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Mal rollo en la pandilla del 15-M

La marcha de Emilio León como portavoz de Podemos deja incógnitas sobre la verdadera causa y hace aflorar las tensiones internas en el grupo parlamentario, que se intensificaron tras las últimas primarias

Dicen las malas lenguas que Emilio León y la diputada podemista Lucía Montejo no se hablan desde el año 2016. La cosa es grave: la nueva izquierda llamada a revolucionar las instituciones y a devolver la sonrisa ha terminado cayendo en el mal rollo de siempre. No solo en Asturias; lo hemos visto también en las batallas nacionales que han dejado fuera del proyecto de Pablo Iglesias a algunos nombres destacados. La cuchillada impía no es ajena a la nueva política, porque es consustancial al ser humano.

La salida de Emilio León como portavoz de Podemos en la Junta deja tras de sí un reguero de preguntas. Aquel muchacho de currículum brillante, licenciado en Físicas y que pretendía romper los moldes de la clase política, se va, dice, por motivos personales nada aclarados y con un runrún de desencuentros políticos que el partido se ha apresurado en desmentir y disimular.

Podemos es un artefacto complejo y hermético. Resulta muy difícil conocer las verdaderas razones por las que se producen los acontecimientos internos, que la formación política suele enmañar con una verborrea que generalmente supone humo para despistar.

Desde hace tiempo se escucha que los morados son conscientes de que los pronósticos electorales no son halagüeños, crece la desafección de los líderes asturianos con Pablo Iglesias y, ante la cita electoral de 2019, toca dejar claro quién es el propietario de la marca blanca que es Podemos y a la que se subieron grupos muy diversos de la izquierda asturiana. El círculo podemista ha permitido integrar bajo el mismo paraguas a corrientes asturianistas, comunistas, sindicales, antisistema y contestatarias bien heterogéneas, conformando un guiso que fue presentado con un sabor apetecible porque había hambre de cambio. Ahora, los ingredientes comienzan a notarse demasiado y en algunas cuestiones resultan hasta contrapuestos.

Sálvese quien pueda

"Los nuevos cachorros pasaron de compis que iban de cuchipanda a no mirarse en la cafetería de la Junta", me dice gráficamente un analista de la izquierda asturiana, buen conocedor de los entresijos que suceden en Podemos. "Cambiaron el lema de asaltar los cielos por el de sálvese quien pueda", añade.

Hay quienes creen que la marcha de Emilio León no es más que una de esas tácticas enrevesadas a las que acostumbra, para regresar a la escena en las primarias para elegir candidato, por aclamación y como mejor alternativa para la formación morada. Otros aseguran que se va a consecuencia de los vientos de mal rollo que soplan desde hace tiempo entre los parlamentarios podemistas, con situaciones que para algunos protagonistas rozan para algunos el acoso (por cierto que en algún otro partido el trato interno a sus trabajadores y asesores está bastante alejado del mínimo que el respeto y la educación exigen).

Ya hace tiempo intuíamos que la prueba de madurez de Podemos llegaría con la elección de las listas en 2019, cuando algunos deban asumir que han de irse y otros peleen hasta el final por el asiento. "Aquí se suman los que no saben ganar y los que no saben perder", me dice un podemista. Pues eso: la política de siempre.

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