Ventanas rotas, puertas y marcos de las casas reventadas y grietas en paredes. La lista de daños fue larga. Toda una avalancha de damnificados. Ante ese panorama el Ayuntamiento de Cangas del Narcea decidió abrir una oficina de Atención Ciudadana, en las dependencias de la Policía Local, para recoger las denuncias de los vecinos que habían sufrido daños materiales en sus casas tras la deflagración que sacudió la noche del sábado al domingo la villa canguesa durante la tirada nocturna de varias peñas de la pólvora. Desde primera hora había ya delante de la puerta de la Policía Local una larga cola de afectados que se mantuvo prácticamente durante todo el día. Al final, se contabilizaron 160 denuncias por daños. Una cifra que con toda probabilidad se incrementará durante los próximos días. La oficina se mantendrá abierta al público toda la semana.

"Nosotros somos auxiliares, estamos recogiendo las quejas de los vecinos para que puedan dar parte a su seguro, pero quien deberá hacerse cargo de todas las reclamaciones, cuando la Guardia Civil acabe las investigaciones, será la empresa aseguradora", explicó el alcalde cangués José Víctor Rodríguez. En esa lista de damnificados hay también un buen número de edificios municipales. El peor parado fue el inmueble que acoge a las piscinas climatizadas de la villa. Se da la circunstancia que esa construcción está dentro del perímetro del Prao del Molín y su exterior es acristalado, por lo que la explosión hizo que prácticamente todas las ventanas se hicieran añicos e incluso que las estructuras de los marcos de los ventanales cedieran. "Descartamos que haya daños estructurales, pero tardará mucho en abrir", anunció resignado el Alcalde.

En este recorrido, a unos metros de distancia de las piscinas se encuentra el colegio público Maestro Casanova, que fue una de las edificaciones que más preocupa al Ayuntamiento. "Salió alguna grieta en las paredes y hay un boquete considerable en el tejado", describió el regidor. El propio Consistorio sufrió algún desperfecto y también la capilla del Carmen, situada en el barrio de Ambasaguas, enfrente del Prao del Molín.

El edifico municipal que alberga las oficinas de la Sociedad de Artesanos, situado en pleno Prao del Molín, también sufrió unos daños considerables. "Tenemos paredes rajadas, rompió el ventanal, reventaron las puertas, volcaron los armarios, la pared frontal que nos separa del otro edificio cayó, se movieron las tejas del tejado. Hay un destrozo muy grande", describió el presidente de la Sociedad, Luis Martínez Tejón. La escena era dantesca.

Tampoco se libraron de los daños los comercios, bares, bancos o las casas particulares. Los más visibles eran las roturas de escaparates de numerosos locales del centro de la villa. Cuyos propietarios se afanaron en tapiar con maderas y lonas para evitar los hurtos.

Dentro de las casas, hubo numerosos daños en ventanas, persianas, puertas y en los peores de los casos destrozos en cocinas y de pequeños electrodomésticos como televisores. "Vivo en el Barrio Nuevo y me reventaron todas las ventanas, pero lo importante es que no hubo víctimas graves", destacaba el cangués Iván Pérez. A unas casas de distancia, Agustín Marcos hacía balance. Tenía roto el techo de escayola de la vivienda En la parte del Barrio Nuevo que se asoma al parque de los Nogales los destrozos fueron cuantiosos. En los bajos hay talleres y garajes cuyos portones y cristaleras se vieron afectados. Llegando incluso a arrancar alguno de ellos. La cristalera del balcón de uno de los pisos de la calle tuvo que ser asegurada con cinchas para evitar su caída. "Reventaron los cristales, tenemos hasta los marcos rotos, la cristalera a punto de caer y destrozos en los bajos", describe Rubén Álvarez, vecino de la zona.