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Areces, presidente por una maniobra de Villa para frenarlo

El líder minero, antagonista del gijonés, promovió su candidatura en pleno ascenso del PP y cuando no se atisbaba la fractura popular

Villa (a la izquierda) y Areces, en Rodiezmo, en 2002.

Villa (a la izquierda) y Areces, en Rodiezmo, en 2002. L. MURIAS

Vicente Álvarez Areces, el presidente asturiano que más años estuvo en el poder (su mandato se prolongó durante un tercio del periodo autonómico), llegó al cargo en mayo de 1999 tras una operación política maquiavélica que estuvo concebida en origen para que fracasase o, cuando menos, para mitigar su éxito.

Álvarez Areces era entonces, tras doce años como alcalde de Gijón, el líder natural de la facción "renovadora" del socialismo asturiano, asentada de modo predominante en los territorios siderúrgicos del litoral, y el principal opositor al bastión "guerrista" que, con fundamento en las cuencas mineras del interior, y bajo el control omnímodo del secretario general del sindicato minero SOMA-UGT, José Ángel Fernández Villa, dominaba dos tercios del partido y de los órganos de poder de la Federación Socialista Asturiana (FSA-PSOE).

Los intentos sucesivos de "Tini" Álvarez Areces para dar el salto de la política local a la autonómica (y, en su defecto, a la nacional en las listas al Congreso) habían sido bloqueados uno tras otro por el sector oficial del partido bajo las directrices dominantes del SOMA. La aparición de la llamada "tercera vía", con origen en el Oriente de la región y el apoyo de UGT y pequeños municipios, y que fue un desdoblamiento de las filas antivillistas en dos sensibilidades diferenciadas, no modificó la correlación de fuerzas en el seno del socialismo regional.

Los dos grandes bloques protagonizaron una coexistencia difícil y extremadamente tensa, y en ocasiones muy crispada, aunque esto (y a diferencia de lo ocurrido por dos veces en el PP asturiano, con sus cismas de 1998 y 2011) jamás amenazó la estabilidad y la cohesión orgánica e institucional del PSOE regional.

A principios de los años 90 persistía la hegemonía "guerrista", que laminaba -a juicio de sus opositores internos- la discrepancia y, con ella, las aspiraciones de los sectores antagónicos, en cuyas filas anidaba la decepción y la frustración crecientes por más que, a juzgar por el entusiasmo y voluntarismo naturales de Álvarez Areces y de otros correligionarios igual de tenaces, pareciera que nada de ello hacía mella en su perseverancia.

El giro radical se produjo en 1996, cuando en una de sus operaciones más taimadas, calculadas y milimetradas de cuantas perpetró Fernández Villa entre 1979 y 2013, el secretario general del SOMA y principal dirigente fáctico en la FSA, dio un quiebro y descolocó a todos los actores políticos, sociales y económicos abrazando a su eterno enemigo y ungiéndolo como posible candidato electoral a la presidencia del Principado.

Se dijo que el armisticio entre los dos colosos del socialismo asturiano de entonces se había producido en una fecha imprecisa de la primavera de 1996 en una cita en el Alto de la Madera, pero ésta fue probablemente más una metáfora geográfica muy expresiva de la linde neutral (tierra de nadie) entre los territorios políticos de ambos que una localización exacta de un encuentro del que no hubo constancia precisa ni gráfica.

Lo que se pactó entonces fue una aparente reconciliación instrumental, más funcional y pragmática que real. La oficialización la hicieron pública el 12 de mayo de 1996 cuando los dos adversarios comparecieron en público dándose la mano en la Casa del Pueblo de Mieres y de nuevo el 11 de octubre siguiente en Gijón con sendos abrazos y saludos muy afectuosos en una exposición del 85.º aniversario del SOMA. Fue entonces cuando Villa descolocó definitivamente a su "parroquia" y a la del contrario al proclamar: "Llevo 20 años viniendo a Gijón y coincidiendo en muchas ocasiones con mi querido amigo Tini".

El PP había ganado las elecciones autonómicas asturianas por vez primera un año antes, el 18 de mayo de 1995, y el desencuentro entre PSOE e IU, que sumaban mayoría en la cámara, permitió al popular Sergio Marqués presidir el primer Gobierno de la derecha en la región. Menos de un año después, el 3 de marzo de 1996, el PP nacional, liderado por José María Aznar, había logrado imponerse -también por vez primera- en unas elecciones generales y hacerse con el poder ejecutivo. Todas las encuestas e indicadores apuntaban a que España y el Principado habían entrado en un ciclo político favorable para el PP.

En ese contexto de debilidad del PSOE y fortaleza ascendente del PP se insertó el movimiento táctico de Villa accediendo a las demandas de los renovadores y ofreciendo la cabeza de lista a Areces. Hasta entonces habían sido Villa y el aparato orgánico los que habían vetado a Tini, y esto, lejos de depauperar su proyección pública, había contribuido a todo lo contrario, fortaleciendo su perfil electoral, aupado además en su reconocida gestión municipal y sus sucesivos triunfos electorales en Gijón.

El movimiento de Villa pretendía una "ejecución" limpia: que el electorado, que se estaba deslizando hacia el centro derecha, se encargase esta vez de frenar las ínfulas de los renovadores y, en su caso, de perpetrarles un correctivo con un resultado insatisfactorio o, en el mejor de los casos, discreto.

El rendimiento esperado por Villa era en realidad triple porque, además de imputar en tal supuesto el incumplimiento de los objetivos electorales al candidato "renovador" y de eximir de responsabilidad a la dirección política de la que él era rector en la sombra, al sacar a Areces a bailar cuando la música peor sonaba para el PSOE lograba dos objetivos adicionales: beneficiarse del tirón electoral personal del candidato (el perfil de Areces aportaba un "plus" a la propuesta socialista, según creencia generalizada) para neutralizar un eventual mayor desgaste electoral de los socialistas en 1999 (que, en tal supuesto, se le hubiese imputado a la corriente dominante que lideraba Villa) y evitar a su vez que un PP crecido arrollara en los comicios de 1999 con una mayoría absoluta en Asturias que neutralizara parte de los resortes de poder del SOMA.

La opción de Villa fue también muy cauta, una vez que en enero de 1996 -y hasta donde se sabe, por primera vez- la dirección federal del PSOE había vetado y modificado la candidatura al Congreso por Asturias diseñada por el guerrismo de la FSA. Fuese o no casual, el acercamiento a Tini supuso también un indicio más de la enorme perspicacia y olfato del dirigente minero: el 24 de abril de 1998 el PSOE federal empezó a practicar las elecciones primarias para proclamar candidatos a los comicios. Abrazándose en público con Tini a partir de 1996, Villa (experto en presentar como victorias propias los reveses más adversos) volvió a evidenciar capacidad anticipatoria: en unas primarias, Tini arrollaba, pero Villa no perdía porque lo había convertido en su candidato.

El pacto de Villa y Tini causó erosiones en un primer momento entre arecistas y tercera vía, y gran desconcierto en la sede de la FSA. En el aparato del partido y en su sector oficial se mantuvo durante meses que el candidato siempre se había decidido poco antes de las elecciones, y no con tres años de anticipación, y que no se podía dar por segura la opción de Areces. Pero Areces no hizo más que avanzar como un tuneladora.

Con lo que no contó Villa fue con el desastre de la guerra intestina en el PP regional, con un enfrentamiento brutal y despiadado a partir de febrero de 1998 entre el secretario general nacional del PP, Francisco Álvarez-Cascos, y la dirección regional del partido, por un lado, y el presidente del Principado, Sergio Marqués, por otro.

La quiebra inesperada del PP, en medio de insultos y descalificaciones, dejaba expedita la vía para un atronador triunfo de Areces, y esto alarmó a Fernández Villa. En aquellos meses, el dirigente minero se encaró con un periodista para recriminarle que publicase informaciones sobre la batalla campal en el PP, convencido de que la difusión de los hechos daba pábulo a la profundización de la crisis política que vivían los populares y que esto disparaba las opciones electorales de Areces mucho más allá de lo que él había calculado. Nadie osó en el PSOE competir con Areces en las primarias y la lista que encabezó obtuvo el 13 de junio de 1999 una holgada mayoría absoluta, tal y como temió Villa: logró 24 de los 45 escaños. Fue el primero de tres mandatos sucesivos.

Los desencuentros entre villistas y arecistas emergieron pronto porque la reconciliación había sido coyuntural. Ambos tenían sus propios proyectos y era muy difícil la convivencia de dos gallos en el mismo corral. La batalla por Cajastur, con la derrota del Gobierno a manos de su grupo parlamentario en julio de 2000, fue el primer gran desencuentro. La divergencia no cesó aunque el triunfo de Villa en el 28.º congreso de la FSA, en noviembre de ese año, marcó el punto de inflexión. La elección como secretario general del candidato de Villa, Javier Fernández ("El problema no es Javier, sino quien lo apoya", dijo Areces en privado la víspera), dio paso a la distensión. El partido ya no siguió a Villa en sus enfrentamientos y críticas al ejecutivo. El 6 de septiembre de 2003, cuando Villa fue proclamado Langreano de Honor, estuvo arropado sólo por la alta dirección regional del PP y con la ausencia total de la FSA. Villa entregó un ramo de flores a Mercedes Fernández, del PP.

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