Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Una lucha personal: por eso se inunda el Hospital de Arriondas

La mala relación entre un dirigente autonómico y los dueños de otro terreno ofrecido por Parres motivó que el centro se construyera en su actual emplazamiento, en Castañera

Un paciente del Hospital de Arriondas, evacuado por el riesgo de inundación el pasado 24 de enero.

Un paciente del Hospital de Arriondas, evacuado por el riesgo de inundación el pasado 24 de enero. Irma Collín

Un enfrentamiento personal jugó un papel determinante en la elección de terrenos inundables como sede del Hospital del Oriente de Asturias Francisco Grande Covián (HOA), que tuvo que ser desalojado hace unos días por temor a que se desbordara el río Piloña, junto al que se construyó hace algo más de 30 años. Los "malos quereres" entre un dirigente autonómico y un familiar del propietario de una de las otras dos fincas que ofreció el Ayuntamiento de Parres a la Consejería de Sanidad resultaron fundamentales para rechazarla y condenaron al centro asistencial a ser levantado junto al río, en unos terrenos de Castañera sobre los que la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (entonces del Norte) había emitido un informe alertando sobre su "inundabilidad". Todo el mundo en Arriondas lo sabía: el agua los anegaba con frecuencia.

Cuando en los primeros años ochenta el Principado planteó la construcción de un hospital en la comarca oriental surgieron varias "novias": Llanes, Cangas de Onís, Ribadesella y Parres. Este último ayuntamiento se apresuró a buscar suelo y ofreció tres terrenos diferentes como posibles sedes del centro sanitario (la idea era construir un policlínico con vistas a su futura conversión en hospital).

El primer terreno era una finca con casona abandonada, Villa Encarnación, conocida popularmente como "La Gotera", situada en la salida de Arriondas hacia Oviedo por la antigua N-634 (hoy travesía de la villa). Había sido construida en los primeros años del siglo XX por un empresario que, tal y como reveló en un artículo el cronista oficial de Parres, Francisco José Rozada, tenía en Sevilla un próspero negocio importación y exportación de curtidos, cueros y pieles. Toda la familia, republicana, marchó al exilio a Argentina tras estallar la Guerra Civil y la casona fue habilitada primero como hospital militar y luego ocupada por un batallón de trabajadores, para después quedar abandonada. Esta opción fue desechada por el Gobierno del Principado porque la finca estaba afectada por un lado por la carretera nacional y por otro por la línea de ferrocarril, lo que dejaba muy poco espacio para el centro sanitario.

El segundo terreno que ofreció Parres fue una finca situada en la zona de Santianes, detrás de lo que hoy es el campo de fútbol del Arenas del Sella, entre este y la variante de Arriondas. Los dirigentes municipales de la época hablaron con la propiedad, la familia Castañón, y ofrecieron la firma de un convenio urbanístico: los terrenos para el hospital a cambio de un aumento de la edificabilidad con vistas a la construcción de una urbanización. Hubo acuerdo, pero faltaba el "sí" de la Comisión de Urbanismo de Asturias, que nunca llegó porque antes se emitió un informe negativo. El terreno fue desechado por el Principado, oficialmente, porque no era adecuado para un centro sanitario. Pero había algo más: un destacado dirigente autonómico de la época tenía mala relación con un familiar de los Castañón. Ya sin prebendas urbanísticas, en aquella zona se construiría años más tarde una urbanización.

Solo quedaba la tercera opción, los terrenos inundables de Castañera. Estaba el informe de la Confederación, pero entonces no era vinculante (estos informes no lo fueron hasta 2013, y con el rechazo mayoritario de los concejos). Los ayuntamientos podían entonces recalificar los terrenos inundables y permitir la construcción de edificios en ellos. Así se hizo: el terreno fue adquirido en 1985 por el Ayuntamiento de Parres a tres vecinos de Arriondas por 28 millones de pesetas (unos 168.000 euros), fue recalificado y cedido al Principado, que construyó el policlínico. Costó 170 millones de pesetas (algo más de un millón de euros) y se inauguró en mayo de 1987. Aún tardaría diez años en convertirse en hospital. En el año 2010 los pacientes del HOA tuvieron que ser rescatados en lanchas tras desbordarse el Piloña e inundarlo. Se perdieron cientos de expedientes médicos. Las autoridades autonómicas prometieron entonces la construcción de una escollera para proteger el edificio de las crecidas del río. Una promesa que se repitió en varias ocasiones. Nada se ha hecho hasta ahora. Hace unos días, tras el desalojo del hospital por temor a una nueva inundación, las autoridades repetían de nuevo esa misma promesa.

Compartir el artículo

stats