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Faustino Blanco, gestor de alto impacto

El número dos de Carcedo, tuitero y motero, ha gobernado la Administración sanitaria sin dobleces, rozando la polémica por momentos, pero fiel a su estilo: transparente y proactivo

El exconsejero Faustino Blanco, actual secretario de Estado de Sanidad. JUAN PLAZA

Faustino Blanco asumía la cartera de Sanidad en Asturias un 28 de mayo de 2012. Al día siguiente de su toma de posesión, Martes de Campo, festivo en Oviedo, arrojaba una imagen de despachos vacíos en la Administración autonómica. En otro festivo local, el de San Mateo, seis años después, conocía su salto a la política nacional, como secretario general de Sanidad, al lado de la Ministra Carcedo, un cargo al que asciende después de tres años de feliz regreso a su plaza en el centro de salud de El Coto, en Gijón. Esos festivos locales que acompañaron sus transiciones en política no fueron más que una tensa calma. Su mandato poco o nada tuvo que ver con un mar tranquilo.

Desembarcó con una huelga médica a punto de estallar, en sus manos estuvo la puesta en marcha del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias -con casi mil camas y un coste próximo a los 500 millones de euros-, o el cese de unos 200 eventuales de este gran complejo sanitario pero también la puesta en marcha de un banco de esperma y ovocitos para pacientes oncológicos, la creación del Instituto de Investigación del Princpado con apoyo de la Fundación para la Investigación Biosanitaria (FINBA), el impulso del proyecto de ampliación del hospital de Cabueñes o la integración de los estudios de Medicina en el gran hospital de La Corredoria.

En el capítulo del debe sus compañeros le apuntaron la necesidad de haber concretado soluciones para acortar las listas de espera en la región, una convocatoria de empleo público, la revisión de la jornada laboral de los médicos o la regulación de la carrera profesional. Pero uno de los aspectos que más le pasó factura en su mandato tuvo que ver con el conflicto médico que mantuvo en jaque a la sanidad asturiana entre finales de 2012 y principios de 2013 por un huelga sin precedentes en el sector , que le sirvió también para ponderar la alta exigencia de sus colegas con sus condiciones laborales y los reproches de los sindicatos. Se le atribuyó falta de diálogo pero lo cierto es que Blanco, hombre de palabra certera y gesto serio, sin dobleces, es un tipo transparente y poco dado a parapetarse tras los cargos que ejerce. Temerario, para unos; peleón, para otros nunca se ha quedado parado y actúa sin temblarle la mano.

En su perfil más desconocido, se sabe que Tino Blanco -como le conocen sus compañeros- se le reclamó en 2014 pagar una indemnización de 10 euros por daños y perjuicios al diputado de Foro Albano Longo por haberle llamado "sinvergüenza" en un pleno en la Junta, demanda que nunca prosperó pese a los intentos de la formación forista, por sentencia nula. Cuando dejó el cargo -para algunos "maltratado" por el Gobierno de Javier Fernández- volvió a enfundarse la bata blanca en su Gijón natal y ha tenido en los últimos años un papel activo en las redes sociales. Su perfil en Twitter (@tinoblanc) ha perdido, sin embargo, actividad el último ejercicio. También es conocida su afición a las motocicletas.

En su faceta más personal, el exconsejero de Sanidad y el que fuera máximo responsable de Salud Pública en el ámbito regional, Julio Bruno, se convirtieron el año pasado en protagonistas involuntarios de una asamblea de los socialistas gijoneses, de cara a la elección de compromisarios para el congresillo regional, en el instituto Fernández Vallín. Ambos lograron reanimar y salvar la vida a un septuagenario que se desplomó en medio de la reunión. Gracias a la actuación de los dos médicos, el hombre pudo contarlo.

También en 2017 a Faustino Blanco le tocó volver a sede parlamentaria por la investigación sobre las listas de espera de la sanidad asturiana, una circunstancia en la que se culpaba al exconsejero de falta de transparencia. En concreto, el dictamen de la citada comisión de investigación responsabilizaba políticamente al exconsejero Blanco, y al entonces gerente del Servicio de Salud, Faustino Suárez, del parón informativo sobre listas de espera entre junio de 2014 y octubre de 2015, periodo en el que dejaron de publicarse.

De esa lucha también salió indemne y como en todas sus batallas, lejos de doblegarse ha vuelto para tratar de cumplir con la que ha sido su máxima durante todas sus etapas en la gestión sanitaria: lograr un sistema de calidad y mas equitativo. Y eso que a él le ha tocado hacerlo en lo más duro de la crisis.

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