que la región más cálida del continente antártico ha enfriado un grado en la última década. Los resultados chocan con las tesis científicas más extendidas, que señalan que esta zona del planeta es una de las más castigadas por el calentamiento global. De hecho, desde mediados del siglo XX la temperatura media de la península aumentó en 2,5 grados. Jesús Ruiz explica que ese calentamiento "existió y existirá", pero ahora la Antártida más occidental vive un "ciclo de corto recorrido de enfriamiento". La investigación, demuestra a su juicio, que el cambio climático "no es un fenómeno lineal ni se manifiesta de igual forma en todas las partes de la Tierra".

El geógrafo de la Universidad de Oviedo firma el trabajo junto a otros siete investigadores, entre ellos Marc Oliva, de la Universidad de Lisboa, y Francisco Navarro, del departamento de matemática Aplicada de la Universidad Politécnica de Madrid. "La idea fue de Marc Oliva, aprovechando que desde 2005 no se había vuelto hacer en la Antártida ningún estudio basado en datos instrumentales", explica Ruiz. El último fue elaborado por el British Antartic Survey y concluyó que el proceso de calentamiento se estaba acentuando. La investigación de ahora, publicada recientemente en la revista Science of the Total Environment, da un vuelco a los datos al desvelar que la tendencia se ha invertido.

Después de analizar la evolución de temperaturas de diez estaciones de la península Antártica desde mediados de siglo XX hasta 2015, los científicos comprobaron que las temperaturas habían descendido significativamente, en casi un grado, en la última década (2006-2015) con respecto a la anterior (1996-2005). El hallazgo tiene un impacto directo en la criosfera: una mayor presencia de hielo marino en la región, una ralentización del retroceso de los glaciares y plataformas de hielo, una mayor duración de la cobertura de nieve y una reducción del espesor de la capa activa del permafrost (suelo permanentemente helado que se descongela estacionalmente cerca de la superficie). "En verano, la capa activa se suele fundir unos centímetros y lo que hemos apreciado en los últimos años es que esa franja es menos espesa", puntualiza Jesús Ruiz.

Aunque todavía no se ha constatado, los autores del trabajo prevén que este repentino enfriamiento tenga repercusiones en la flora y la fauna de la región. "Allí sólo hay dos especies herbáceas importantes; el resto son líquenes y musgo. El reto ahora para otros investigadores es averiguar si esas plantas se han extendido o si han podido llegar especies foráneas", comenta el geógrafo asturiano. Los científicos sospechan que el congelador de la Antártida volverá a ser nevera en unos años, a falta de futuros trabajos que lo confirmen. "El enfriamiento se produce a raíz del último fenómeno de El Niño, pero pensamos que va a tener corto recorrido. Quizá de una década", detallan.

De todas formas, los resultados del trabajo son cuanto menos llamativos ya que desmontan teorías y demuestran una vez más que la Tierra es compleja. "A lo largo de millones de años ha cambiado su dinámica y ahora lo está haciendo. Pero no hay que ser catastrofistas. El ser humano vive en lugares donde hay casi 50 grados de temperaturas y en otros, donde los termómetros marcan 40 bajo cero. Al final nos adaptaremos", reflexiona Jesús Ruiz. El trabajo también deja claro que los resultados son exclusivos de la península Antártica y cada zona del planeta reacciona de una forma diferente al cambio climático.

Sobre las causas de este enfriamiento, los investigadores no tienen una respuesta única: "Puede deberse a múltiples factores: vientos, corrientes marinas...". John Turner, del British Antartic Survey, apunta a una estabilización del agujero de ozono y de los patrones cambiantes del viento. Pero de momento la inversión térmica sigue siendo una incógnita. Los resultados chocan con las principales tesis científicas, que durante años apuntaban un calentamiento insostenible en la Antártida. Parece que el cambio climático está jugando al despiste.

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