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JOSÉ LUIS RIESTRA NORIEGA | Reumatólogo del HUCA, acaba de jubilarse después de 32 años

"Los médicos piden pruebas diagnósticas sin haber podido examinar bien al enfermo"

"El HUCA se ha convertido en una oficina, eres más secretaria que médico; es un trabajo muy burocrático, tienes que hacerlo todo"

José Luis Riestra Noriega, en Oviedo. LUISMA MURIAS

José Luis Riestra Noriega acaba de jubilarse después de 32 años como reumatólogo del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Después de estudiar Medicina estuvo siete años formándose en el Hospital Marqués de Valdecilla (Santander) y en Canadá. El pasado 17 de noviembre fue su último día de trabajo en el HUCA "con la consulta llena". Dos días más tarde, cumplió 63 años. Ha decidido acogerse a la jubilación anticipada. Continúa con su actividad privada.

- ¿Por qué ha decidido anticipar su jubilación?

-He estado 32 años en el HUCA, pero en estos últimos, desde el traslado a La Cadellada en junio de 2014, no he estado a gusto. El hospital se ha convertido en una oficina, eres más secretaria que médico, y esto no me gusta. No me gusta a mí ni a muchos otros, también de los más jóvenes. Es un trabajo muy burocrático, cada vez con más volumen de tarea, y la cantidad está reñida con la calidad. Tienes que hacerlo tú todo: informes, pasar al paciente, dar el alta, dar revisiones... El personal paramédico, como lo llamo yo, no hace gran cosa. Pero no es culpa de ellas. Por eso me he marchado: no estaba a gusto. Ni yo ni mucha gente.

- ¿Cómo ve la situación de las listas de espera?

-Es inadmisible lo que está sucediendo en algunos servicios.

- ¿En el de Reumatología?

-Tenemos dos o tres meses para una primera consulta, pero hay otros que tienen un año. Es un caos. Antes, una resonancia lumbar suponía seis meses de espera, y ahora una semana. Luego no tienes tiempo para ver esos resultados. Hay un déficit de gestión de los jefes de equipo, que a menudo no se involucran.

- ¿Tiene la sensación de que la sanidad pública tiene un problema de gestión grave?

-Algo así. Problema de liderazgo y de tirar del carro. Hay casos muy claros: servicios que tenían un año de espera y que ahora tienen dos meses, y eso es porque la cabeza ha cambiado. Está clarísimo y hay que decirlo. Con todo, mensaje global es que el HUCA tiene que mejorar y puede ser un hospital bandera. Hay que mirar por el hospital y mejorarlo, hacer crítica constructiva, porque todos vamos a terminar pasando por él.

- ¿Ha dejado drásticamente de ir por el HUCA?

-Sigo yendo a las sesiones clínicas, y también a otras reuniones de reumatólogos. Está bien que la jubilación no sea un giro forzoso y abrupto de tu vida profesional; es bueno seguir vinculado. En otros países existe la figura del médico consultor senior. Aquí apenas tiene implantación. Te jubilas, dejas de pisar el hospital y ya nadie te conoce. Eso es malo para todos, también para la gente joven.

- Antes todo el mundo tenía reúma y ahora nadie emplea esa palabra.

-Enfermedades reumáticas hay 100 o 150 diferenciadas. La gente aprende a convivir con los dolores causados por la artrosis, el reúma muscular y problemas parecidos, y lo resuelve con el médico de atención primaria. Los pacientes van aprendiendo trucos: actividad física, analgésicos... En los hospitales, los reumatólogos se dedican más a las enfermedades autoinmunes, en las que los tratamientos experimentaron una revolución en los últimos 15 años, con las terapias biológicas. Para los que llevamos muchos años en esta especialidad, este avance ha sido muy gratificante. Han mejorado mucho los pronósticos de enfermedades como artritis reumatoide, espondilitis, artritis psoriásica...

- Todo el mundo conoce la traumatología; mucha menos gente conoce la reumatología.

-Sí. Hay confusiones, pero es que la reumatología es una especialidad de las más jóvenes. Y en Asturias hemos tenido un retraso histórico, por ejemplo con relación a Cantabria. Allí hay en la sanidad pública 20 reumatólogos para medio millón de habitantes, y aquí para un millón estamos sobre 16. Y allí el reumatólogo tiene un protagonismo y un prestigio mucho mayores. En Galicia sucede algo parecido. El retraso de Asturias se debe a que otras especialidades, sobre todo traumatología y medicina interna, invadieron el campo de la reumatología. En esto influyó mucho que el servicio de Medicina Interna del Hospital General de Asturias hacía mucha reumatología.

- Puede pensarse que el reumatólogo es un médico un poco frustrado porque no puede operar o hacer tratamientos intervencionistas.

-No, es una especialidad médica del aparato locomotor, como existe el especialista en aparato digestivo con relación al cirujano, o el cardiólogo con respecto al cirujano cardíaco. Compartimos pacientes con los traumatólogos, y la relación es correcta, tanto en la sanidad pública como en la privada. Sí es cierto que los traumatólogos no entienden a veces que un paciente con una artritis crónica, si se opera, pueda ir mal porque se produzca una inflamación en la rodilla. Es un problema de entendimiento, pero con buena intención se soluciona.

- ¿Uno de los mayores desafíos de los reumatólogos es el tratamiento del dolor?

-Sí, somos médicos del dolor porque el paciente que acude a una consulta de reumatología suele presentar dolor. Hay muchos tipos. Los médicos de cierta edad decimos que son muy importantes el ojo clínico, la experiencia y, luego, las pruebas diagnósticas. ¿Qué ocurre a veces? Que los médicos de todas las especialidades acuden demasiado a pruebas diagnósticas sin haber podido examinar lo suficiente al enfermo. A veces no se dan las condiciones para una buena exploración. Eso provoca que a menudo los diagnósticos se retrasen. Incluso los pacientes de 30 años quieren un especialista con experiencia.

- Hay quienes sostienen que el ojo clínico es un concepto superado.

-Conozco médicos de 85 años que diagnostican al paciente según entra por la puerta.

- ¿Qué dolores suelen ser los más rebeldes?

-Son muy complicadas las espondilitis anquilosantes en varones, una enfermedad que afecta a la columna. Tomaban muchísimos antiinflamatorios, cortisona, no podían dormir... Tenían una calidad de vida pésima. Con la llegada de las terapias biológicas, esto ha mejorado, pero no para todos: sigue habiendo un 20 o u 30 por ciento que son refractarios a estos tratamientos, y que incluso tienen que recurrir a opiáceos. Y luego todos los dolores procedentes de la columna, por ejemplo una artrosis discal severa, que no es operable, y que puede afectar a un trabajador autónomo que no puede permitirse la jubilación porque cobraría cuatro perras... Son casos con una vertiente médica y otra laboral, y son frecuentes. Ahora tenemos mucho arsenal terapéutico. Hace 20 años, los opiáceos eran un mito, pero ahora, bien utilizados, dan calidad de vida. Con todo, nada es la panacea, y muchas veces hay que recurrir a soluciones multidisciplinares: traumatología, rehabilitación, tratamiento del dolor...

- La columna es nuestro gran talón de Aquiles...

-Eso es así desde que nuestra especie dejó de caminar a cuatro patas. Siempre recomiendo natación, y lo segundo, bicicleta. Vengo de familia de ciclistas, y hago bici casi todos los días. La bicicleta bien hecha fortalece la musculatura paraespinal, relaja el dolor lumbar, sudas, liberas endorfinas...

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