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Belén Fernández, la minuciosidad que alcanzó el límite

Belén Fernández, rigurosa, exigente y de opiniones claras y autosuficientes, dimite tras llegar a su máximo de presión política soportable

Belén Fernández, la minuciosidad que alcanzó el límite

No ha sido fácil lidiar con Belén Fernández: ni fuera del Gobierno, ni dentro. La funcionaria avilesina que llegó a renunciar a ser la candidata a la Alcaldía de su municipio (sin arrugarse, pese a suponer un problema inmediato a un PSOE que recurrió a la hoy consejera Pilar Varela) no ha titubeado a la hora de decidir marcharse. Cansada de un desgaste de baja intensidad pero constante, Belén Fernández no dio mucho margen al Ejecutivo de Javier Fernández para que resolviese su sustitución: tampoco hubo mucha opción para convencerla de una decisión que tenía tomada de manera irrevocable.

Belén Fernández ya apuntaba maneras cuando era una funcionaria constante y precisa, de libro. María Luisa Carcedo, hoy uno de los apoyos de Pedro Sánchez, confió en ella y la nombró hace 25 años jefa de servicio del área de Urbanismo, bajo el gobierno de Rodríguez-Vigil.

Ingresó en el cuerpo de funcionarios autonómicos en 1989 y diez años más tarde Francisco González Buendía vio en ella las mismas cualidades que Carcedo y decidió designarla jefa de servicio de la secretaría de la CUOTA, lo que suponía el máximo órgano jurídico de la Administración autonómica en el ámbito urbanístico. Fue el propio Buendía quien optó por ella como número dos de su consejería para apuntalar el gobierno de Areces del año 2003, en el que la búsqueda de un diseño territorial de Asturias cobró especial importancia.

Belén Fernández se pensó mucho aquel paso, que suponía el salto a la primera línea política. Pasito a pasito fue alejándose de esa imagen de un perfil excesivamente técnico, poco dado al juego de cintura que exige la actividad política. Pero bastante cintura requirió rechazar la petición del partido para encabezar la candidatura en Avilés (el PSOE avilesino conoció la decisión por medio de una carta en la que la entonces viceconsejera reconocía que se sentía a gusto en el Principado) y, ahora, hacer valer la decisión de dimitir en contra del criterio del Ejecutivo de Fernández, que trató de evitar una crisis de gobierno como esta.

A Belén Fernández se le han sumado cuestiones personales con un punto de saturación en el continuo goteo de pequeños escándalos y quejas que ha supuesto su gestión al frente de la consejería, aunque muchos de los asuntos le viniesen heredados. No había semana en la que no acabase en la Junta General alguna cuestión por la que debía responder Fernández, bien sobre la contaminación del área central o sobre las infraestructuras que demanda Asturias. La Zalia y Sogepsa han sido una cruz especialmente pesada para esta vecina de la localidad avilesina de Miranda. Hasta que dijo que ya estaba bien, y entonces nadie pudo frenarla.

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