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Asturias busca sacar provecho industrial de los metales en aguas de minas abandonadas

El Principado participa en un proyecto europeo para reducir el impacto ambiental de los efluentes a través de una planta de depuración movible

La directora general de Prevención y Control Ambiental, Elena Marañón (tercera por la izquierda), junto a otros socios del proyecto en una visita reciente a Asturias.

La directora general de Prevención y Control Ambiental, Elena Marañón (tercera por la izquierda), junto a otros socios del proyecto en una visita reciente a Asturias.

Asturias participa en un proyecto europeo que pretende diseñar la primera base de datos de minas abandonadas con el objetivo de depurar sus efluentes. Los socios del programa, pertenecientes a las universidades de Vic y de Swansea (Reino Unido), a una empresa inglesa especializada en el tratamiento de aguas y al Centro de Estudios de Aguas Subterráneas de Dresden (Alemania), quieren aplicar en la región una miniplanta pionera para sacar provecho industrialmente de los materiales encontrados en las aguas superficiales de los yacimientos. La idea, por tanto, no es sólo reducir el impacto medioambiental de las minas, sino también darles una segunda vida: aprovechar, por ejemplo en el campo de la electrónica, "valiosos metales", explica la directora general de Prevención y Control Ambiental del Principado, Elena Marañón.

El Gobierno regional, que es la única administración pública en participar en este proyecto, llamado Life Demine, está estudiando la posibilidad de aplicar esta miniplanta de depuración, que se llevará también a algunos emplazamientos de Gales y Alemania. Antes, no obstante, se tendrá que recopilar información del estado de las aguas de todos los yacimientos abandonados. En Europa se calcula que hay unas 7.250. Para ello, técnicos de la consejería de Medio Ambiente han recogido muestras en tres momentos del año con distintas situaciones climatológicas en un total de doce yacimientos de diferente naturaleza: mercurio, wolframio, carbón, oro, hierro, caolín, magnesita, cobre, plomo, zinc, cobalto y fluorita.

Aunque en un principio se consideraron veinte, finalmente sólo se pudo acceder a doce minas: La Soterraña y Mañuñiz (Lena), Penouta (Boal), San José y El Terronal (Mieres), Salave y Porcía (Tapia), Boinás (Belmonte de Miranda), Rego de Llu (Vegadeo), Saliencia y Caunedo (Somiedo), Conchita (Belmonte de Miranda), Valderrodero (Salas), El Coriellu (Parres), Riodeporcos (Ibias), la Collada (Siero), San José, Carmina y La Excomulgada (San Martín de Oscos) y Los Picayos (Peñamellera Alta). Son muchas más las minas abandonadas que existen en Asturias, pero Medio Ambiente no puede cuantificarlas porque "la información está muy dispersa".

El Principado enviará en enero a los laboratorios de la Universidad de Swansea (Reino Unido) las muestras recogidas y realizará nuevos análisis con el fin de ampliar la base de datos europea. Con ellos, los investigadores realizarán ensayos a pequeña escala de tratamiento de aguas y aprovechamiento de los metales a través de procesos innovadores, "como la electrocoagulación y membranas", puntualiza Marañón. En mayo, la empresa británica Elentec Ltd., especializada en tecnologías de tratamiento de aguas, construirá una planta que aplicará estos tratamiento in situ en un futuro. Se trata de una infraestructura de pequeño tamaño, de unos seis metros por dos y movible. Esta iniciativa, cofinanciada por la UE a través de su programa medioambiental Life, cuenta con un presupuesto de 2.184.632 euros y durará cuatro años. Todos los socios se reunieron la pasada semana en Asturias.

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