29 de noviembre de 2018
29.11.2018

"La muerte blanca" se convierte en tesis

La nevadona de 1888, que causó decenas de muertos y derribó edificios en Asturias, protagoniza el estudio de la geógrafa Cristina García

29.11.2018 | 01:09
Cristina García, antes de presentar su tesis en la Facultad de Geografía.

La nevadona de 1888, la mayor que se recuerda en la Historia de Asturias, se convirtió ayer en tesis doctoral. El episodio, en realidad un periodo de más de dos meses, desde febrero a abril, fue una pesadilla para buena parte de la región, incluidos prácticamente todos los concejos del interior de la provincia, y en especial los colindantes con la Cordillera.

La tesis "Grandes nevadas y eventos asociados en Asturias: su impacto a lo largo de los siglos XIX y XX", fue defendida con éxito (sobresaliente cum laude) por la geógrafa Cristina García Hernández. Su estudio, codirigido por Fermín Rodríguez y Jesús Ruiz y leído en la sala de grados del Departamento de Geografía (campus del Milán), va mucho más allá de aquella invernada histórica de 1888 que, sin embargo, es la estrella de la tesis. Probablemente el mayor desastre natural que padeció Asturias junto a las grandes galernas periódicas que diezmaron el sector pesquero.

La nevadona se llevó por delante casi medio centenar de vidas humanas. La nieve, los aludes y avalanchas, y también el aislamiento producido, motivó la muerte de 20.000 animales domésticos, pero estamos ante unas cifras oficiales muy por debajo de lo que debió ser la realidad. Cristina García, que hace unos días recibió en Madrid de manos del ministro Pedro Duque el Premio Nacional Fin de Carrera 2014 en la rama de Artes y Humanidades, explicó que "en Cabrales, un concejo concreto donde hay datos pormenorizados, la nevadona mató unos nueve mil animales", lo que hace suponer que esas veinte mil reses "es una cifra mínima" que no responde a la magnitud de los hechos.

La nevadona fueron varias semanas de frío intenso, procedente del Norte y del noreste, con eventos de una crudeza extraordinaria, como las nevadas de la semana del 7 al 14 de marzo y, sin tiempo de recuperación, las de la semana del 21 al 28. Los datos de edificaciones afectadas tampoco responden a la realidad. "Se sabe que fueron más de un millar en toda Asturias, la mayor parte de ellas por espesores de nieve depositados en los tejados, pero sabemos que, por ejemplo, solo en Sotres 105 edificios se vinieron abajo". Conclusión: los daños fueron con toda seguridad mucho mayores, sobre todo teniendo en cuenta que hay concejos enteros, como Pesoz o Amieva, muy expuestos a la nevadona, de los que no tenemos ni un solo dato de daños.

El desastre fue grande y se acrecentó a medio plazo. Cristina García Hernández, investigadora de la Universidad de Oviedo y profesora de la UNED en Asturias, señala en su tesis doctoral que en los dos años siguientes a 1888 se constata un aumento significativo de la mortalidad en los municipios más afectados, con especial incidencia en la mortalidad femenina. El porqué sigue siendo un misterio. "No parece que hubiera habido un movimiento migratorio masculino" y cobra fuerza la teoría de que "la mortalidad femenina aumenta vinculada a desastres naturales porque se acentúan los patrones de discriminación". La desnutrición y, como consecuencia, las enfermedades asociadas a ella, tuvieron mucho que ver.

Parte de la tesis se sustenta en el estudio de las crónicas periodísticas de la época. La línea ferroviaria del Pajares se había inaugurado cuatro años antes y quedó, más que bloqueada, desaparecida durante semanas. En el puerto de Pajares se llegó a espesores de nieve de ocho metros, altura casi impensable hoy, pero en otros lugares de la región la nieve arreció con una fuerza histórica: seis metros de espesor en Bulnes, cinco en Sotres, y más de un metro en Campomanes y en zonas parecidas que están a menos de cuatrocientos metros de altitud. La mayoría de los daños se concentraron en las vertientes sur de las montañas, lugar habitual de ubicación de pueblos y aldeas. Cangas del Narcea, Lena, Caso, Somiedo y Cabrales fueron algunos de los municipios más afectados.

Las avalanchas de nieve documentadas entre 1800 y 2015 produjeron en Asturias 192 muertos. Lo que se vivió a finales de invierno y principios de la primavera de 1888 "fue un episodio extraordinario de nevadas desde muchos puntos de vista". La nevadona fue "recuperada" para el recuerdo en un reportaje publicado en LA NUEVA ESPAÑA en 1974 y firmado por Rebustiello. La tesis de Cristina García Hernández incluye 115 entrevistas a vecinos en las zonas donde la nieve hizo más estragos (trabajo de campo en 22 pueblos en total). Se trataba de indagar en el recuerdo y en la transmisión oral de padres a hijos. Más de la mitad de los encuestados "recuerdan" esa nevada, cuajada en la memoria colectiva de los pueblos de Asturias. "La muerte blanca", llamó la prensa a aquellos días de emergencia en los que las autoridades nacionales y regionales se vieron claramente desbordadas por los acontecimientos. Nadie pareció pedir responsabilidades. Hubo pueblos en los que sus vecinos se pasaron cuarenta días sin poder salir de sus casas.

¿Qué pasaría si Asturias viviera hoy algo parecido a aquellos meses de nieve a raudales? Para Cristina García Hernández "el peligro continúa. Si vuelve a haber otra nevadona así, nos pilla igualmente".

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