14 de noviembre de 2018
14.11.2018

Pinín, un neñu de 75 años, como de hoy

El personaje de Alfonso Iglesias, que debutó en LA NUEVA ESPAÑA el 14 de noviembre de 1943, alimentaba un gran afán de protagonismo

14.11.2018 | 02:00

Pinín fue ideado con un sentido de la inocencia que Alfonso (Navia, 1910; Oviedo, 1988) conservó toda su vida. Su hijo Alfonso Iglesias recordaba que jugaba con ellos como un niño imaginativo y delegaba las responsabilidades en su mujer, Tina. La escultora María Iglesias (Oviedo, 1979), que perdió a su abuelo con 8 años, recuerda que lo que tocaba "era mágico, siempre estaba inventando".

Pinín apareció por primera vez hace 75 años en el suplemento "Niños" que LA NUEVA ESPAÑA publicaba los domingos. Alfonso Iglesias López de Vivigo tenía 33 años y un hijo, el primero de tres. Un dibujo sencillo y geométrico, unos versos simpáticos y un personaje casi en blanco, que era sobrino de "Pinón y Telva", los aldeanos que triunfaban en sus chistes del periódico.

"Las aventuras iban saliendo cada semana. Yo no sabía que Pinín iba a dar la vuelta al mundo. Los detalles surgían a lo largo de la semana y los personajes se iban incorporando también. Pinín visitó todo lo que para mí era exótico: Egipto, Estados Unidos, el Polo Norte, la India, el Tíbet... países que nunca visité, ni siquiera luego, salvo a través del personaje".

Cuando el periodista Manolo Avello era estudiante cruzaba a LA NUEVA ESPAÑA para hacer los deberes. Era hijo de Manuel Fernández, periodista de la casa, tenía llaves y entraba a la redacción de la calle Asturias a repetir en alto la lección cuando no había gente: "Alfonso llegaba con un papel pequeño en el que estaban garabateadas las ideas de los versos, se ponía sobre el tablero con lápices y plumillas y lo dibujaba con enorme seguridad y velocidad".

Dibujar la entrega dominical, formada por dos tiras de seis viñetas, le llevaba hora y media.

El personaje fue "blanco" de intención, pero su libertad gamberra de los años 40, 50 y 60 del pasado siglo hoy resulta chocante: Pinín, mal estudiante, nunca pidió permiso para marchar de casa, cambiaba de novias en cada puerto (una china, una india y coqueteó con bailarinas), se burló de Gandhi y sus huelgas de hambre en la India, trató a los indígenas negros con actitud racista, fue torero (aunque acabó en una cárcel mexicana por negarse a matar un toro), fue detenido por estraperlista en la España hambrienta de 1945, falsificó una quiniela de 12 aciertos, combatió en Corea, se alistó en la Legión, se emborrachó en una cava existencialista parisina, se drogó como futbolista con "kañonina", fue boxeador, colaboró con Fidel Castro y se enfrentó a los "Black Panthers".

Su afán de notoriedad resulta muy contemporáneo. Desfiló más que el carnero de la Legión, como héroe deportivo, gaitero de éxito y autor de hazañas en la calle Uría de Oviedo y en la Quinta Avenida de Nueva York. Recibió el premio Nobel y se codeó con estrellas como Marilyn Monroe, Cruyff, Marco, Mafalda, Heidi, Vickie el vikingo y Daniel el travieso.

El mundo le respondió: protagonizó un desfile por la calle Uría de Oviedo a su regreso de la vuelta al mundo y varias apariciones comerciales por Asturias a bordo de su madreñogiro, se publicó también en "La Voz de Asturias" y en el suplemento infantil de "ABC", salió en chocolatinas, tuvo un cacao en polvo con su nombre (Caopinín), una revista ("El Pininista") y un largometraje con actores. De haber tenido un móvil actual se habría hecho selfies con famosos y habría alardeado en Instagram y Facebook.

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