14 de septiembre de 2018
14.09.2018

Margarita Salas: "Severo Ochoa me enseñó el entusiasmo por investigar"

La bioquímica asturiana pone de ejemplo su trayectoria y las aplicaciones derivadas, en su investidura "honoris causa" por la Universidad Carlos III

14.09.2018 | 02:10
Margarita Salas, ayer, durante su intervención tras ser investida doctora "honoris causa".

La bioquímica asturiana Margarita Salas Falgueras defendió ayer la importancia de la investigación inicial y sus múltiples aplicaciones derivadas durante su investidura doctora "honoris causa" por la Universidad Carlos III de Madrid, que distinguió así "sus relevantes méritos académicos y profesionales".

Margarita Salas recibió de manos del Rector, Juan Romo, el birrete laureado, símbolo de magisterio; el anillo distinto del privilegio de sellas dictamines de consulta de ciencia y testimonio de dignidad; los guantes blancos, símbolo de pureza y distinción y el Libro de la Ciencia, que la máxima autoridad del centro universitario pidió que lo conservara "como símbolo de cuanto tenéis que aprender y enseñar, y recordatorio de rendir veneración a la doctrina de vuestros maestros". En este caso fue un ejemplar de "Don Quijote de la Mancha".

La investigadora asturiana fue apadrinada en el acto solemne por el profesor Juan José Vaquero, del departamento de Bioingeniería e Ingeniería Aeroespacial, impulsora de su candidatura, que recibió el apoyo unánime desde el primer momento de su presentación. En su laudatio, el profesor Vaquero hizo hincapié en las cualidades "excepcionales" de Margarita Salas: su rigor investigador, su dedicación y entusiasmo, y su estrategia innovadora al buscar nuevas líneas de investigación, "saliendo de la zona de confort" en una época muy difícil para las mujeres.

La nueva doctora "honoris causa" de la Universidad Carlos III centró la primera parte de su discurso en resumir cómo llegó a la biología molecular y sus vivencias científicas, en las que destacó el papel "fundamental" de su marido, el también bioquímico Eladio Viñuela, con el que compartió casi cuatro décadas de vida.

Margarita Salas relató la marcha de ambos, recién casados, a Estados Unidos, al Departamento de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, que dirigía el Premio Nobel, y también asturiano, Severo Ochoa, "que no sólo nos enseñó rigor experimental, sino también dedicación y entusiasmo por la investigación", afirmó la bioquímica.

El relato continuó con el regreso a España, para continuar con sus investigaciones, y con mención a los doctorandos con los que trabajó. A continuación, explicó el aspecto práctico, en qué se tradujeron aquellas investigaciones a las que dedicó tantos años. "De un trabajo básico se han derivado importantes aplicaciones biotecnológicas y estudios de replicación extrapolables a otros virus" (como la hepatitis B y C), afirmó en defensa del esfuerzo investigador y su importancia.

Margarita Salas tuvo menciones especiales para su compañero de investigaciones José María Lázaro, para María Ángeles Martínez, "que me ayuda y protege", para los maestros Alberto Sols y Severo Ochoa, para su familia, y para su esposo, "sin el que yo no estaría aquí".

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