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HUGO GUTIÉRREZ DE TERÁN | Profesor en la Universidad de Upsala (Suecia) y vicepresidente de la Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Extranjero (Raicex)

"En las aulas tiene que hablarse inglés si queremos atraer a investigadores de fuera"

"España está invirtiendo en ciencia, pero no en ciencia en su país; a largo plazo está regalando dinero a otras naciones, y eso no es rentable"

Hugo Gutiérrez de Terán, en Oviedo. FERNANDO RODRÍGUEZ

"A los 18 años me fui de Asturias y, desde entonces, sólo volví de vacaciones". Hugo Gutiérrez de Terán Castañón tiene ahora 42. Es uno de tantos talentos fugados: investiga y da clases en la Universidad de Upsala, en Suecia. Desde el extranjero lucha por un plan de retorno para miles de jóvenes que sueñan con hacer ciencia "en casa". Preside la Asociación de Científicos Españoles en Suecia (ACES) -"de la que es socio de honor Carlos López Otín"- y en julio de 2018 participó en la fundación de la Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Extranjero (Raicex), de la cual es vicepresidente. Gutiérrez de Terán (Oviedo, agosto de 1976) es farmacéutico y, antes de emigrar, desarrolló su carrera investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela, donde montó su propio laboratorio. Estudia, muy resumido, "la familia de proteínas que son diana del 30% de los medicamentos que hay en el mercado". Acaba de crear, junto a otro investigador de Upsala, una empresa: "Poder tener una rama química en Asturias sería muy bonito".

- ¿Qué balance hacen en Raicex de este primer año?

-Muy positivo, fue un despegue impresionante. Hasta entonces, estábamos las quince asociaciones de científicos en el extranjero -ahora ya somos dieciséis- independientes. Ahora tenemos más facilidad para comunicarnos no sólo entre nosotros sino también con el Gobierno, agencias estatales y otras organizaciones. Tenemos un único interlocutor, que es la red, porque al final nuestros objetivos son comunes. Hemos estado incluso reunidos con el Ministerio de Ciencia para el plan del retorno. Yo creo que una asociación sola no lo hubiera conseguido.

- ¿A cuántos científicos representan?

-Somos unos 3.500, distribuidos por dieciséis asociaciones. La última en incorporarse ha sido Holanda hace un par de semanas. El perfil es de lo más variado: desde estudiantes de doctorado hasta catedráticos de universidad, desde gente que lleva sólo dos años en el extranjero hasta 20.

- ¿Qué es lo que hacen desde estas asociaciones?

-Le puedo contar el caso de la de Suecia, que es la asociación que yo presido. Uno de los objetivos es favorecer la internacionalización de la ciencia entre los dos países. Recibimos a los investigadores españoles que llegan a donde residimos y desde allí tratamos de influir en la política de I+D en España. En realidad, no sólo en política, sino también en la sociedad. Hay que hacer el esfuerzo de transmitir a la sociedad lo que hacemos, porque es ella la que nos está financiando y la que va a recibir los frutos de nuestra investigación. Esto de por sí ya es una motivación importante. A ello hay que sumar que cuando eres un investigador en un país extranjero viene muy bien tener un grupo de tu profesión y de tu nacionalidad para resolver dudas y buscar información.

- ¿Cómo se ve la situación de la ciencia española desde fuera? ¿Qué sentimiento les genera?

-Frustración. Porque se puede hacer muchísimo, hay un valor humano impresionante. Estamos trabajando en ello, pero lo primero que tiene que haber es una masa crítica y una financiación mínima. Lo que vemos es que en España se hace investigación muy buena en pocos sitios. Hay un montón de investigadores con una formación muy buena que aquí no tienen futuro. Nuestro país está invirtiendo dinero en investigación -menos del que deberíamos, ronda el 1% del PIB-, pero mientras que esa inversión no sea a largo plazo y no esté destinada a conseguir esa masa crítica, se está convirtiendo en pérdida para el estado español. Porque los investigadores que están formando están desapareciendo, pero no del mapa, se los están llevando otros países. España está invirtiendo en ciencia, pero no ciencia en su país, a largo plazo está dándole dinero a otros países. Si esto lo planteas en términos de empresa, no sería rentable. Yo si echo cuentas de todo lo que el Estado ha invertido en mí para al final acabar en Suecia, me da un poco de pena; es mucho dinero.

- Han elaborado un decálogo para el retorno del talento fugado, que han presentado al equipo de Pedro Duque. ¿Podría resumirlo?

-Para aterrizar de nuevo tiene que haber un aeropuerto. Es decir, tiene que ser un país y unos centros de investigación apetecibles. Tienes que tener un sistema fuerte, que no sólo le ofrezca un contrato al investigador sino la oportunidad de optar a fondos para su proyecto. La estabilidad también tiene que contemplar la igualdad de género y la conciliación familiar al nivel en el que están en los países en los que nos encontramos. Para que España sea atractiva, tanto para nosotros como para otros investigadores extranjeros -porque queremos que venga gente de otros países-, hay que internacionalizarse más y hay que darse cuenta de que la ciencia se habla en inglés. Por tanto, esta lengua tiene que estar en las convocatorias de plazas y la burocratización debe hacerse no de acuerdo al sistema rígido español, del cual se beneficia el que está aquí porque lo conoce, sino al investigador que está fuera y que tiene esos méritos. También tiene que haber programas de mentorazgo. Y, ya por último, un pacto de Estado por la ciencia. Si se diesen estas condiciones, España sería muy atractiva y Asturias podría serlo tanto o más como otras regiones. Tenemos grupos de investigación muy buenos en la Universidad de Oviedo y podríamos tener más.

- ¿Se ha producido alguna evolución en los últimos meses?

-Sí, se han dado pasos. Por ejemplo, la convocatoria de plazas en medios internacionales. Se está trabajando en ello y también para hacer programas de mentorazgo o de transición entre la investigación pública y la empresa privada.

- ¿Y en financiación?

-Lamentablemente, no. Otra cosa que pedimos es que las convocatorias tienen que hacerse todos los años, con una cantidad igual o superior a la del año anterior. No puede suceder como hasta ahora, que el presupuesto de un año no se ejecuta y se pasa al ejercicio siguiente.

- Sólo el 1,2% de los profesores de la Universidad de Oviedo son extranjeros. El Rectorado lo atribuye fundamentalmente a los bajos sueldos y a la alta burocratización.

-Influye, como decía, que el sistema de investigación no es tan sólido como debería ser para atraer a extranjeros de nivel. Influye también que en las aulas no se habla inglés y el científico también es docente. En otras comunidades españolas se está haciendo así y la tasa de investigadores extranjeros es mucho más alta. Me voy al programa Ikerbasque o Icrea del País Vasco, o de Cataluña. En esta última comunidad la convalidación de los títulos es mucho más sencilla que la que exige la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación). Ésas son herramientas con las que se pueden jugar, si no a nivel estatal, a nivel autonómico.

- ¿Cree que hay que potenciar las clases en inglés en la universidad asturiana?

-Sí, porque aunque el investigador extranjero hable español más o menos decente, querrá dar las clases en inglés porque es como se siente más cómodo. Es como lo hago yo en Suecia. Y los alumnos, además, se enriquecen con ello. No tienen que ser todas las clases en inglés, pero tampoco tienen que ser todas las clases en castellano.

- ¿Cómo ven los investigadores extranjeros a España?

-Reconocen que hay unos centros de investigación y unos laboratorios de referencia. Y aquí en Oviedo tenemos uno, el de López Otín. Los españoles somos muy cotizados en el extranjero. Tenemos una formación muy buena. Nos ven, por tanto, como unos muy buenos investigadores y no se explican por qué en España no se hace más investigación de calidad.

- ¿Muy bien formados en qué sentido?

-Tanto a nivel teórico como práctico. El "España olé" y el sol saben que funciona de vacaciones, pero también se dan cuenta de que aquí la gente trabaja mucho y bien. Yo recibo estudiantes de universidades españolas que vienen con un nivel muy alto. No tienen nada que envidiarles a los estudiantes de la institución en la que yo trabajo en Suecia.

- ¿Qué mensaje lanzaría a los jóvenes que hoy se están formando y son pesimistas en cuanto a su futuro laboral?

-Está claro que quien hace una investigación más aplicada a las ingenierías tiene más posibilidades en la empresa privada que el quien hace las carreras de ciencias más básicas. Pero yo lo les diría: si crees que puedes hacer algo en este campo, tira para delante, el trabajo ya vendrá de una forma o de otra. Si no es en tu región, en tu país, podrá ser en otro sitio. Y en cuatro o cinco años, que es lo que dura una carrera, las cosas cambian. España ha pegado saltos más gordos en cinco años. Así que quien empiece un grado desanimado podría encontrarse con otro panorama diferente cuando acabe.

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