"Decepción, ninguna". Isabel Pérez Espinosa habría seguido en la junta directiva nacional del PP si del congreso del pasado fin de semana hubiese salido una presidenta, pero Soraya Sáenz de Santamaría cedió ante los votos de Pablo Casado y la que fue candidata a presidir el Principado en 2011 pierde plaza en el máximo órgano del partido entre congresos. Pérez Espinosa acude a su propia experiencia para descartar la frustración y afirmar que "practico la lealtad al partido", que "tenía varios candidatos y ahora sólo tengo un presidente".

Es más, tiene uno cuyas evoluciones sobre el escenario del hotel Auditorium después de ser elegido "llegaron a emocionarme". Valora sobre todo el punto de su discurso en el que anunció la sutura con sus discrepantes rogando al auditorio que "no preguntéis a nadie a quién ha votado". Ganó para la causa a la exdiputada autonómica y exconcejala con esa oferta de unidad que pedía el grito de guerra del decimonoveno congreso popular y que agradó a alguien que piensa que "por encima de las siglas no hay personas". Todo esto, que puede ser leído en conexión con la parte del pasado en la que Pérez Espinosa asumió la candidatura del PP en Asturias en plena fractura por la salida hacia Foro de Francisco Álvarez-Cascos, la empuja a invitar a pensar sólo en el futuro inmediato, ese con una cadena de citas electorales en las que "ya no van a ser todos los candidatos del PP".

Cuando sí lo fueron, en el recién finalizado proceso de elección del presidente del partido, ella apostó abiertamente por María Dolores de Cospedal para la primera vuelta. No superó el corte y en esta segunda ronda estaba entre los nombres de la dirección si hubiese vencido Santamaría, pero no se ha dado el caso ni hay rencor por lo que puede parecer una derrota. "Ya está, ya ha finalizado el proceso y no podemos perder ni un minuto en nada que no sea atender a nuestra obligación de lealtad para con el partido y pensar en que tenemos por delante unas elecciones llenas de desafíos".