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Periodista, desvela los entresijos de los debates entre los aspirantes a presidir el Gobierno de España

Manuel Campo Vidal: "Temí que Rajoy se fuese del plató cuando Sánchez le llamó indecente"

"Adolfo Suárez y Felipe González son los personajes con más magnetismo de la política española"

El periodista Manuel Campo Vidal.

El periodista Manuel Campo Vidal. VÍCTOR ECHAVE

A Manuel Campo Vidal (Camporrélls, Huesca, 1951) se le hizo un nudo en la garganta cuando de sopetón Pedro Sánchez llamó "indecente" a Mariano Rajoy en el debate de diciembre de 2015. El periodista y moderador televisivo de los choques entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno de España temió que el popular se levantara y abandonara el plató. "Le agradezco que no lo hiciera", reconoce al presentar su nuevo libro, "La cara oculta de los debates electorales" (Arpa), sobre las entretelas de aquellas citas de los aspirantes a dirigir el país. En su larga trayectoria periodística, Campo Vidal pudo admirar de cerca tanto el magnetismo de Adolfo Suárez y Felipe González como la sorprendente felicidad de Irene Montero (Podemos) y los populares Jorge Moragas y José Luis Ayllón cuando acordaron aliarse entre ellos para liquidar a Pedro Sánchez.

-Señor Campo Vidal, dígame por favor qué es lo que tiene más grabado, y nunca ha querido decir, de aquel primer debate en campaña electoral en la España de 1993 entre un presidente del Gobierno Felipe González y el aspirante a sucederle, José María Aznar.

-Poco antes de entrar a plató, Txiki Benegas y Javier Arenas dijeron que ni González ni Aznar iban a participar en el debate.

-¿Qué razones dieron?

-Que no habían llegado a un acuerdo sobre cómo debía desarrollarse el debate. Benegas propuso entrar a debatir por González y Arenas por Aznar.

-¿Cómo se le quedó el cuerpo ante tan insólita salida?

-Les propuse entonces que moderase Carrascal. Se echaron a reír y se dieron cuenta de que aquel pulso era absurdo.

-¿Tan interesante es la cara oculta de los debates electorales en televisión como los que usted ha protagonizado con los candidatos a presidir el Gobierno de España?

-Sí. Es muy interesante la negociación previa de esos debates y la gestión del nerviosismo que se produce durante ellos. De los dos políticos que se enfrentan, uno se convertirá en presidente del Gobierno y el otro quedará relegado a pegar carteles de su partido. Del equipo del vencedor saldrán ministros, y del vencido, conductores de furgonetas.

-Si eso es tan interesante, ¿por qué se le ha ocultado a la audiencia hasta ahora?

-Hasta ahora sólo ha habido libros y artículos sobre esa cara oculta desde el punto de vista político, pero yo creo que vale la pena contar que más allá de esa política están las tensiones y las decisiones que se toman antes y durante el debate.

-Dígame de quién ha recibido las críticas más duras por su papel de moderador de los debates.

-Siempre te critican los seguidores del candidato que se cree que ha perdido el debate.

-¿Es Felipe González el mejor encantador de serpientes de los presidentes de España?

-Hay dos personajes excepcionales por su magnetismo en la política española: Adolfo Suárez y Felipe González. Suárez era especialmente atractivo desde el momento del saludo. Parecía un actor de Hollywood, una especie de Kennedy que además sustituía a señores que le doblaban la edad. Felipe González es más completo: es un buen parlamentario, un gran orador en los mítines y un excelente analista político. Suárez era muy bueno en la táctica, y Felipe González, en la estrategia.

-Le habrá sorprendido entonces que José María Aznar ganara a González en el debate que usted moderó en 1993.

-El primer debate lo ganó Aznar porque González subestimó a su contrincante. Aznar se había preparado ese debate como si se tratase de unas oposiciones. González aprendió en una semana la lección y fue el vencedor del segundo debate.

-¿Por qué no aceptó Aznar repetir el debate ante las elecciones de 1996 ni ante las de 2000?

-Le daban muy buenos resultados las encuestas y no quiso correr riesgos.

-Parece que le recomendó a Rajoy que rechazara su propuesta de debate electoral en 2004. ¿Es que Aznar no se fiaba de su neutralidad?

-También iba Rajoy muy bien en las encuestas, pero en el último mes comprendió que esa recomendación era un error y de hecho es el político que ha participado en más debates: dos con Zapatero, uno con Rubalcaba, uno con Sánchez y el debate a cuatro.

-¿Se ha superado Aznar en el reciente programa televisivo con Bertín Osborne?

-No he visto aún el programa, pero estuve hace poco con Aznar y se muestra firme en sus posiciones y muy orgulloso de la foto de las Azores. Está muy guerrero.

- ¿Qué opina usted del papel en esos debates de Mariano Rajoy, un gran parlamentario pero que suele equivocarse cuando improvisa?

-Pues yo creo que cuando peor se le ve es cuando lee. Rajoy es un gran dialéctico.

-Hábleme por favor de la trastienda, y de sus consecuencias, de la pinza formada por el PP e Irene Montero, de Podemos, para fijar las condiciones de aquel famoso debate a cuatro.

-Era curioso ver unidos a Irene Montero y a Jorge Moragas en contra de Pedro Sánchez. Estaban los dos encantados hasta el punto de que José Luis Ayllón se llevó en su coche a Montero al terminar el debate. Ella es una mujer inteligente y fogosa que se creyó el "sorpasso" que luego no se reflejó e las urnas.

-¿Qué le pasó por la cabeza cuando Pedro Sánchez llamó "indecente" a Rajoy?

-Temí que Rajoy se levantara y se marchara.

-¿Acertó Rajoy al responderle "Hasta aquí hemos llegado..."?

-No califico nunca la actitud ni las palabras de los que debaten. Lo que le agradezco a Rajoy es que no se levantase y se fuese del plató.

-¿Qué refleja la evolución de esos debates respecto de la salud democrática del país?

-Creo que ya nunca habrá elecciones sin debate. Eso lo dije y erré en 1993 porque cuando Aznar llegó a la Moncloa se negó a participar en más debates. Hicieron lo mismo Berlusconi y Chirac. Hoy los españoles no entienden unas elecciones sin debate.

-¿Qué utilidad tienen esos debates para los ciudadanos?

-El debate electoral es un derecho de los ciudadanos, una especie de selección de personal en la que con tu voto apuestas por un presidente.

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