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La ribera fértil contra el minifundio

Los expertos dan fe del potencial de riqueza agraria de la vega de Bueño y de su aprovechamiento difícil por la fragmentación de la propiedad, frente a la que plantean medidas fiscales o de concentración

La ribera fértil contra el minifundio

"Si es que hay tierras que están locas por dar, y se están perdiendo". La queja, tal y como fue escuchada en la voz de un agricultor de Grado, es el clamor de todo el suelo rico, fértil y abandonado de la Asturias agraria. La frase la ha recordado Emilio Rico, biólogo y consultor ambiental, mirando ahora hacia las grandes vegas fluviales infrautilizadas y en particular al entorno de Bueño, la otrora huerta feraz de Ribera de Arriba como paradigma significativamente sangrante del potencial desatendido. El Pueblo Ejemplar de 2012 tiene alrededor de su trozo del Nalón un ejemplo más que aceptable de lo que deja atrás esta Asturias que avanza de espaldas al campo. O de lo que está dejando de ganar. La vega de Bueño son 55 hectáreas de terreno plano, "de lo mejor en cuanto a localización y capacidad de cultivo y sin embargo en franco abandono", se dolerá el experto. Apenas tiene un cinco por ciento de su superficie en producción, tan poco por los efectos del gran defecto de la estructura de la propiedad, del minifundio, de la fragmentación del dominio de la tierra, de la gran epidemia del campo asturiano.

"De ahí tendría que salir una producción fantástica", persiste Rico. Hay "unos suelos extraordinarios", asentirá el expresidente del Principado Juan Luis Rodríguez-Vigil, que tiene su propia perspectiva de estudioso del medio rural para observar "esas vegas que pueden ser fuente de riqueza y están muertas de risa". La de Bueño añade la vecindad inmediata de Oviedo a su suelo de vega, a la tierra llana y fértil, profunda, nutrida, húmeda y soleada que pasa por ser el tipo de terreno que más agradece la actividad agraria, aportará Felipe Fernández, catedrático de Geografía y especialista en el agro asturiano.

"La tierra es excelente", y también lo dice por experiencia doble alguien que ha nacido en ella y que la ha estudiado para intentar sacarle provecho. Hubo un tiempo en el que Moisés Álvarez del Valle, empresario, presidente de Tradehi y natural de Soto de Ribera, quiso invertir aquí. Valoró poner a producir la vega acordándose por ejemplo de la faba de enorme calidad que daba la huerta de sus padres en Ribera de Arriba, pero analizando también con rigor científico el suelo, constatando que el terreno también podría ser excepcional para el kiwi, los pequeños frutos o el cultivo ecológico, mejor en todo caso "para la agricultura que para la ganadería". Hizo el esfuerzo para comprobar al final que a día de hoy, y "es una pena", "se llena de maleza" por el impedimento esencial que también reseñarán a coro todos los especialistas consultados. Álvarez chocó contra el minifundio, la fragmentación de la propiedad del suelo, la multitud de pequeñas parcelas de dueños distintos y a veces muy difíciles de identificar? "Era inviable". Llegó a esa conclusión después de analizar y preguntar, de encontrar propiedades de la Iglesia y de infinidad de amos, identificados y desconocidos, y tierras progresivamente más y más fragmentadas a medida que se van sucediendo las herencias y hacen que el problema empeore con el tiempo.

Ningún aprovechamiento agrario o ganadero será fructífero, interviene Juan Luis Rodríguez-Vigil, sin soluciones para "el gran problema de Asturias. Hay que acabar con las explotaciones minifundistas, y ésta es una obligación del Gobierno ante el que nadie se atreve a hacer nada". El expresidente señala esas tierras "de aluvión", con su potencia de horticultura bárbara", y también el cercado invisible e insalvable de una estructura de la propiedad "que no permite una explotación mínimamente intensiva ni cuenta con una legislación adecuada de arrendamientos. Esa es la clave". ¿Una concentración parcelaria? La figura es "interesante", avanza, pero "carísima", compleja y larga, y en modo alguno la única alternativa de remedio. Hace falta mucho tiempo y esfuerzo para materializarlas, aduce, y además dan lugar a fincas no demasiado grandes, "de siete u ocho hectáreas y con el problema de que la mayor parte de los dueños son absentistas, viven en la ciudad". Rodríguez-Vigil aboga en su lugar por caminar hacia una solución fiscal. "Si se grava fiscalmente la tierra improductiva, la gente la pondrá a producir de inmediato", afirmará convencido de que para sustanciarlo "no hace falta más que valor y criterio en el parlamento regional".

Pero habrá quien señale otras alternativas, todas susceptibles de ser ensayadas en el campo de pruebas que puede llegar a ser la vega fértil de Bueño. "Fórmulas hay", anota Felipe Fernández al mencionar "las concentraciones parcelarias mediante permuta de fincas", una figura que desde hace varios años tiene en oferta el Banco de Tierras y que serían una suerte de concentración a pequeña escala, sin construcción de infraestructuras ni trazados nuevos de vías de comunicación. Permite que varios propietarios intercambien de mutuo acuerdo sus parcelas para ampliar la superficie útil. El modelo, que exige el ejercicio de la actividad agraria en alguna de las fincas resultantes, tiene la ventaja de que la Administración corre con los gastos de Notaría y la operación nace exenta del Impuesto de Transmisiones, pero también el impedimento universal que lastra casi todas las transacciones en el campo asturiano: que cuesta acreditar legalmente la propiedad de algo que en ocasiones tiene el título de posesión escrito "en servilleta de cafetería". El sistema está como muchos otros pendiente en la vega de Bueño, donde aún no ha sido ensayado.

El caso es que el concejo de Ribera de Arriba, vecino de puerta de la gran ciudad, parte constituyente del área metropolitana central de Asturias que el Principado proyecta ordenar, "podría ser una de las despensas de Oviedo", vuelve Emilio Rico. No dejará de repetir que aquí y en muchas partes de Asturias el campo tiene aspecto de negocio desatendido, que Mercasturias sólo comercializa un dos por ciento de producción autóctona o que de la huerta consumimos mucho menos de lo que producimos. La cuestión es que el problema de la propiedad "tiene que tener una solución si se aborda" y que en Bueño el esfuerzo merece la pena.

Previo análisis riguroso de los cultivos y usos más aptos para cada tipo de suelo, el biólogo identifica su valor en la riqueza del espacio, pero también en su potencialidad para explotar, por su localización, la moda de los canales cortos de comercialización, la venta directa o la producción agraria de "kilómetro cero". Concluye que "con el nivel de paro juvenil que tenemos, mantener esas vegas dedicadas a pasto es perder una parte del dinero que pueden dar" y no acaba sin ofrecer una idea de modalidad de explotación: diversificar, combinar cultivos bajo cubierta y al aire libre y la horticultura con la fruticultura.

En la estrategia de competitividad del medio rural asturiano, fechada en marzo de 2015, el Gobierno del Principado tiene reseñada una medida específica pendiente de abordaje: "Preservar e incentivar la puesta en cultivo de los suelos de vega". Ahí se concreta el valor secundario que aquí han de tener las ganaderías y el prioritario de la agricultura, y es en este punto donde Felipe Fernández añade la necesidad de "catalogar las vegas, de conocer su estado y ordenarlas", de hacer, también aquí, "ordenación del territorio".

Benigno Fernández Fano, jefe de servicio de la Consejería de Desarrollo Rural y Recursos Naturales, estudioso del medio y coautor de un libro de reciente publicación sobre la caracterización del sector lácteo asturiano, asiente a la potencia sin desarrollar de la zona y añade al problema de la fragmentación de la propiedad otro "de oportunidad. Para que haya producción", señala, "tiene que haber un empresario dispuesto a hacer producir esa superficie, y resulta difícil empezar de cero en una explotación de leche. Hace falta un volumen de inversión que a veces cuesta mucho tiempo rentabilizar".

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