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Dinero llama a dinero, aunque no siempre

Cinco administraciones y estancos con historial de premios traen la suerte a Asturias, y Mieres recibe el Gordo navideño por primera vez en la historia de este sorteo

Clientes ante la tienda El Xolot de Contrueces (Gijón).

Clientes ante la tienda El Xolot de Contrueces (Gijón). ÁNGEL GONZÁLEZ

Un tal Richard Wiseman, que antes era mago y ahora profesor de psicología en la Universidad de Hertfordshire, ha desarrollado al parecer una teoría según la cual la suerte llama a la suerte, una versión académica de ese dicho popular de que "dinero llama dinero". Según este buen hombre, tan solo se trata de estar atento para detectar las buenas oportunidades, seguir las intuiciones, crear nuestras propias profecías autocumplidas y perseguir nuestro empeño con toda fuerza de voluntad que se pueda reunir, esto es, la resiliencia, que convierte las derrotas en victorias. Casi nada. Cuando se entra en los derroteros de la suerte se pone en juego ese factor misterioso, inaprensible que es el azar, por el que todos suspiran y que solo a unos pocos toca con sus dedos. Porque, como todo el mundo sabe, hay más posibilidades de que a uno le caiga un rayo encima que le toque la lotería. Simples probabilidades.

Sin embargo, el sorteo del Gordo de este año ha demostrado, por una vez, que la suerte llama a la suerte. Y es que bastantes de los premios fueron repartidos por administraciones o estancos que ya en el pasado había sido tocados por la suerte. El caso más palmario es sin duda en el del estanco de la calle Jovellanos, 8, de Oviedo, al que ya han rebautizado como el "estanco de la suerte". Seis minutos antes del mediodía se conocía que el estanco de María Teresa Muñiz había vendido un quinto premio, 6.000 euretes que no están nada mal. Cuarenta y dos minutos después, el estanco volvía a ser el epicentro de la suerte después de que se cantase el Gordo: 03.347, un número de los feos, escasillo, aunque ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito. Tres décimos se vendieron en este estanco que presidente un ninot valenciano, lo que traducido en dinero contante y sonante equivale a 1,2 millones de euros. En el caso de este estando, llueve sobre mojado, porque el año pasado vendieron un cuarto premio, y el anterior, un tercero, un cuarto y un quinto. Pero lo verdaderamente fuerte fueron los cuatro millones del Gordo que repartieron en 2012. Lo dicho, hay veces que la suerte llama a la suerte.

Que se lo digan al gijonés Maxi Álvarez, de la tienda El Xolot de la carretera del Obispo, del barrio gijonés de Contrueces, uno de cuyos clientes recibió el pasado jueves 600.000 euros en el sorteo de la bonoloto. Se ve que este lotero gijonés no se quedó completamente satisfecho, porque ayer volvió a repartir suerte, un quinto premio de 6.000 euros, con menos ceros, pero igual de reconfortantes.

Hay quien se estrenó en esto de dar premios ayer, pero lo hizo a lo grande. Fueron los propietarios del kiosko de Juan, en la plaza Mario Gómez de Cangas del Narcea. A eso de las diez daban su primer gran premio, un quinto, el 29.031. Solo estaban calentando motores, porque una hora y tres cuartos después, recibían la noticia de que habían vendido un cuarto, un boleto del 67.774, premiado con 20.000 euros, de nuevo una cifra que no saca de pobre, pero permite encarar una temporada con una sonrisa.

Gijón, que es la ciudad asturiana en la que ha tocado más veces el Gordo, volvió a repartirlo ayer otra vez, y es la séptima. Fue en la administración de loterías del barrio de El Coto, en la calla Suárez Valdés. Tres décimos resultaron agraciados, lo que equivale a 1,2 millones. La suerte volvía a estos loteros con fuerza, porque desde hacía ocho años, cuando sellaron un Primitiva de 850.000 euros, no habían repartido un premio tan alto. También repartieron algún premio de 200.000 euros. Por tanto, el dicho de que dinero llama a dinero se cumple con creces en esta administración de loterías.

El estanco de Chiti Fernández, en la calle Salvador Allende del barrio de Roces, que ya selló en su día un gordo de la Primitiva y vendió un quinto del sorteo de Navidad, ayer se tuvo que conformar con un tercer premio, 50.000 euros que se llevó un imaginamos que satisfecho cliente. También en este estanco se cumplió la teoría de que la suerte llama a la suerte.

Pero toda teoría tiene su excepción. Hasta ahora, Mieres era una de las dos ciudades asturianas de cierta importancia (la otra es Pola de Siero) en la que no se había repartido el Gordo de Navidad. Ayer se rompió esta mala racha de decenios con el 03.347 que se compró un hombre que acababa de salir del hospital y que quería un número que coincidiese con la habitación en la que había estado ingresado, la 347. Se lo vendieron en la administración de loterías del centro comercial Caudalia, a la que la ciudad de Mieres debe el logro de haber reparado una injusticia histórica. Y los 400.000 euros harán muy feliz al afortunado expaciente. Ahora solo falta que el Gordo rompa la mala racha de Pola de Siero y se reparta aquí una lluvia de millones. Por tanto, resiliencia, la cuarta pata de la teoría de Wiseman, insistencia. Una virtud para pasar por esta vida con cara de afortunado, aunque no le toque a uno la lotería.

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