14 de enero de 2018
14.01.2018

La sociedad antes llamada SOMA

La central, en tierra de nadie por su conflicto con UGT, en su etapa más dura

14.01.2018 | 00:25

En el año 1993, por desavenencias con su discográfica Warner, el cantante Prince abandonó su nombre artístico, reapareció haciéndose llamar con un símbolo impronunciable y acabó apelado como "el artista antes llamado Prince".

El sindicato minero SOMA se encuentra en un limbo parecido. Sus afiliados se integran en la nueva Federación de Industria, Construcción y Agro (FICA) de UGT y la antaño todopoderosa organización que capitaneaba José Ángel Fernández Villa ahora únicamente existe como una junta de administración de patrimonio del sindicato. José Luis Alperi, hasta finales del año pasado secretario general del SOMA, ahora trata de mantener protagonismo sindical en calidad de presidente de la sociedad administradora; así se ha presentado en diversas actividades en las últimas semanas.

El colectivo antes llamado sindicato SOMA se encuentra ahora gravitando en suspensión justo cuando se avecinan las horas más amargas para el sector que lideró.

Una muestra de todas estas paradojas pudo verse el pasado día 10, cuando representantes sindicales de UGT se manifestaron frente al ministerio de Energía para protestar por el cierre de centrales térmicas de carbón. Alperi estuvo presente en la protesta, pero no fue uno de los interlocutores en la reunión que se produjo esa misma tarde con el ministro de Energía Álvaro Nadal.

Quien sí subió al despacho fue Jenaro Alonso, quien tiene en su mano la representación del sector energético y minero como secretario general del FICA, nombrado en aquel congreso en la que, por ausencia, los delegados del SOMA firmaron su ingreso en una peligrosa "tierra de nadie".

Quizás la ausencia de Alperi acabó siendo un alivio, ya que establecería una chocante paradoja. Los representantes sindicales que abandonaron el despacho del ministro dieron -hecho singular- su total respaldo a la posición del ministro sobre el futuro de las térmicas. Y el ministro Nadal expresó su plena coincidencia con los planteamientos sindicales. ¿Dónde está el problema? Justamente en el PSOE.

Nadal lleva meses tratando de conseguir el respaldo parlamentario de los socialistas para impulsar una ley que impida a las empresas energéticas llevar a cabo el cierre de centrales de carbón aprovechando los vientos contrarios a esta forma de generación que soplan en Europa y al mayor negocio y mejores beneficio empresarial que obtendrían con los ciclos combinados de gas, con una casi segura subida de los recibos de la luz.

Pero el PSOE, que trata de sacar pecho con las banderas verdes que enarbola su presidenta Cristina Narbona, y que se enfangó en las arenas movedizas de la "descarbonización" en el último congreso, no está dispuesto a dar ese respaldo. Y además es el asturiano Hugo Morán el responsable de establecer ese criterio político.

Se da así la paradoja de que el sindicato SOMA, que con su respaldo contribuyó de manera decisiva a inclinar la balanza en Asturias a favor de Pedro Sánchez y que contribuyó a aupar a Adrián Barbón en la secretaría general de la FSA, se enfrenta ahora a retos que suponen una severa discrepancia interna con la dirección federal socialista.

Para colmo, la minería tiene ante sí la fecha límite para la continuidad de las explotaciones no rentables que ha establecido la Unión Europea, que muy difícilmente podrá sortear Hunosa.

Su existencia espectral complica las opciones para expresar discrepancias internas (Alperi es miembro del comité federal del PSOE), más allá de protestar a golpe de tuit. La sociedad antes llamada sindicato SOMA, ahora una administradora de bienes, está rehén en un callejón sin salida. Cuando sus dirigentes más deberían ejercer la fuerza para influir ni siquiera ellos mismos sabe qué son.

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