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MIGUEL ÁNGEL ÁLVAREZ ARECES | Economista

"Ni aferrarnos a lo que ya no es, ni hacer una catástrofe social con la descarbonización"

"Pese a las desgracias y vicisitudes tristes y trágicas, no puedo sentirme maltratado por la vida, aunque me hubiera gustado ser feliz de otra manera"

Miguel Areces, en el paseo de Begoña de Gijón.

Miguel Areces, en el paseo de Begoña de Gijón. JUAN PLAZA

Miguel Ángel Álvarez Areces (Gijón, 1951) es economista, especialista en patrimonio industrial, director de la revista "Ábaco" y un jubilado muy activo que sigue estudiando sus temas favoritos, entre los que está la preocupación medioambiental.

Creció en el barrio La Arena, estudió en la Escuela de Comercio y desde la adolescencia tuvo inquietudes sociales. A los 18 años entró en el Partido Comunista, lo que le acabó llevando a Comisaría un par de veces, la segunda acabó en juicio por reparto de propaganda ilegal y denuncia a la Policía por malos tratos.

Hermano del senador Vicente Álvarez Areces (que fue alcalde de Gijón y presidente del Principado) está viudo y tiene una hija.

-Después de ser profesor mercantil se fue a estudiar Económicas en Santiago de Compostela.

-El primer año que estudié era soldado y tenía que pedir permiso para examinarme. Recuerdo profesores como Juan Muñoz, autor de "El poder económico en España", colaborador de "Triunfo" junto a García Delgado; Xosé Manuel Beiras, gran enseñante y persona, de lo mejor que tuve; Juan Ramón Quintás, que fue presidente de las Cajas de Ahorro; Francisco Bustelo, del PSOE. Por allí pasó Ernesto Laclau, ahora tan de moda [por su teoría sobre el populismo]. Cuando acabé la mili me instalé con mi novia, amigos y compañeros en los mejores años de mi vida desde el punto de vista personal.

-¿Por qué?

-Cumplía el sueño de estudiar, dejaba atrás la tensión del juicio y fueron los años de la Revolución de los Claveles en Portugal, cambios en Grecia, avances en España como la constitución de la Junta Democrática y la participación en ello. Y en la carrera de economista que, más que aprender, dejé de ignorar. Estábamos muchos días en huelga y teníamos que organizar actividades culturales. Cristalizaron intuiciones y sentía la felicidad de realizarme como persona haciendo cosas que contribuían a hacer felices a los demás. Acabé con 24 años, en 1976.

-¿Tuvo más problemas policiales? ¿Cómo los vivió?

-De manera nada angustiada. En Santiago nos detuvieron en un acto de salida a la superficie, con dirigentes de la Bazán en Ferrol. Nos reunimos 500 personas, la Policía acordonó y detuvo a 20. Me cayó una multa y me quitaron el pasaporte.

-Volvieron a Gijón y ¿cuándo se casaron?

-En 1979. María Jesús era profesora de la Escuela de Comercio y yo di clase en la Escuela de Graduados Sociales y entré a trabajar de economista en una fábrica de materiales hidráulicos de Roces. Cuatro años después empecé a preparar una oposición de interventor y salió una plaza de economista en el Ayuntamiento de Avilés y la saqué. Era alcalde Manuel Ponga, y concejales, Rivi y Laura González. Entré en Hunosa en la Semana Santa de 1983.

-¿Por qué quiso entrar en Hunosa?

-Parte de mi familia materna trabajaba en Hunosa, era una gran empresa y primaba mi deseo de desarrollarme profesionalmente. En aquellos años había trabajado en la economía del medio ambiente y energía, había estado en la coordinadora antinuclear del Estado español, que nos habíamos reunido en Cercedilla.

-¿Aún militaba en el PCE?

-No, lo dejé en 1980, en el congreso de Perlora. Entre la política y la profesión y me enfoqué hacia lo profesional.

-Estaba en el ecologismo.

-El medio ambiente me interesó desde principios de los 80, con amigos ingleses y de Madrid, llamados Amigos de la Tierra, con Pedro Costa Morata. Me introdujo en eso un compañero de la Escuela de Comercio y gente que luego fue muy conocida, como Fernando Martínez Salcedo, que fue director general de Medio Ambiente.

-Un ecologista en Hunosa.

-Ambientalista. "Ecologista" es una palabra muy seria con la que no me atrevo porque exige una coherencia de la que no me siento capaz.

-Era antinuclear.

-Sí, y eso me llevó a trabajar con Juan Tesoro en la redacción del Plan Energético Nacional en España 1984-1987, y a trabajar en comparaciones entre la energía nuclear y el carbón. En Hunosa fui jefe del servicio de comunicación y estudios.

-¿"Descarbonizaría" rápido o es mejor hacerlo despacito?

-Un término medio: sin aferrarnos a cosas que fueron y no deberían volver, pero sin provocar una catástrofe social. Esto afecta a la vida del ciudadano en el recibo de la luz y tenemos empresas electrointensivas. Los alemanes, de los que fuimos a rebufo en la política de subvenciones, están pidiendo un periodo de transición más largo y no lo necesitan tanto como nosotros. La adaptación de lo termoeléctrico a energías alternativas es inexorable y aquí se entiende como subvenciones para no se sabe qué. Lo que pasó en Asturias, pasó en toda Europa.

-¿Cuántos años necesita Asturias para descarbonizar?

-No me atrevo a decirlo. No estoy de acuerdo con que el 31 de diciembre sea un fin de ciclo.

- A partir de 1987 pasó a estar en Patrimonio dentro de Hunosa y siguió allí hasta que se jubiló. Defina hasta dónde llega ese concepto.

-El patrimonio industrial son las trazas del trabajo en el territorio: aquí minería, siderurgia, naval, campo...

- Valore la situación del patrimonio y de la arqueología industrial en Asturias.

-Está en un punto de inflexión, común a Cataluña y al País Vasco, en el que se pasa de conservar y preservar a gestionar. Se crearon museos, como albergue de cosas antiguas, que luego adolecen de falta de dinamización social. Aquí se ha hecho más que en otras partes también en la segunda fase de atender a necesidades sociales y cívicas, como hoteles de empresas, y ahora estamos en la fase de los productos turísticos, que hay que asociarlos con otras actividades y patrimonios para que los visitantes puedan estar dos o tres días en lugar de uno.

-¿Da para mucho más?

-Hay recorrido en la valorización en relación con otras industrias existentes y en la creación de otras novedosas. Conservarlo todo es no conservar nada. Falta seleccionar lo simbólico, histórico, cultural y práctico, que concentren dinero, eficiencia y eficacia. Aquí el patrimonio agroalimentario está disperso y no se asocia a estas cuestiones.

-Está jubilado desde 2003.

-Y trabajo más que antes y en cosas más diversas.

-Su mujer murió muy joven.

-Sí. En 1996, a los 42 años, después de una enfermedad larga. Nuestra hija tenía 10 años. Fui padre y madre. Antes trabajábamos los dos. Luego hice lo que tenía que hacer para salir adelante. Fueron años muy difíciles. La madre es insustituible, pero tuve apoyo de familia, de amigos y hasta del trabajo. Mi hija tiene 32 años, dos carreras y trabaja desde muy joven.

-¿Qué tal siente que le ha tratado la vida hasta ahora?

-En general, bien. Con todas las desgracias y vicisitudes tristes y trágicas, pero consciente de en qué mundo vivo. Tuve la suerte de nacer en una familia que me aportó un entorno favorable y hay millones que no pueden hacer eso. Simplificando, la vida son los libros que leemos, los cafés que compartimos, las personas que amamos y los viajes que hacemos. No puedo sentirme maltratado, aunque hubiese querido ser feliz de otra manera.

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