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Las vegas, la huerta olvidada de Asturias

Los expertos urgen a catalogar y estudiar individualmente el valor agroecológico de las riberas, algunas muy transformadas por el paso del tiempo | Las estrategias de ordenación territorial del Principado invitan a descartar la urbanización en esas zonas y a "incentivar su puesta en cultivo"

Las vegas, la huerta olvidada de Asturias

En Olloniego, que una vez tuvo mucha huerta en su trozo del Nalón, ahora cuesta encontrar una parcela amplia donde plantar. Tiene polígono industrial, carretera trazada por el mismo centro de la vega y ferrocarril, un muestrario completo de infraestructuras del siglo XX y principios del XXI. Quinzanas, en Pravia, sigue teniendo una planicie de tierra de labor pegada al Narcea, una que en tiempos fue minifundista y que ha llegado a hoy fragmentada en fincas más extensas como resultado visible de una concentración parcelaria. En Olloniego ahora la vega cumple irremediablemente otros fines; Quizanas cambió el reparto de la propiedad, el uso agrario no.

Entre estos dos ejemplos extremos hay mucha casuística de evolución de funciones en las vegas asturianas, en esos suelos especialmente aptos que la Estrategia de Competitividad del Sector Primario en el Principado califica como de "alto potencial agroecológico" y que los especialistas en ordenación del territorio urgen a catalogar y a estudiar individualmente para saber hacia dónde dirigir las acciones para "incentivar su puesta en cultivo". Para ejecutar esa labor que con esta formulación asume como mandato específico el estudio de oportunidades elaborado en 2015 para el Gobierno del Principado.

Las imágenes aéreas históricas y actuales que ha recopilado y clasificado el Observatorio del Territorio, el grupo de investigación de la Universidad de Oviedo que custodia la Fototeca Digital de Asturias, ofrecen perspectiva para iluminar la extensísima tipología de lo que el paso del tiempo ha hecho con las vegas en Asturias. Da fe de lo que ha sucedido en lo que fueron graneros y vergeles feraces hasta más o menos la mitad del siglo pasado, hasta que el cambio de modelo económico asturiano fue reorientando los usos de algunos de los suelos que por su ubicación y características de composición fueron huertas fértiles de intensa actividad agraria.

Abandonadas por el desinterés que trajo consigo el viraje del modelo productivo hacia uno urbano e industrial, hoy conviven las todavía vacías y disponibles con las ocupadas enteras o parcialmente por infraestructuras de la más diversa naturaleza: polígonos, centrales térmicas, embalses, equipamientos públicos y vías de comunicación... "Hay vegas que conservan las formas y otras que han sido muy transformadas, la solución no es homogénea", aporta Felipe Fernández, catedrático de Análisis Geográfico Regional y director del Observatorio del Territorio. Es él quien menciona la excepcional potencia agraria de estos espacios. También quien expone que para empezar a actuar y a preservar para lo agrícola las riberas fluviales "lo primero debe ser un catálogo, un estudio de cómo está ahora mismo cada una", de su estado de conservación ambiental, la intensidad de su urbanización o su riesgo de inundabilidad; de cuánto, en definitiva, queda todavía por salvar.

En esa tarea puede ayudar el inventario fotográfico histórico que guarda el Observatorio. Un viaje en el tiempo y en el espacio a través de las riberas de los ríos puede confirmar que los de vega han sido siempre suelos muy codiciados, primero para el cultivo y después para casi todo. La situación actual ha perdido mucho terreno a manos de la edificación, pero aún no ha dejado escapar todas las oportunidades. En esta región escasa de suelos planos, confirmará el investigador del grupo Daniel Herrera, "el polígono industrial en las vegas ha sido muy común. Aprovecha la topografía, es más barato y aquí no abundan las zonas llanas". El recorrido, no obstante da para confeccionar una tipología extensa en la que ni mucho menos son únicos la intensidad edificatoria que cegó la vega de Olloniego o la plena disponibilidad agraria que se ha preservado completamente en Quinzanas.

En la ruta que guía Herrera caben también, entre otros muchísimos, el ejemplo extremo de ocupación completa de la vega de Rioseco, en Sobrescobio, sumergida bajo uno de los embalses que abastece al centro de Asturias. O la parcial de la orilla del Nalón en las inmediaciones de Bueño (Ribera de Arriba), donde la Central Térmica de Soto de Ribera y a su lado el equipamiento deportivo de El Llosalín aún dejan libre y plenamente dispuesta para el aprovechamiento agrario una extensa planicie de vega de suelo fértil y especialmente apto, dicen los que lo conocen bien, para determinados cultivos. Si el problema es aquí el nada excepcional de la fragmentación de la propiedad y el minifundio, que dificulta las explotaciones agrarias a gran escala, la imagen concentrada de Quinzanas puede ofrecer un modelo de remedio.

El caso es que, de entrada, la reciente revisión de las directrices regionales de ordenación aboga expresamente por parar. Por "descartar la urbanización de los espacios agrarios más valiosos, como las vegas de los ríos", y por recuperar, frente a "un sistema agrario tradicional desfigurado desde mediados del siglo pasado", el papel del medio rural como "productor de alimentos, paisaje y biodiversidad".

Los pueblos apartados

Hay en la orilla praviana del Narcea, cita Herrera, un ejemplo de pervivencia agraria. Por algo allí, como en la mayor parte de las vegas, "el caserío tradicional, el pueblo de Quinzanas, está deliberadamente apartado de la vega, en la zona de contacto con la ladera" para preservar el suelo agrario útil de una vega que se ve "totalmente libre de construcciones" igual en la foto histórica que en la reciente. El cambio sobreviene cuando el paradigma de la rentabilidad se desplaza desde lo agrario a lo industrial y en las riberas fluviales "se empiezan a introducir nuevos elementos que antes habrían sido impensables". Por eso en Olloniego, donde los pueblos también cumplen y están apartados de la ribera, hasta la no tan nueva carretera que lleva a Langreo discurre ya por el centro de la vega y no, como la antigua, pegada a la ladera. "Más que un cambio de uso", valora Herrera, aquí se da una "modificación total del espacio por la llegada de nuevas actividades".

Todo esto se ve en la comparación de historia y actualidad, en la vista aérea del antes y el ahora de las vegas asturianas. Hay quien también entiende evidente el potencial agrario abandonado que esconden todos esos territorios, habida cuenta por ejemplo de que Asturias consume muchísima más producción agrícola de la que genera o de la rentabilidad que se le ha evidenciado a determinadas explotaciones agrarias.

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