09 de enero de 2019
09.01.2019

La última lección del profesor Osorio

Antiguos alumnos y docentes despiden al científico entre lágrimas: "Tenía el despacho abierto siempre a todos"

09.01.2019 | 01:20
La esposa y los hijos del profesor fallecido, durante el funeral en la iglesia de los Dominicos.

El profesor Miguel Ángel Ramos Osorio ofreció ayer su última lección, una lección de humanidad. Y es que quienes le conocieron a lo largo de décadas de docencia quisieron devolverle lo mucho que recibieron de él en forma de cariño a su mujer y sus hijos y palabras que no suelen escucharse cuando desaparece un profesor universitario. "Lo siento sobre todo por los alumnos que no le conocerán", aseguró, con el habla entrecortada y dejando correr las lágrimas, José María Alameda, catedrático de Física de la Universidad de Oviedo. No fue el único en mostrar una tristeza sin ambages durante el funeral celebrado en la iglesia de los Dominicos de Oviedo. Antiguos alumnos, como el político Emilio León, también mostraron sus lágrimas. "Es lo mejor que puede esperar un profesor, el cariño y la admiración de sus alumnos", resumió el rector de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda.

La muerte del profesor Osorio cayó como una losa en el ámbito universitario asturiano, al que llegó en el año 1993. Se había tenido que apartar de la docencia debido a una larga enfermedad. Como aseguró en la homilía fray José Antonio Rodríguez Gutiérrez, el profesor se fue al amanecer del día de Reyes. Su familia ha tratado de sobreponerse al dolor aferrándose "a todo lo positivo" que aportó este hombre a lo largo de una vida que se antoja demasiado corta.

"Me es muy difícil hablar de Miguel Ángel. Era el profesor más extraordinario que he conocido nunca. Como científico, baste decir que estuvo en la Universidad de Harvard. Investigó los asuntos más punteros, que explican el origen del universo y cómo funciona todo. Como profesor, destacaría su capacidad de conectar con los alumnos. No solo tenía los conocimientos, los sabía explicar y sabía llegar. Era un profesor único", añadió José María Alameda.

Aurelio Hierro, uno de sus alumnos lo definió de una forma muy asturiana: "Era muy buen paisano". Según este físico, "preparaba las clases a conciencia y siempre tenía el despacho abierto para todos". Allí se le podían consultar "cuestiones sobre la asignatura, sobre la vida, sobre inquietudes científicas".

Al final del funeral, el rector le recordaba como "una persona discreta, un gran científico y un gran valor para la Universidad de Oviedo". "Cuando hacíamos la despedida de las promociones de Física y Matemáticas, los alumnos siempre tenían grandes palabras para él", añadió Santiago García.

Las cenizas -o más propiamente, como fray José Antonio Rodríguez remarcó, "su ADN, sus huesos triturados, el resumen básico, el andamio del cuerpo"- de Miguel Ángel Ramos Osorio reposan ya en el columbario de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, donde fueron depositadas una vez finalizado el oficio y podrá recordarse al gran profesor.

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