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Jesús Arango | Economista, acaba de publicar "Asturias. Sendas y escritos"

"Quiero una Asturias exportadora, con espacios rurales innovadores; hace falta conciencia de ruptura"

"Dispersamos recursos con una especialidad en llingua que servirá como mérito en las oposiciones a maestros; detrás de todo eso está el miedo a la competencia"

Jesús Arango, en su casa de Los Cabos (Pravia).

Jesús Arango, en su casa de Los Cabos (Pravia). MARA VILLAMUZA

Jesús Arango Fernández (Los Cabos, Pravia, 1947) hila sus propuestas para el futuro de Asturias desde la casa natal de piedra de Los Cabos (Pravia), restaurada y cuidada con mimo, en la que muestra orgulloso unas tomateras como de diseño, pegadas a un muro del hórreo del siglo XVII. Por el jardín hay hortensias, fréjoles, manzanos y hasta dos aguacates recién plantados, que enlazan la historia del pueblo con la de la América indiana que acoge una nutrida colonia de Arangos, entre los que se contó el mismo Pancho Villa.

Ilustrado del siglo XXI, como le definió el presidente del Principado, Javier Fernández, Jesús Arango no se detiene en la anécdota. En 1982 dejó la Universidad para formar parte del primer Gobierno de la autonomía asturiana. Entre 1987 y 1992 estuvo con Carlos Romero, uno de sus grandes amigos, en el Ministerio de Agricultura. Si algo, a su juicio, sobra en esta región es ese apego al relato corto, que no permite mirar más allá. Está convencido de que hay que hacerlo sin perder un tiempo que juega en contra. Para ello, Asturias debe remar contra seis vientos adversos que obstaculizan el progreso: el invierno demográfico, los localismos, la educación, el minifundismo empresarial, la transición energética y la globalización.

En esta entrevista, Arango, que acaba de publicar en formato digital "Asturias. Sendas y escritos", una recopilación de artículos escritos en LA NUEVA ESPAÑA en los últimos diez años, concluye que la esencia de Asturias no existe, la región debe abrirse al exterior, salir a comerse el mundo y acabar de una vez con los localismos paralizantes.

- Entre esos seis vientos adversos contra los que Asturias debe luchar para prosperar siempre figura el campo como telón de fondo?

-La aldea fue durante siglos la gran fábrica de esta región, una tierra pobre hasta que el carbón y el acero propiciaron un desarrollo de corte colonial con capital belga y de La Rioja, como fue el caso de Pedro Duro. La revolución industrial de finales del XIX llegó con 80 años de retraso a las aldeas.

- ¿Las nuevas tecnologías van a cambiar al ser humano?

-Nos deslumbran los móviles, las tabletas y todas estas cosas. Yo creo que ayudan poco a la productividad. La tercera revolución industrial comenzó a partir de 2004 y veo que todos estos inventos no agregan nada. Hay una gran discusión entre los pesimistas y los llamados "tecnomistas", que piensan que la inteligencia artificial va a cambiar el mundo totalmente. Veremos.

- Apunta al invierno demográfico como ese primer gran viento desfavorable. En cualquier caso, es un problema común con otras regiones de Europa.

-Cierto. El panorama de Europa es desolador, pero en Alemania utilizan la población como elemento de planificación. Hubo países que hicieron políticas demográficas a largo plazo. A corto plazo, podemos aplicar políticas migratorias de empleo. Para pasar del invierno a una primavera demográfica hay que diseñar políticas de natalidad diferenciadas. No es lo mismo que nazca un niño en Oviedo a que nazca en Somiedo. La otra gran cuestión es crear empleo. En las zonas rurales hay un potencial enorme en los montes comunales. La gran aventura interior de Asturias es lograr que el área rural sea una opción de vida.

- Propone mano de obra inmigrante para explotar los montes. ¿Se perderá la esencia de Asturias?

-La esencia de Asturias no existe. Los que más presumen de asturianos vinieron de la emigración en el siglo XIX. Las cuencas mineras se nutrieron primero de emigración. Hubo una economía colonial del carbón y el acero, de capital foráneo. Lo mismo pasó en los 50 y 60 en Avilés y en Gijón. No nos acordamos porque estamos acostumbrados a vivir pensando en el último trimestre. Una vez me preguntaron qué son árboles autóctonos... Claro, depende del siglo al que nos remontemos. Europa debe ser consciente de que necesita mano de obra inmigrante, pero hay que hacer las cosas de forma ordenada, con planificación.

- ¿Quién debe planificar?

-Tenemos que buscar ideas nuevas. Si seguimos con las tendencias actuales, la proyección está clara. El problema de Asturias es que tiene la población más envejecida de España, con una desigualdad enorme de reparto entre el centro y las alas. La tendencia natural es a la congelación demográfica. Tenemos siete municipios con menos de cinco habitantes por kilómetro cuadrado. El 80 por ciento de la población vive en el 20 por ciento del territorio, en el área central. En 1900 la tendencia era a la inversa. Ponemos parques naturales y no nos preocupamos de las personas. Más del 80 por ciento vivía en pueblos; hoy, menos de un tercio. Aquí hubo una economía dual. La gran fábrica de Asturias fue la agricultura. Los campesinos explotados por la Iglesia y la nobleza pagaban. Esa economía era de hambre. En 1855 una familia de Tolivia (Laviana) llevaba un mes alimentándose de hierba. Dos niños murieron de hambre. Asturias era muy pobre. Las minas arrancaban y empezaba la actividad industrial. Ese gran espacio rural quedó colgado hasta los sesenta.

- Y a todo esto, los localismos sigue vigentes...

-Decir que los localismos no existen en Asturias es ignorar la realidad. La historia también pesa, venimos de clanes, somos de valle. En 1974, en SADEI hicimos un informe sobre cómo sería Asturias en el año 2000. Mencionábamos seis núcleos: Avilés, Oviedo, Siero, Mieres y Sama-La Felguera. Ahora habría que añadir Llanera. Hablábamos de turismo, y me acusaban de querer convertir a los ganaderos en camareros. En Taramundi no creían en el proyecto.

- Aquello no salió mal...

-Ahora hemos salido de una crisis y hay una revolución tecnológica, acompañada por una creciente desigualdad en el mundo y el cambio climático. Es el momento de discutir sobre una visión de Asturias a veinte o treinta años, con políticos, Universidad y agentes sociales.

- ¿Qué Asturias le gustaría ver?

-Me gustaría una región equilibrada espacialmente, abierta al exterior y a los mercados internacionales y al mundo, con una economía de base exportadora, con una zona metropolitana potente y espacios rurales innovadores y reordenados. Y eso está muy lejos de que ocurra. Habría que crear una conciencia de ruptura. Asturias es una región pequeña y debe ser una economía de base exportadora si queremos crecer. El mercado regional no da para más, pongo el ejemplo de la sidra.

- Propone usted un modelo rupturista en una región con una especie de terror innato al cambio.

-Sí. En términos sociológicos, Asturias es una región conservadora. Tiene bastante que ver con la cultura del INI. El objetivo era entrar en Ensidesa o en Hunosa. Discutimos sobre bable sí o bable no, y no estamos viendo lo que está pasando en el mundo, que va muy rápido.

- ¿La educación sigue siendo el gran ascensor social?

-No lo sé. Yo defiendo una educación laica y de calidad. Este país no hizo el cambio en su momento. Admiro mucho a Francia, un Estado laico, central y jacobino. La calidad de la educación de un país es productividad a largo plazo, y tengo la duda de que sean los mejores los que forman a niños y jóvenes. La Universidad debería ser de élites, por razones de esfuerzo y capacidad, no económicas. Yo me fui en 1982 en excedencia y me prejubilé hace nueve años cuando vi el planteamiento del plan Bolonia. Me consideré analfabeto, ya sabía lo que venía. Es importante el aprendizaje de idiomas, empezando por el materno. Ahora dispersamos recursos con una especialidad en llingua, que servirá como mérito en las oposiciones a maestros. Detrás de todo eso está el miedo a la competencia. Ponemos barreras para no abrirnos a competir y seguir en la línea de mirar hacia adentro. Yo voy a seguir diciendo Asturias, aquí decimos fabas, nunca fabes. Otra cuestión es la de la toponimia y la señalización. Cuando hablo de una nueva Asturias hablo de ruptura con todo esto. Debemos mirar hacia afuera y salir a comernos el mundo, porque podemos. Hay empresas asturianas punteras, pero no son noticia. Aquí la noticia es el lío: la transición energética, el cierre de las minas...

- Los asturianos triunfan fuera. ¿Alguna explicación?

-Los asturianos triunfan fuera porque el contexto interior es adverso al riesgo y al emprendimiento. Vivimos en la cultura de la ironía, nos reímos de lo nuevo y además tenemos miedo al fracaso. En esa ruptura de la que yo hablo habrá cosas que salen bien y otras que salen mal.

- Vayamos con el minifundismo empresarial.

-Tenemos empresas punteras, por ejemplo en energías renovables, en instalación de parques marinos, pero de las 68.000 empresas activas solamente el 0,5 supera los diez trabajadores. Con esa estructura no llegamos. Estamos muy lejos del ejemplo vasco, que a pesar de lo que ha sufrido con el terrorismo se compara con los principales países europeos. Las disculpas son todas: primero no había la "Y", después el Huerna, luego el peaje, el AVE... Y el día que lo tengamos habrá otra cosa. Francisco Rodríguez, presidente de Reny Picot, vino de Madrid en 1960 con una idea en la cabeza al lugar peor comunicado de Asturias. Lo importante son las ideas. Eso se lo decía a Jesús Sáenz de Miera, fundador de Central Lechera, y se ponía de los nervios. El coste del transporte es un elemento muy bajo.

- El modelo territorial tampoco ayuda a crear una estructura empresarial fuerte.

-A la política no se puede ir a hacer amigos. En todo cambio hay perdedores y ganadores. Muchos ayuntamientos son inviables. A la vez, hay que descentralizar la Administración autonómica de Oviedo. Hemos tirado con pólvora de grandes inversiones que ya no volverán. Debemos cambiar la idea de región. Para eso hay que tener una visión de Asturias consensuada, un liderazgo y un compromiso por parte de agentes políticos y sociales.

- ¿Y ese cambio llegará con carbón o sin carbón?

-Me pregunto que si todos sabíamos que el carbón estaba en retroceso por qué en la ampliación de El Musel se diseñaron grandes espacios para almacenarlo. Siempre vamos en sentido contrario. Llevamos carbón a quemar y contaminar hasta León. Tenemos un excedente del 32 por ciento de energía producida. La producción regional de carbón es insuficiente, da para mantener una central y tenemos cinco térmicas. Asturias es tan pequeña que el mercado regional no da para nada. Una región tan pequeña debe pensar en una cultura exportadora y ahora no se va a hablar de eso. Ahora vamos otra vez a las manifestaciones. Javier Fernández lo ha hecho muy bien separando la prórroga en la producción de carbón de la transición energética con la limitación de las térmicas y los efectos colaterales de El Musel y del transporte. Vamos a gastar muchas energías, al final habrá cierres. No tiene sentido una central como la de Lada en medio de una población.

- A todo esto, el paraíso natural sigue esperando visitantes.

-No podemos jugar a vender un paraíso natural cuando tenemos una industria muy contaminante, sobre todo en la zona central. A ver si los grandes contaminadores van a ser los ganaderos con el estiércol?

- Llegamos a la globalización y al cambio tecnológico.

-El viento de la globalización y el cambio tecnológico es el más adverso de todos. La tecnología está haciendo que los puestos sean escasos y peor pagados. Esto solamente se resuelve con un plan regional de mejora de la productividad. La valoración urbana de lo rural es otra cuestión que me preocupa mucho. Cuando hace años se perdió un oso en Teverga, en los mismos días un carnero mató a una señora y nadie habló de ello. Yo ahí comulgo con Jaime Izquierdo.

- ¿El campesino sigue siendo la gran especie en extinción?

-Por supuesto. Estamos en una Asturias donde la principal especie en extinción es el campesino y no el oso. Hemos llenado el campo de legislación. Sales a la puerta de tu casa y ya estás cometiendo un delito.

- ¿Queda lugar para el optimismo?

-Formo parte de una generación que, como decía Javier Fernández en el homenaje al recordado Luis Martínez Noval, "más que de un lugar venimos de un tiempo, y el de aquella Asturias en la que nacimos era un tiempo hostil, que pasaba lento". Después se aceleró con la transición política, los cambios de los ochenta, incluida la entrada en la Unión Europea, y despertó nuevas esperanzas con la caída del Muro de Berlín en 1989. Ahora, después de diez años de crisis, nos pesan muchas cosas: la situación de Asturias, la de España y la de Europa. Parafraseando a Miguel de Unamuno: "Me duele Asturias", y la preocupación que de ello se deriva me lleva a hablar del problema de Asturias como una región conservadora, devorada por los localismos y que mira hacia adentro de sus fronteras sin preocuparse por lo que está pasando en el mundo, y que se caracteriza por la cultura de la resistencia numantina ante los cambios que la ponen en el sentido contrario de los signos de los tiempos.

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