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SEVERIANO DELGADO | Historiador y bibliotecario en la Universidad de Salamanca

"Las palabras de Unamuno y Millán Astray son literatura, no una fuente histórica"

"Aquel 12 de octubre del 36 no se dijo 'Venceréis pero no convenceréis' ni '¡Muera la inteligencia!' pero sí hubo un enfrentamiento verbal muy serio"

Severiano Delgado.

El historiador Severiano Delgado, bibliotecario de la facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca, levantado una polvareda con un breve trabajo de 34 páginas titulado "Arqueología de un mito, el acto del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca". ¿Por qué? Afirma que son una invención literaria de Luis Portillo -profesor exiliado en Londres- las míticas frases del enfrentamiento verbal entre Unamuno ("Venceréis pero no convenceréis") y el militar Millán Astray ("¡Muera la inteligencia!"). LA NUEVA ESPAÑA amplía con él sus tesis de "un relato literario del enfrentamiento entre el Bien y el Mal" que "como fuente histórica no sirve".

- ¿Hay heridas incurables?

-Unamuno es un personaje que llamaba mucho la atención en vida y la sigue llamando todavía hoy. El acto del 12 de octubre es visto como un enfrentamiento simbólico entre los valores democráticos y la barbarie fascista, entre la inteligencia y la brutalidad, entre la pluma y la espada. Hay numerosos símbolos y mitos en la cultura europea que serían asociables a este acto, y la gente de manera instintiva le aplica el que más le gusta o aquel con el que se siente más identificado. Una guerra civil no se cierra nunca, y más teniendo en cuenta que la Guerra Civil española, el régimen dictatorial nacido de ella, perduró hasta 1975.

- ¿Qué pretendía Portillo?

-Actuó con una completa buena fe. No tenía intención de acomodar ni falsificar nada. Solamente hizo una pieza literaria para solemnizar el enfrentamiento entre Unamuno y Millán, entre el Bien y el Mal. En realidad, "Unamuno's Last Lecture" es una pieza teatral, una tragedia griega, con el héroe, el antagonista y el coro, o una pieza de teatro litúrgico, como aquellas en las que el Diablo y el Ángel se enfrentan en la plaza del pueblo. De este modo hay que verlo. Portillo puso unos elementos de atrezzo o de guión tomados de los noticieros cinematográficos, que en aquella época se ponían siempre antes de las películas, para que el público identificara sin problemas el escenario como la España de Franco. Por lo demás, ese relato parece ser que formaba parte de una biografía de Unamuno que Portillo tenía en proyecto pero nunca terminó, o al menos nunca la publicó. "Unamuno's Last Lecture" fue publicado junto a un relato de Arturo Barea titulado "The Legion", que es un capítulo de La forja de un rebelde, "El Tercio", en el que Millán Astray, entonces coronel de la Legión, le propina una salvaje paliza a un legionario mulato para demostrar su concepto de la disciplina. Eso lo vivió Barea, pero ¿es historia ficción? No, es la recreación literaria de un hecho real. Lo mismo hizo Portillo. Son dos relatos sobre la brutalidad de Millán Astray.

- ¿La recreación de aquellos hechos daña la imagen de Unamuno y favorece a la de Millán o sus figuras siguen igual?

-Nada tiene por qué cambiar. En el paraninfo de la Universidad de Salamanca hubo un enfrentamiento verbal muy serio y muy violento entre Unamuno y Millán Astray. Eso es cierto y está más que demostrado. Yo lo único que he puesto en cuestión es el discurso atribuido a Unamuno, ese que empieza "Todos estáis pendientes de mis palabras" y termina con el párrafo de "Este es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote". Eso es un discurso escrito por Luis Portillo basándose vagamente en las ideas que se le habían quedado de las crónicas sobre el acto del paraninfo publicadas en la prensa de la zona republicana en enero y febrero de 1937. Crónicas que a su vez reproducían las publicadas por la prensa francesa en enero de 1937. Hubo un periodista catalán, el sacerdote Josep Maria Tarragó, que viajó hasta Salamanca en diciembre de 1936 para entrevistarse con Unamuno. Era corresponsal del diario católico francés "La Croix". En enero de 1937 publicó varias crónicas en Francia que fueron reproducidas por la prensa española de la zona republicana. También se habían publicado noticias sueltas del acto del paraninfo, sobre todo la frase "Venceréis pero no convenceréis" con numerosas variantes. Luis Portillo retuvo todo eso en su mente y luego, con cosas de su propia cosecha, lo usó para escribir "Unamuno's Last Lecture".

- ¿La versión de Hugh Thomas fue decisiva?

-Sí. Primero fue Thomas quien incorporó ese relato, como fuente histórica fidedigna, a "The Spanish Civil War "(1961), y luego Ricardo de la Cierva hizo otro tanto en su "Historia ilustrada de la Guerra Civil española" (1970). Un historiador liberal inglés y el historiador oficial del franquismo coincidían en la misma versión? ¿qué más se puede pedir para darle crédito? El relato de Portillo se popularizó gracias al éxito del libro de Hugh Thomas, que a su vez tuvo éxito porque una forma distinta de ver la guerra civil, alejada de las historias militantes publicadas hasta la fecha. Además, el franquismo tuvo una relación muy extraña con Unamuno. Tuvieron al rector en "arresto domiciliario" hasta que murió, porque era una figura incómoda, pero le dieron un funeral con honores falangistas y se publicaron grandes alabanzas de Unamuno en la prensa oficial.

- Conociendo las figuras de ambos, ¿podrían haber dicho esas palabras?

-Millán Astray en sus últimos años estaba mal de la cabeza y decía auténticas burradas. Por eso lo quitaron de Prensa y Propaganda. Las palabras que Portillo pone en boca de Unamuno podría haberlas dicho el rector, pero con otro tono y otro estilo. Portillo, que fue profesor de derecho de la Universidad de Salamanca entre 1932 y 1936, no pilló el tono al estilo de Unamuno.

- Ha dicjo que fue "brutalmente banal" aquel acto. ¿Por qué?

-En aquella época la violencia verbal en los mítines era habitual. La gente decía unas burradas que hoy día sería inadmisibles. En el acto del paraninfo hubo mucha violencia verbal, mucha tensión, pero después Unamuno, Millán Astray y el obispo se despidieron a la salida con gran formalidad.

- Unamuno como símbolo de una protesta cívica frente a la barbarie, ¿imagen a desterrar?

-No. Es una imagen adecuada de Unamuno, que siempre estuvo frente a la barbarie, excepto en los momentos iniciales del alzamiento militar, hasta que se dio cuenta de que era una barbarie.

- Andrés Trapiello afirma que, pese la exageración literaria, el mito sigue vivo. ¿Para usted también?

-Sí, claro. Una cosa es un mito y otra la realidad histórica. Son planos distintos. A mí lo que me molesta es que se siga utilizando el discurso de Portillo como si fuera de Unamuno, cuando ya sabemos que no es así.

- ¿Que Unamuno fuera al casino demuestra que no le dio importancia o que no percibió la relevancia del hecho?

-Las dos cosas. Unamuno era un hombre de costumbres fijas, hacía lo mismo todos los días a la misma hora. También tenía una enorme seguridad en sí mismo. Me parece que no se dio cuenta de lo que se le venía encima, pero eso nos pasa a todos de vez en cuando. A mí mismo, por ejemplo, con esta investigación.

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