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MANUEL BURGUERAS | Pianista, imparte el IV Curso de Canto y Repertorio Vocal

"Hay dinero para llenar el bolsillo de los grandes nombres, pero eso no es cultura"

"El cantante es un ser frágil que lleva el instrumento a cuestas y al que todo le afecta, y ahí es donde debe estar el piano, para arropar y apoyar"

Manuel Burgueras, en el claustro alto del palacio del Conde de Toreno, sede del RIDEA.

Manuel Burgueras, en el claustro alto del palacio del Conde de Toreno, sede del RIDEA. MIKI LÓPEZ

- Casi cuarenta años acompañando al piano a grandes cantantes. ¿Eso es muy fácil o muy difícil?

-Empecé a los 18 años y al principio creía que un buen pianista acompañante era aquel que acompañaba bien, en sentido estricto. No es así. El buen pianista es el que conduce al cantante por el camino correcto, un director en la sombra. Y eso nunca es fácil.

Manuel Burgueras nació en Buenos Aires, de padres españoles, y es profesor en el Centro Superior Katarina Gurska, en Madrid. Estos días ha sido uno de los maestros que han impartido el IV Curso de Canto y Repertorio Vocal, que organiza La Castalia, en Oviedo, y hoy intervendrá en el concierto que pone punto final al curso (RIDEA, ocho de la tarde).

Discípulo de Juan Carlos Arabián, en 1988 llegó a España para quedarse. Especializado en música de cámara y acompañamiento, ha tocado en los auditorios más simbólicos del planeta, el Covent Garden, el Royal Festival Hall, el Carnegie Hall neoyorquino, la Ópera de Munich o el Bolshoi. De 1991 a 2014 fue el pianista acompañante en los recitales de Montserrat Caballé.

- Seguro que recuerda su primer concierto con ella.

-En el Festival de Mérida. Fue una sustitución de última hora y llegué sin red. Ella no tenía muchas ganas de hacer aquel recital, me llamaron, me tuvo esperando unas cuantas horas, hasta que al final llegó y me puse al piano.

- ¿A uno en esas situaciones le tiemblan las piernas?

-Nunca, no te puedes permitir ese lujo. Si el pianista no demuestra seguridad está perdido.

- A Caballé su forma de acompañar al piano le gustó: le fichó durante 23 años.

-En ese primer encuentro yo tocaba, ella cantaba... En el ensayo me hizo un par de comentarios y me preguntó qué edad tenía [había cumplido ya los 30 años]. Me dijo: es la misma edad que yo tenía cuando el tren pasó por mi vida. Al año siguiente actuamos en el teatro Campoamor.

- ¿El contacto artístico con una de las más grandes de la lírica es incómodo?

-Un grande lo es por algo, y hay ciertas cosas que son mucho más sencillas que con otros cantantes. A nivel técnico te ponen en bandeja el trabajo. Y después están todas las peculiaridades que acompañan a los divos. El cantante es un ser muy frágil, es alguien que lleva el instrumento a cuestas y todo le afecta. En el escenario es un ser desnudo. Y ahí tiene que estar el piano para arropar y a veces, porqué no decirlo, para disimular algunas cosas.

- ¿Qué tienen los números uno que no tengan otros muchos buenísimos cantantes?

-Calidad, singularidad y enorme capacidad de transmisión artística. Elevar la temperatura de la sala está al alcance de muy pocos.

- ¿Cuánto tarda, al piano, en conocer la calidad vocal del cantante que tiene al lado?

-En cuanto abre la boca. El momento mismo de inspirar y abordar la primera nota a mí ya me dice muchas cosas. De hecho, en pocos segundos dispongo de la mayor parte de la información.

- ¿Qué encuentra en Asturias?

-Estoy muy comprometido con La Castalia, un proyecto ilusionante que crece. Una vez al mes me hago un hueco para venir y hacer un seguimiento de la evolución de los jóvenes cantantes, que es algo fascinante. Aquí se hacen las cosas con subvenciones cero, pero con mucho entusiasmo y a puro pulmón.

- ¿Malos tiempos para la cultura?

-Todo lo que no sea mediático no es subvencionable. Hay dinero para llenar el bolsillo de los grandes nombres, pero eso no es hacer cultura. Cultura es formación, es fomentar las iniciativas no oficiales, es programar espacios públicos. Y eso falta. A veces tengo la sensación de que estamos metidos en una lucha estéril.

- Trabaja en un centro privado.

-Sí, soy profesor de Repertorio Vocal. Es una opción con más riesgos que ventajas, pero entre esas ventajas está el poder moverte con entera libertad.

- Hay un boom de pianistas acompañantes.

-Las redes permiten acceder mucho más fácil a las obras, pero se corre el riesgo de convertirse en pianista Youtube. Si fulano lo hace así, yo también lo hago así. Y se pierde el proceso, la oportunidad de trabajar una obra desde dentro, la búsqueda de la verdad que el compositor ha querido plasmar en la partitura, que siempre tiene una lectura subjetiva.

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