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SUSANA LUQUE | Catedrática de Ingeniería Química

"Hay padres de universitarios que acuden a preguntar al profesor cómo van sus hijos en clase"

"Está bien ser comprensivo con el alumno, pero lleva al mínimo esfuerzo y a la idea de que quien lo logra así es más listo"

La catedrática de Ingeniería Química Susana Luque, en Llamaquique, Oviedo.

La catedrática de Ingeniería Química Susana Luque, en Llamaquique, Oviedo. LUISMA MURIAS

Susana Luque (Gijón, 1968), catedrática, es la primera mujer que dirige el departamento de Ingeniería Química y Tecnología del Medio Ambiente de la Universidad de Oviedo. Se siente satisfecha pero con demasiadas cosas en la cabeza.

-Soy directora después de cuatro años de secretaria y por ese estilo me han elegido. En el trabajo hay muchas cosas muy diferentes que atender, más allá de organizar la docencia y la investigación. Cada uno ve su parcela y es necesario hablar y explicar para encontrar la mejor solución para el conjunto. Resolver los pequeños conflictos supone atención y tiempo. Lo más difícil de gestionar en el trabajo y en la familia son las personas. Tengo dos hijos varones de 13 y 16 años.

-Es una edad importante.

-Sí, muchas de las cosas que hacen van a tener implicaciones en su vida y aún no lo saben.

-¿Eso le pasó a usted?

-Yo tenía más claro que conseguir lo que quería implicaba un esfuerzo. En mi época el estudio ocupaba todo el tiempo necesario y ahora, lo noto también en mis alumnos, se le quiere dedicar mucho menos, en favor de otras actividades. El estudio requiere tiempo y esfuerzo mantenido si las cosas no salen a la primera.

-¿Qué ha cambiado?

-La sensación de lo que es el deber, y hay que ser más comprensivo. En parte está bien, pero lleva al mínimo esfuerzo y parece que lograrlo con ese mínimo esfuerzo es ser más "listo".

-¿Por qué lo tenía tan claro?

-Me lo transmitieron. El mensaje general era más claro: hay que esforzarse, el esfuerzo tiene recompensa, hay que ser honrado y no hagas a otro lo que no te gusta que te hagan a ti. Sigo funcionando con esa base y se la transmito a mis hijos, pero hay muchos mensajes diversos y el ambiente es menos proclive en los chicos y en los padres. Hay padres de universitarios que van a preguntar cómo van sus hijos.

-¡Qué vergüenza!

-Es más frecuente de lo que parece. Puedo simpatizar como madre, pero no les puedo dar información porque sus hijos son mayores de edad. Se sobreprotege a los chicos y creen que siempre habrá alguien que les va a solucionar los problemas. Lo último que hicieron mis padres cuando llegué a la Universidad fue acompañarme a comprar el bonobús a Oviedo y me dio vergüenza.

-¿De adolescente valoraba igual lo que decían sus padres?

-Ni de adolescente ni con 30 años... Hasta hace pocos años no reconocí su buen hacer. Hanuman, un amigo hindú que conocí en EE UU, me dijo en 1997 "pasamos la vida queriendo ser diferentes que nuestros padres, hasta que un día nos miramos al espejo y ahí están". Siempre aprecié la experiencia. Mi abuelo fue un ídolo para mí y lo sigue siendo.

Su padre, Isidoro, era profesor de Ingeniería Mecánica y su madre, María Ángeles, maestra de Primaria y Secundaria. Están jubilados. Tiene dos hermanos. Los tres hicieron carrera. Susana Luque, la mayor de sus hermanos y de sus primos -"eso te hace muy responsable"-, estudió en el colegio Cisneros, en la Asunción y...

-En la Laboral, que me gustó mucho porque el ambiente general era parecido y las familias tenían las mismas expectativas. Había compañeras más divertidas que yo. Yo tenía muy buenas amigas pero era muy tímida.

-Está casada con José Ramón Álvarez, profesor.

-Llevamos 25 años trabajando juntos y 21 casados. Me da ánimo y cariño totales y es mi apoyo fundamental; sin él no podría hacer todo lo que hago en el trabajo, en lo personal y en lo familiar.

No tuvo opción a estudiar Farmacia fuera y empezó Química. Su padre le habló de la química industrial -hoy ingeniería química- pensando en las salidas.

-No me apetecía. La descubrí en tercero. Tuve buenos profesores y me gustó lo que tiene de ingeniería y de química. Es de razonar, de matemática, de poco memorizar, de unir conocimientos de disciplinas distintas y buscar solución a algo práctico. Hacíamos el método Bolonia; lo trajo José Coca de EE UU. Éramos 25 en clase, trabajábamos mucho y llevábamos las asignaturas al día.

-¿Por qué quedó en la Universidad?

-No lo tenía pensado. Cuando acabé la carrera me preseleccionó Du Pont, pero quería seguir aprendiendo y salir. Me pesaba el comentario de un profesor que me dijo en tercero: "Cuando usted acabe de estudiar va a ir a trabajar a una fábrica de chocolates y estará ahí toda la vida". Me encanta el chocolate pero me sonó rutinario. Coca me dijo: "Si haces la tesis puedes ir al extranjero".

Su extranjero empezó en Finlandia, en 1992. En 1993 estuvo en Austria, Estados Unidos y Finlandia. En 1994, en Finlandia y Suecia. Vivió todo 1997 en Estados Unidos, donde ha pasado varias temporadas de siete meses.

-Defiende salir y volver.

-Sí. Siempre pensé en volver.

-¿Por qué?

-Así puedo contarlo y aportar a los que no han salido y también porque he recibido y debo devolver. Además, una de las mejores ofertas que recibí fue hace 10 años. La persona que me la presentó me dijo: "Piensa en las implicaciones. Yo acepté y mi mujer no pudo seguir su carrera".

-¿Cómo gestionó las estancias y la familia?

-Me casé en 1996 con una estancia en Holanda. Nos organizamos y fue un verano de trabajo y luna de miel, bicicleta y residencia de estudiantes. En 1997 no había sabáticos y pude estar fuera porque mi marido dio mi docencia. Salimos tres veces más toda la familia hasta 2012. Ahora, Miguel y Andrés tienen un plan de estudios que seguir.

-Finlandia.

-Es un país altamente tecnológico, donde importan mucho la educación y la investigación. Tiene clima duro y gente muy confiada y honesta que espera la verdad. Si no se les defrauda, son cariñosos. Tienen medios y mejores relaciones de la Universidad y la industria. Los estudiantes cobran un sueldo del Estado. Es un país socialista, se pagan muchos impuestos pero revierten.

-Estados Unidos.

-Hay mucha más diversidad. En el centro de investigación donde estuve me llamó la atención que comían todos juntos, tenían buena relación. Se siente la igualdad de importancia de los trabajadores, de la secretaria al director, para que todo funcione. En el MIT trabajé con más intensidad, las reuniones de trabajo eran el sábado. Si trabajas, prosperas. Aquí, no siempre.

-Asturias.

-Es muy buen sitio para la Universidad y para vivir y debería serlo para trabajar.

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