09 de noviembre de 2018
09.11.2018

Nueve seminaristas asesinados en Asturias, reconocidos como mártires

La decisión del Papa Francisco abre la vía para la beatificación de estas víctimas del "odio a la fe" entre los años 1934 y 1937

09.11.2018 | 01:21

El Papa Francisco ha reconocido como mártires a los nueve seminaristas asturianos que fueron asesinados en Octubre del 34 y durante la Guerra Civil. La decisión, comunicada por el Santo Padre al cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, abre la vía para su beatificación, un proceso que había impulsado la diócesis de Oviedo tras haberse perdido en Roma la documentación relativa a los casos. La decisión del Papa, dada a conocer anteayer miércoles, establece que los nueve seminaristas fueron "asesinados por odio a la fe en el periodo comprendido entre 1934 y 1937".

El mayor de los seminaristas tenía 25 años, y el más joven, 18. El primero en morir fue Gonzalo Zurro Fanjul, avilesino de 21 años, el 7 de abril de 1934. Ese mismo día fueron fusilados el colungués de Lastres Ángel Cuartas Cristóbal, subdiácono que estaba en quinto de Teología; José María Fernández Martínez, lenense de 19 años, estudiante de primero de Teología; Juan José Castañón Fernández, el más joven, de 18 años, estudiante de tercero de Teología; el tapiego Jesús Prieto López, de 22 años, cuyos estudios los pagaba su párroco, que trabajaba en su casa en las vacaciones y catequizaba a los niños; y Mariano Suárez Fernández, entreguín de 23 años.

Entre los nuevos mártires se cuentan además otros tres seminaristas. El luanquín Sixto Alonso Hevia había concluido tercero de Teología cuando empezó la guerra civil. Apresado, fue movilizado y enviado al frente del puerto de Ventaniella, entre Ponga y León. Allí, con 21 años, fue degollado "mientras clamaba a Dios".

11 tiros

Manuel Olay Colunga, noreñense, subdiácono, fue muerto de un disparo a distancia en Villafría, sobre San Lázaro, en 22 de septiembre de 1936. Finalmente, Luis Prado García, se escondió durante la guerra con unos familiares de Avilés. Descubierto, fue llevado a Gijón, y el 4 de septiembre de 1936 le pegaron 11 tiros mientras gritaba: "¡Viva Cristo Rey!".

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